Noche tras noche buscas un milagro, pero sólo encuentras el silencio más profundo. Tu respiración es la rapsodia que es retransmitida hasta tus aletargados oídos. Sientes que dentro de poco llegará la hora, que los ángeles de la muerte asechan. Colocas tus manos en tus oídos y gritas a todo pulmón. Estás cansado, quieres que la vida se acabe pero tienes miedo a dar el primer paso. Bailas en una danza de contradicciones. No quieres quedar como un cobarde, pero desprecias cada segundo de tu existencia quejándote. Vas a sentir el calor de tu sangre correr por tus muñecas, pero eso no solucionará nada y sólo será la muestra que tienes miedo. Si quieres matarte lo harías desde un décimo piso, si bien sé que llamas la atención de todos porque nadie te abraza.
Si me dejarás, si no te apartaras como si fuera a golpearte, te abrazaría. Haría que sintieras mis abrazos y en tus oídos estarían mis latidos, no sólo tu agitada respiración. Podría narrarte que yo también tengo problemas, como todos los mortales que recorren este mundo de las maravillas. Sólo te pido un poco de confianza y que me permitas besar tu mejilla. No es tanto, sólo es un poco de tu parte para que yo ponga de la mía.
No llores, mejor guarda tus lágrimas para cuando sean necesarias. Te quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario