Huelen a miel, azahar, sudor y sexo... como aquel día en el cual nos conocimos.
Tú eres muy distinto, recuerdo que tus ojos me inspeccionaban desde las alturas de tu gigantesco desafío. Tus ojos claros esbozaban una sonrisa se perro abandonado moviendo la cola a un amo falso.
Yo simplemente puse mi pose más erótica, mis ojos más lastimeros y afilé las uñas por si tenía que clavarlas en tu cuerpo. Ronroneé en tu cuello y me abracé a ti, enorme gigante de cabellos de centeno, mientras escuchaba tu voz ronca pedir otra cerveza.
No sé porque, pero somos dos continentes que se unen en un abismo llamado sexo y desenfreno. El estremecimiento de una guitarra, sus gemidos, son como los míos cuando estoy en tu cama. Y sin embargo, tu voz de cantante de rock en días bajos, no se escucha salvo que ruegues que me siga moviendo.
Ya me dijo él que tú no estabas hecho para mí, pero que el amor te envenenaría y me harías beber a mí de esa misma copa. Nunca me has dicho un te amo, te has mantenido al margen y sólo me has demostrado ese sentimiento cuando has estado a punto de perderme... ¿cual será la próxima? ¿la número 103? suena a motel barato, como a los que vamos a festejar que seguimos vivos.
Y no, no te voy a dejar. No pienso dejarte. Antes que me arranquen los brazos y lo usen para un espantapájaros.
Ante mí sigues siendo ese gigante sin judías y sin gallina de los huevos de oro, cubierto de una nube de alcohol y tabaco que lo embriaga todo junto a la miel y azahar de ese champú que tanto te gusta.
Brindemos por otra noche... porque eres mi perro sin amo de un gato sin nombre.
----
En honor a Cat y Axel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario