Las mariposas surgieron de su pecho y se alzaron para no regresar jamás. Su cuerpo quedó inmóvil, sus ojos parecían los de una muñeca.
Aquellas mariposas eran su alma, cada uno de sus recuerdos. Todas eran de vivos y mágicos colores, incluso las más horribles.
Y se perdieron, como se perdió su nombre en mi memoria y el sabor de sus labios en mi cuello.
Nada quedó, salvo una lágrima que jamás supe conquistar... un aliento que se quedó cortado por aquella katana.
El vacío de su nombre, de sus recuerdos, de mis sentimientos y de mi pasado... es algo que cargo como una cruz al monte del calvario.
Me pregunto cuánto tiempo ha pasado ya y cuánto tiene que pasar...
¿Por qué no logro recordar su nombre? ¿Por qué no veo más que oscuridad y desorden? ¿Y esta sangre que mancha mis manos? ¿Y este miedo agudizado por el frío que siento en mi pecho? ¿Qué demonios ha pasado?
Y los ángeles de la guarda no existen, sólo existen las personas que se marchan para no volver.
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