Y renaceré como el cuervo, te encontraré tras la muerte, para atraparte entre mis garras y destrozar tu cuerpo con mi frenético deseo. Regresaré para amarte.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Invierno japonés III

De nuevo Lluvia

Otra vez llovía, toda la ciudad en silencio como si fuera la marcha de un funeral. No podía estar en casa y terminé por salir. Esta vez mi esposa no dijo nada, era sábado y ella quedó arreglando informes para su empresa. Yo no era capaz de tener una vida organizada como ella, me era terrible tan sólo pensarlo. Esos uniformes, las horas concretas, los informes tras informes y el café de máquina expendedora. Sin duda el peor lugar en el que me podían encarcelar, pero ella era feliz y yo era feliz con mi música.

Regresé a la calle más comercial y volví la mirada hacia el lugar de donde había salido U-ta. Él no estaba, esta vez no estaba. Me pregunté si alguna vez volvería para estar ahí. la lluvia se intensificó y noté como si mil kilos cayeran sobre mis espaldas. Caminé rozando las suelas de los zapatos hasta llegar a la intersección del bloque de su apartamento. Era un edificio gris, solitario, cerca del bullicio habitual pero en soledad. Subí por las escaleras y antes de llamar lo pensé dos veces, pero si había llegado hasta su puerta era por algo. Llamé y él abrió con una sonrisa que se truncó.

-Pensé que eras otra persona.-comentó intentando cerrar la puerta.

-Espera.-dije dejando el pie entre la puerta y el marco de esta, no permitiría que cerrara.

-¿Qué? ¿vienes a insultarme en mi propia casa?-preguntó mirándome de forma altiva, jamás lo había hecho de esa forma.

-Vengo a disculparme por mi comportamiento.-mi respuesta hizo que él dejara de endurecer su rostro, sino que mostrara su sonrisa habitual.

-Pasa, hice té de sakura con menta.-abrió la puerta por completo y yo pasé como él me pidió.

Terminamos hablando de canciones, de viejos tiempos y de conciertos. Su sonrisa y su talento siempre iban unidos. No quise preguntar a quien esperaba, pues si decía el nombre de Hide terminaría rompiendo algo de su pequeño apartamento.

-Nunca te he preguntado algo, pero me gustaría que fueras sincero.-dije tras el último sorbo de té.

-¿Qué?-respondió dejando la pasta de chocolate que había tomado.-¿Es personal?

-Sí.-tenía que pensar bien la pregunta, era una duda que me surgía. Sin embargo, el tacto no era lo mío y terminé soltándolo sin más.-¿Eres gay?-él inmediatamente se puso nervioso sin atreverse a mirarme.

-Sí.-susurró.-¿Por qué lo preguntas?-interrogó nervioso.

-¿Estás enamorado de él?-no quise decir su nombre y él comenzó a reír a carcajadas.

-¿Hide? No, sólo pienso que tiene un gran cuerpo y es un chico talentoso. Sólo eso, es mi mejor amigo desde el instituto. Tu mejor amigo es Imai, siempre ibais juntos. Así que podría preguntarte lo mismo ¿no crees?-su sonrisa desviaba mi atención hacia su pregunta.

-No somos pareja, ni lo fuimos y mucho menos lo seremos. ¿Le ves pechos a Imai?-interrogué riendo ante la sola idea de un Imai con senos. Sin embargo, él se ensombreció quedando confuso tomando de nuevo la pasta de chocolate. Mordisqueó la galleta algo pensativo y no dijo nada más.-¿Sucede algo?

-Sí estoy enamorado de alguien, pero él de mí nunca lo estará y ya me cansé de esperar a que me hiciera caso.-dio un sorbo de su té mientras lo observaba.

-Deberías buscarte a un chico que te quisiera realmente.-él sonrió tímidamente tras la taza y la dejó en la mesa.-Uno de esos que soporte tu hiperactividad y...-no terminé la frase cuando sus labios chocaron con los míos en un beso tierno.

-Lo haré, pero antes quería besar a ese chico para saber qué se siente.-murmuró algo sonrojado, agachando la mirada y temblaba. Dejó la taza sobre la mesa y suspiró.-Es mejor que olvides lo que hice, por favor.

-Sí, es lo mejor.-dije levantándome para caminar hacia la puerta. Aún estaba empapado y aún llovía.

Cuando bajé hacia el portal deseé detenerme y girarme hacia dentro. Quería agarrarlo y besarlo, hacerlo allí mismo y cuando me di cuenta de todo lo que deseaba temblé. Me di cuenta de que él era lo que deseaba, lo que realmente necesitaba, más allá del sentimiento que tenía hacia mi esposa. Me enfurecí conmigo mismo por no haberme dado cuenta antes. Si estaba con él dañaría mi matrimonio como el primero, seguramente esta vez no sería nada comparado con la primera. Sería el blanco de muchas miradas si se sabía, sobretodo de mis compañeros y no hay nada que decir sobre la furia que desataría de Anii. Todos seguían viendo a Yutaka como el pequeño desvalido que una vez fue, en realidad lo seguía siendo a pesar de ser un exhibicionista que paseaba prácticamente desnudo por los camerinos.


















Nieve, al fin

Habían pasado unas semanas desde aquella conversación. Ambos hicimos como si nada hubiera ocurrido. A pesar de ello echaba de menos a Yutaka, necesitaba que revoloteara a mí alrededor y se notaba en el ambiente que algo fallaba. Su hermano vino a conversar conmigo mientras tomaba un poco de agua en el dispensador.

-Deja de buscarlo con la mirada.-dijo sin más.

-¿Qué?-pregunté sin entender bien porqué decía eso.

-Lo buscas y sé de vuestra conversación, así que deja de incitarlo.-me señaló con una baqueta de forma amenazante.-Si no dejas de hacerlo, si le creas ilusiones a mi hermano, te juro que esta baqueta terminará entrando completa por tu orto.-tomó su vaso de agua que bebió de un trago, tirando un vaso a la papelera contigua.-Hazme caso, somos amigos, pero él es mi sangre.-se marchó caminando hacia el fondo del pasillo donde estábamos ensayando varias canciones nuevas.

Yo no sabía cómo reaccionar. Sabía que se contaban todo, pero no sabía que hasta ese punto. Los pasos resonaban aún en el pasillo cuando apareció él. Tomó un vaso de agua y entonces noté como Anii nos miraba desde el marco de la puerta.

-¿Bebiendo agua Acchan?-rió bajo.-Normalmente tomas siempre café o refresco.-bebió un poco de su vaso y sonrió.-Hasta ahora.-su forma de caminar era algo femenina, siempre lo dije, y era algo de lo que solíamos burlarnos. Anii desde la puerta lo escoltaba y lo rodeó por los hombros sin separarse de él.

Entré donde estaban todos y no paré de sentir como la mirada acusadora de mi amigo se clavaba en mí, parecía desear partirme la cabeza sólo por haber hecho que él terminara besándome. Tenía ese sentimiento de protección de hermano mayor demasiado desarrollado, siempre estaba atento a sus necesidades como si aún fuera un crío de instituto.

Al salir comenzaba a nevar. Era lo que había deseado hacía días, ver la nieve. Pero el sentimiento que comenzaba a forjarse en mi pecho me revolvía el estómago, me estresaba. Estaba comprometido con mi esposa, la quería a ella, y diablos era heterosexual. No entendía porqué él había tenido ese impulso de esperar ¿cuántos años? Ni podía imaginar cuántos, pero realmente si amas a alguien no puedes buscar un sustituto. El amor no se va, no se evapora, simplemente sigue ahí incrustado y ahogándote. Quizás era eso lo que le presionaba, lo que hacía que cada día para él fuera una nueva ¿oportunidad?. No, la verdad no comprendía del todo su empeño en silencio. Sin embargo, me atraía. Tampoco entendía bien mi sexualidad en esos momentos, así que simplemente lo dejé estar.

En mi regreso a casa mi mujer estaba ocupada, seguía con su plan de día tras día absorberse en sus preocupaciones tanto del hogar como del trabajo en sí. No le gustaba que otros entraran en nuestra casa a hurgar, ella hacía todo y parecía feliz con ello. Yo intentaba ayudarla en lo máximo que podía o sabía. Cuidé un rato de los niños y después le di un leve masaje que agradeció más su cuerpo que ella, yo ya no sabía qué hacer con mi vida y ella parecía no importarle.
Bajo Cero

Era un día terrible, nada quitaba el frío de mi cuerpo. Mis huesos parecían estalactitas y estalagmitas recubiertos de carne. Estaba envuelto en capas de ropa, lo que popularmente se conoce como estilo cebolla, y había entrado en el estudio, donde supuestamente estaríamos todos. Sólo estaba Yutaka fumándose un cigarrillo, intentando entrar en calor gracias a la fuerte calefacción de la habitación.

-¿Tienes calor?-rió bajo mientras me miraba cubierto de bufandas y abrigos.

-Frío, muero de frío. Estamos bajo diez grados, es una locura.-comenté quitándome todo, dejándolo a un lado en una de las sillas.

Me saqué la gabardina, dos jerseys y me quedé con un tercero. Los pantalones de cuero me daban algo de calor, pues se pegaban y no como los jeans que era aún peor. Me senté a su lado y encendí un cigarro al igual que él.

-No van a venir.-dijo seguro de lo que decía.-Mi hermano odia este frío tan intenso, además está enfermo desde ayer por la tarde, Imai también estaba para recaer e Hide llamó diciendo que no vendría.-no entendía porqué entonces él estaba ahí, sentado y esperando.

-¿Por qué no te has ido?-pregunté dando una buena calada al cigarrillo.

-Practico aquí, tiene mejor calefacción que en casa. El otro día se estropeó y nadie fue a revisarla, aún.-dio una bocanada de nicotina al aire y rió.-Además quería estar así contigo.-apoyó su cabeza sobre mi hombro y no fui capaz de apartarlo.-Anii está algo molesto porque me hicieras ese interrogatorio, aunque no entiendo porqué piensa que me forzaste a decirte la verdad.-sonrió mirándome a los ojos y terminó su cigarro para aplastarlo con su bota.

-U-ta.-susurré mirando hacia la mesa de mezclas desocupada.-Tengo serias dudas desde aquel beso.-comenté sincerándome como únicamente era capaz con él y con Imai.

-¿Dudas? ¿Sobre nuestra amistad?-se alertó y preocupó como cualquiera hubiera hecho.

-No, sobre mi sexualidad.-apagué el cigarrillo, al igual que él y le tomé del rostro.-¿Comprendes que digo?

-Temes ser bisexual, estás confuso y piensas que parte de la culpa la tengo yo.-susurró con media sonrisa.

-No, tampoco digo eso.-aproximé sus labios a los míos y comencé a devorarlos lentamente.

Su primera reacción fue timidez, pero después respondió bastante desesperado. De uno lento fuimos a uno agitado, tirábamos de nuestras ropas y metíamos las manos bajo nuestras ropas. Palpaba su cintura y sus costillas, él simplemente se dejaba llevar. Le aparté y fui hasta la puerta encajándola con una silla. Él me miraba confuso, no sabía que hacer.

-Atsushi esto no está bien, tienes una pareja y no es justo. Además, yo te…-no supo continuar, el rubor de sus mejillas me incitaba a desearlo más.

-¿Tú qué?-pregunté tomándolo de las manos para que se levantara, como así hizo.

-Yo te amo, no es justo para mí tenerte a pesar de que te ame.-besé su cuello cuando dijo esas palabras y él tiritó.

-Nunca fui fiel, nunca. A ninguna de mis parejas les he sido fiel.-lo pegué más a U-ta. Su aroma agradable me atraía, me hacía acariciarle bajo la ropa.

-Y si estás conmigo tampoco lo serás.-intentó zafarse de mí, pero lo único que consiguió fue tropezar y hacer que lo besara de forma apasionada. Mordisqueaba sus labios cuando me separaba para respirar.-No.-murmuró casi llorando.-No quiero hacerle esto, no quiero ser uno más.

-Serás importante para mí, más que ella.-dije acariciando su rostro, eso fue lo que lo calmó.

-Importante para ti, siempre he querido ser importante.-se dejó besar y todos sus músculos se destensaron. Sus brazos rodearon mi cuello apoyados en mi hombro, jugaba con mis cabellos enredando sus dedos en ellos.

Poco a poco fuimos desnudándonos, pero él paró. Quería parar porque no se sentía cómodo haciéndolo en un lugar como aquel. Sin embargo, lo convencí para que siguiera. Cuando quedó desnudo sonreí observándolo. No me había dado cuenta hasta entonces, pero tenía cierta forma andrógina. Él no paraba de sonrojarse por cualquier gesto que hacía. Deslizar mis dedos por sus costillas y mirarle. Estaba a punto de hacerlo con alguien que me conocía mejor que mi mujer, pero que jamás pensé tener de esa forma.

-Ven.-dije tomándole de las manos.

-No, mejor no.-susurró confuso.

-Deja de decir que no.-lo tomé de la cintura pegándolo a mí, ambos estábamos excitados ¿por qué no?

Lo pegué a la pared y mordisqueé su cuello. Tiritaba mientras acariciaba sus piernas. Tenía que entrar en él, pero suponía que hacerlo le dolería si no lo acomodaba.

-¿Me lo haces?-pregunté dejando su mano sobre mi miembro.-Con la boca.

Él asintió y comenzó a lamerlo mirándome a los ojos, para luego ir metiéndolo lentamente en la boca. Mis caderas se movían de forma que había más fricción. Lo agarré con firmeza de sus cabellos y perdí la paciencia. Su boca me volvía loco y él gemía ahogado mientras se acariciaba. Todo iba bien, todo empezaba a ir mejor que antes con tanta timidez. Sus mejillas ardían, seguían iluminadas pero esta vez era por la excitación. Me lamía los labios buscando humedecerlos, la boca se resecaba y el calor se volvía intenso. Mi cuerpo se calentaba mejor que con la calefacción, estaba hirviendo por él y pronto comenzaría a sudar nada más tenerlo bien dentro de su interior.

Acabé por levantarlo y pegarlo a la pared, su torso se pegó a la recubierta de madera y sus piernas se abrieron. Uno de mis dedos entró y noté una presión enorme, una presión que engullía. Fui girándolo y sacándolo, como si lo penetrara con mi miembro, él gemía desconsolado por no poder tenerme aún. Una de sus manos buscó mi miembro, tenía la cabeza girada, y me masturbaba lento dejando que o ahondara en esa sensación. Dos dedos continuaron la labor iniciada, después él gimió que ya no podía más. Si bien, yo no estaba satisfecho, quería y yo deseaba torturarlo por antes haber pedido que parara. Dejé mi sexo colocado entre sus nalgas, masturbándome con esa piel suave, mientras azotaba su trasero con fuertes nalgadas. Él ya no hablaba, sólo respiraba entrecortadamente y gemía leve.

-Quiero oirte gritar mi nombre, U-ta.-susurré girándolo para besarlo ahogándolo con la intensidad del beso, llevándolo hasta una mesa cercana y tirando los folios que tenía Imai con sus anotaciones.

-Acchan.-dijo agarrándose a la mesa con la mirada algo perdida, pero buscando la mía.

-Dilo bien alto cuando te penetre.-susurré entrando de una vez en él.

Un gruñido surgió de mis labios, de los suyos un grito de placer. Me movía de forma tosca, sabía que eso le estaba destrozando. Sus manos se pegaron a mis hombros como si tuvieran algún pegamento y al final clavó las uñas. Las clavó en la espalda arañándola como un gato salvaje. Sus piernas se enroscaron entrono a mis caderas y su cabeza iba de un lado a otro, su espalda estaba algo arqueada y su boca entreabierta rogando que lo rompiera en dos. Y me juré que lo haría. Paraba el sexo sacándolo, jugando, torturándolo, para luego penetrarlo con tal fuerza que perdía el aliento, lo perdíamos ambos. Los movimientos rápidos, profundos y desquiciantes de mis caderas se mezclaban con su ritmo contrario que hacía que llegara hasta el fondo. El sonido de mis testículos golpeando su trasero no era la única música que componíamos, los jadeos, las cachetadas y los alaridos de placer… uno tras otro hasta la eyaculación, la suya. Yo salí de él y lo hice sobre su sexo, manchándolo como él me manchó con las salpicaduras de la suya.

-Acchan.-jadeó notándose complacido, lleno.

-¿Sí?-pregunté con una sonrisa en mis labios.

-Te amo.-sonrió como un adolescente y eso me torturó unos minutos, pero luego se pasó.

Nos vestimos, nos marchamos y así sobrevivimos. Vernos de vez en cuando, tener sexo fugaz y leves palabras de cariño hace que tengamos una relación estrecha… una de esas que no puede romperse, aunque sí puede romper matrimonios que ya no funcionan.

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Derechos de Autor y Licencia

Safe Creative #0906284062744
muerte por vida
un precio caro
pero habitual
somos animales
somos todos animales
hijos de un dios
hijos de las sombras
hijos de la eternidad
no podemos renegar
no podemos olvidar
incluso lucifer fue engendrado por él
la concepción que él nos ha dado
nos ha hecho ser como somos
por eso matamos
porque está en nuestra naturaleza
¿somos tan terribles?
¿más que un asesino despiadado?
¿más que un dictador?
¿más que un hombre que enseña a su hijo a matar avecillas?

...

no somos monstruos
simplemente sobrevivimos...
con tu sangre
con tu alma
pero es supervivencia.

aqui gana el más fuerte

Sueños - AWR


sueño profundo y doloroso... sueño de sangre y noche
sueño contínuo en lo eterno...
sintiéndote navegar en eter...
un eter que se vuelve fangoso... rojizo... sublime
¡Sangre!... sólo sangre... cálida y fresca... deslumbrante
nube vamporosa con aroma a mujer...
la primera víctima de la noche... la elegida.
tacones lejanos con contoneo de caderas carismático...
para luego escuchar un grito de terror...
y luego...
y luego... NADA

Dama Sombría

Dama de las sombras
mujer de corte oscura
tú vienes a cortar el último hilo de vida
el último aliento..
cruel dama nocturna
cruel mujer...
que viene junto a la muerte, de la mano
señora que sonríe... que se jacta de mi destino
mientras la calavera señala mi destino... un foso... un lugar junto a la tierra y sus gusanos.
hoy yaceré muerto al despuntar alba
hoy... habrá acabado mi andanza por la tierra
hoy descansaran mis huesos, pero no mi alma.
Si bien... cruel aunque hermosa
desfilaras con la muerte, danzarás con ella, y la luz del día disipará tu figura.
tal vez lloren por mí, canten salmos y las campanas repiquen...
como tal vez termine como Paganini... en un carro... esperando sepulcro durante años.
danza y ríete de mi miseria
hija de la noche
mujer que no da tregua...
capa oscura y pesada, fúnebre sombra
que engalana el manto de la muerte.

somos idiotas afortunados

La vida cae... en una persona... el telón cae

cae pero otra empieza

empieza en un mundo rojo.... teñido por la sangre

con el ruido del tañir de las campanas de una muerte que yace en el campo santo del olvido...

un mundo donde los esperanzados son pocos...

y los diablos sin rumbo muchos

somos diablos

pobres almas

desamparados

odiados hombres de paja

que añaden a la historia... a la historia del día a día...

historia que despreciamos y amamos por igual

somos idiotas

que no agradecemos lo que tenemos

que detestamos el suelo que pisamos

pero cuando van a levantar la hoz para que espiremos... gritamos, lloramos y rogamos.

somos afortunados

y no nos damos cuenta

que esos pequeños baches

que esas soledades

y esos silencios sin sustancia

son la savia de algo grande

es la sangre de la mortalidad

y de la inmortalidad en si misma.