Me había levantado tarde, muy tarde. Mi mujer había salido con los niños haría horas, estaban en sus respectivos centros infantiles y ella había salido a trabajar. Hizo café, pude notar el aroma por toda la casa. Al levantarme fui hacia la cocina y me eché un poco en una taza, con algo de leche aunque lo tomo casi negro. No podía dejar de pensar en lo que le dije a mi amigo, era compañero de trabajo y de sueños por así decirlo. Nuestro grupo era una compañía destinada a crear sueños y sentimientos, eso es lo que es en realidad una banda de rock.
Mi teléfono móvil sonó, no miré el número de teléfono y tan sólo acepté la llamada. Estaba subido en la encimera con la taza de café en la mano, algo aturdido, así que fue normal que contestara sin saber quién era.
-¿Sí?-interrogué antes de dar un sorbo al café.
-Soy yo inútil.-era la voz de Imai.
-Gracias por el halago, te lo agradezco.-susurré adormilado y sin ganas de empezar una trifulca.
-Hace media hora que deberías estar en el estudio, espero que no tardes más de una hora en llegar.-no me dio tiempo a reclamar, ya había colgado y yo resoplé deseando estampar el teléfono.
Terminé el café y fui hacia la ducha, tras un buen afeitado y abrigarme salí de casa con la libreta de canciones en mi mano. Había conseguido hacer algunas nuevas, quizás Imai querría modificarlas o tal vez alguno más del grupo. La cosa era hacer canciones que a todos nos agradaran, no sólo a uno. Era algo de conjunto y como tal tendría que aceptar los comentarios del estúpido de Hide.
Al montar en el coche busqué una emisora, quería escuchar qué opinaban de nuestra última gira y también porqué no lo que sucedía con otras bandas. Siempre se tenía que estar informado, tanto de las noticias habituales en un periódico como las que únicamente les interesaría a los adolescentes. No tardé más de una hora en llegar, sin embargo ahí tenía a mi amigo con cara de perro fumándose un cigarro.
-Tardaste.-murmuró.-Siempre igual, más de veinte años y no se quita la costumbre.-dijo encogiéndose de hombros para apagar el cigarrillo con su pie.-Vamos dentro.
-Sí.-no iba a decir nada, era mi culpa.
Vi entonces por el cristal del estudio a Uta jugueteando entorno a Hide y su hermano como si nada golpeando la batería. Ese coqueteo que se llevaba me encabronaba y no sabía bien porqué. Quizás porque antes yo era su centro de atención y últimamente había sido desplazado. No lo entendía, más bien no quería entenderlo.
Al entrar donde estaban todos se hizo el silencio. Anii tan sólo me miró fijamente con cierto rechazo. Hide tan sólo saludó con la mano y Uta… ni eso. Él siguió haciendo el idiota a su alrededor. Yo no podía con todo aquello, no podía. Me estaba creando una ulcera esa situación.
El trabajo se volvió un desastre, todos teníamos ideas contrarias y no nos poníamos de acuerdo. Todo porque Imai deseaba modificar demasiado una de mis canciones, Uta no lo veía correcto e Hide tenía sus propios conceptos. No se trabajó demasiado, a decir verdad sólo llegamos al acuerdo de usar una y sin modificar tanto como quería el resto. Salí casi resoplando hacia el estacionamiento, quería ir a casa y dormir hasta el día siguiente. Me dolía la cabeza y no vi a Uta seguirme como de costumbre. Estaba en los escalones hablando con ese imbécil. Quería matarlo, matarlos a ambos.
Para colmo cuando llegué a mi vehículo me lo habían arañado. Me percaté entonces que era de esos días en los cual uno no debe de levantarse de la cama, sino quedarse hibernado hasta que todo pasara. Puse un cd de Bowie, pensé que el Duque Blanco me ayudaría. Era de esos cds que uno suele grabarse con pistas aleatorias, con las que más disfrutas. Sin embargo, las ganas de golpear algo no se fueron.
Mi mujer había llegado ya, los niños estaban en el salón y yo decidí encerrarme a dormir. Lo sentía por ella, pero necesitaba aclarar ideas y lo mejor era descansar lejos de todo y todos. Ella simplemente se sentó en los pies de la cama observándome, yo no estaba dormido aún sin embargo le hice creer que sí.
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