la mujer que me ha hecho amar su don.
La niña que deseo ver crecer,
furiosa o no.
Feliz cumpleaños, mon cherie
Mentiras y más mentiras, todo lo que sale de mi boca son burlas sinceras a mis sentimientos. Jamás te diré la verdad, por mucho que me la ruegues. Y aquí estoy, frente a ti después de sentirme un miserable. Anoche te volví a ver, me acerqué a ti entre aquella multitud y te susurré palabras poco profundas, como si no las sintiera, y tú te conmoviste con la ira más humana. Esos ojos verdes que parecen hacerme explotar de forma salvaje, esos ojos que me envenenan hasta condenarme a tus caprichos, y ni cuenta te das de tu poder.
Lees con parsimonia típica de un humano, de uso de esos seres que se toman a veces la vida sin prisas, como si fueran eternos, y se creen más ingeniosos por un chiste malo que por un pensamiento profundo. Tú no lo sabes pero he leído ese libro mil veces, todas las poesías me las sé y a todas les he puesto tu nombre y tu aroma. Frunces el ceño después de haberme echado un vistazo, te molesto tanto como te molesta la necesidad de abrazarme creyendo que no soy tuyo. Crees que me iré, pero no pienso hacerlo y no quiero hacerlo por un necesidad que me quema.
Silencio, ese grotesco aliado que se apodera de ambos. Hablo con la mirada y con mi sonrisa estúpida. Tú sólo escuchas mientras posas lánguidamente tu mirada en la fila de hormigas que llamas versos, poesía pura. Te ves atractivo y yo me rindo. Ya perdí la cabeza una vez y no la he vuelto a recuperar, tú eres quien tienes los pensamientos cuerdos que te ofrecí con mi sangre... y la eternidad.
-Debo irme.-comentó levantándome pesadamente.-Debo irme, necesito que me de el aire.
-Vas con tus furcias, esas que te adulan y te llaman amor. Ve con ellas, ve y hunde tu rostro en sus pechos perfumados.-lames tu dedo y pasas la hoja como si nada. Sé que estás molesto, celoso y te retuerces... pero igual que yo prefiero callarme la verdad y soltar una buena mentira.
-Sí, ellas consiguen cosas que tú no.
He visto una lágrima bordear tus ojos, pero te contienes... ¡Maldito seas! ¡Si reaccionaras me tendrías a tus pies! ¡No te das cuenta! ¡No te das cuenta! ¡Jamás lo harás! ¿Verdad?
era roja como la sangre, un rubí.
Mientras yo ascendía al monte de las ánimas,
a rezar por ti.
Eres mi dulce condena,
yo tu amor más cruel.
Nos veremos en el infierno,
nos besaremos y nos arrancaremos la piel.
Todo sería más sencillo si los dos confesáramos la verdad que silenciamos, pero parece que siempre nos irá lo difícil y peligroso. Volveremos a discutir, nos diremos palabras crueles y terminaremos en la cama destrozando las sábanas limpias. Noche tras noche, siglo tras siglo... hasta el fin del mundo.
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