Y renaceré como el cuervo, te encontraré tras la muerte, para atraparte entre mis garras y destrozar tu cuerpo con mi frenético deseo. Regresaré para amarte.

sábado, 4 de junio de 2011

Un mayordomo oscuro... al servicio de su corazón II

-El amanecer de los delirios-

El reloj del enorme salón cortaba el aire decapitándolo, cada segundo caía pesadamente a sus pies tras una batalla inútil contra el destino. El salón parecía inmenso cuando el alba se mostraba en el horizonte. Las grandes ventanas dejaban pasar los rayos anaranjados del sol, mientras que en el interior aún todo era silencio y oscuridad.

Únicamente mis pasos se podían escuchar por toda la galería, a pesar de mi sigilo. Caminaba mirando el reloj de mi bolsillo, así noté que empezaba a no ser tan puntual como lo recordaba. Me paré a darle cuerda y entonces alcé mi vista viéndolo allí.

-Dijiste que no te irías.-comentó con los puños cerrados y sus ojos fieros clavándose en mí.-¡Era una orden!

-Lo lamento joven amo, pero debía comenzar a dejar todo en marcha para cuando usted se levantara.-dije sin parpadear ni un instante, pero pareció no creerme y sólo gruñó molesto.-Me alegra que esté despierto, hoy le espera un día bastante intenso. Tenemos varias reuniones importantes respecto a la fábrica de juguetes y la nueva pastelería que ha instalado en la ciudad.

Únicamente se marchó hacia su habitación dejando un portazo tras él. Aquella mañana fue algo tensa. Parecía no estar conforme con nada. Ni siquiera con la ropa que había preparado para su arduas tareas. Él intentó boicotear cada paso que daba. Y yo simplemente sonreía leve asintiendo a todo, pidiendo disculpas y callándome lo que pensaba.

-Malcriado.-murmuré al cerrar la puerta.-Pero extremadamente adorable.

Decidí salir al medio día, debía comprar los ingredientes para la cena. Tenía que hacer negocios con unos nuevos inversores. Tardé unas cuatro horas en mi vuelta, lo hice con un gato negro entre mis brazos. Me había seguido por entre los comercios y decidí traerlo, a pesar de Pluto.

-Te va a matar si ve esto aquí.-comentó Bard.-¿Se puede saber en qué piensas?

-Me siguió y he decidido cuidarlo, lo regresaré cuando deje de cojear.-dije moviendo su pata sana a símbolo de saludo mientras sonreía.-Dile hola a Bard, él te dará las sobras del pescado que debe limpiar.-el gato maulló alto y yo sonreí aún más.-Oh, me comprendes.

-El gato no te comprende, es un gato.-dijo rascándose la cabeza.-Un gato bastante feo.

-¿Por qué?-pregunté parpadeando al no comprender.

-Negro, tuerto, con marca de soga en el cuello y cojo.-enumeró sus desgracias, pero eso no le hacía dejar de ser un digno ejemplar para observar detenidamente.

Se marchó hacia dentro tomando las bolsas que había traído. Él podía limpiar todo, pero los condimentos los haría yo. Mientras él limpiaba yo lavaría y curaría a ese animal.

Entré en la casa caminando con él entre mis brazos, satisfecho de mi única buena acción en siglos. Si bien, modulé mi felicidad al toparme con mi amo. Él quedó frente a mí, golpeó leve el suelo con su bastón y me miró fúrico.

-Suelta ese foco de infecciones ahora mismo y prepárame un baño caliente, me apetece.-dijo señalando al pobre animal.-¡Qué lo sueltes Sebastian!

-Sí amo.-dije con una leve sonrisa.-Lo dejaré en mi habitación y con sumo gusto prepararé su baño.-él no dijo dónde o cómo tenía que soltar a mi felino amigo.

-¡Ahora! ¡De inmediato lo que quiero fuera de esta casa!-gritó.-Detesto a los animales.

-Para detestarlos tiene a Pluto en su haber desde hace cinco años.-susurré inclinándome hacia él.-Y no olvide mi verdadera forma.

-¡Largo! ¡Ya!

Suspiré pesado saliendo de la casa nuevamente. Mis pasos no eran tan agradables como cuando crucé el portal con el pequeño animal. Me miraba con su único ojo intentando comprender, pero ni yo mismo comprendía a veces a ese muchacho. Ayudaba a la Reina a resolver misterios, odiaba a los criminales e insensatos... pero no le importaba que un ser tan majestuoso como aquel no tuviera posibilidades lejos de nosotros. Sin embargo, bajaba los peldaños de la casa y noté que estaba allí él.

-¡Sebas-chan!-gritó moviéndose estrafalariamente como siempre, sus caderas parecían desencajadas y sus dientes afilados se mostraban en esa boba sonrisa.-¡Hola mi amor! ¡Viene a verte! ¡Tengo cosas que contarte!

-¿Tuviste otro embarazo psicológico?-pregunté con cara de pocos amigos, mis cejas estaban levemente fruncidas así como mi boca. Estaba por golpear mi cara con una de mis manos y mover mi cabeza de un lado a otro. Me negaba a creer que fuera tan estúpido como para presentarse ante mí.

-Eres malo Se... bas... tian.-dijo negando con su dedo mientras se acercaba.-¿Dónde vas a dejar a ese andrajoso?-cuando dijo eso lo fulminé clavando mis ojos rojos en él.-Quiero decir ¿dónde vas a dejar a esa magnífica criatura?-pestañeó antes de quedarse a mi lado.

-Aléjate de mí, me pegarás tus piojos.-dije con una leve sonrisa.-Aunque, me vas a ser de ayuda.

-¡Oh! ¡Sí quiero Sebas-chan!-gritó moviéndose como colegiala.-Sí quiero pasar una noche de amor contigo.

-No dije eso.-respondí serio.-Cuídame al gato.-dije mostrándoselo.-Haz que se cure y tenga un buen hogar, sólo eso.

-¡Oh! ¡Lo cuidaré como si fuera nuestro propio hijo!-exclamó tomándolo en brazos.

-¿Y bien?-pregunté alzando una ceja.-¿A qué venías?

-Ah, tengo algo de información sobre las personas que has estado investigando.-dijo con una enorme sonrisa.-Pero te lo daré a cambio de un beso.

-¿Qué tal a cambio de salir bien librado?-dije alzando una de mis finas cejas.-Sales ganando.

Uno de los socios que vendrían a la dichosa cena era parte de una larga lista que investigaba. Inversores que ya estuvieron tomando parte activa de los beneficios de la empresa del joven amo. Su padre los tuvo como a iguales, les ofreció buenas ofertas a cambio de colaboración en su negocio juguetero.

Este socio en particular tenía un pasado turbio. En su adolescencia vivió la muerte de su hermano por disparo accidental de su escopeta, quedando así como único heredero. No era la única nota sangrienta, ni el único cerco oscuro a su persona. Su primera mujer murió en extrañas circunstancias.

Me comentó que sabía que su hermano no murió por accidente, así como tampoco su mujer. Era algo que sospechaba. Me habló de toda su espiral de violencia. Algunos datos ya los tenía, salvo uno. Se había reunido hacía unas horas con un hombre de su confianza. Según me comentó asistiría a la cena y debía vigilar todo lo que Ciel tocara o tomara.

Debo admitir que fue de ayuda. Aunque eran cosas que uno podía hacer fácilmente investigando un poco más, pero me ahorró tiempo y ese tiempo lo invertí en el baño de mi joven amo, su alimento y en descansar leyendo en la biblioteca.

La llegada de aquellas visitas fueron antes de la hora acordada, sin embargo sabía que venían con prisas. Querían engañar a mi amo, hacerle caer en sus tácticas de adulto y hacer que soltara su fortuna para que ellos pudieran desperdiciarla. Yo aún permanecía en la biblioteca con los informes que tenía de ellos ocultos en un pequeño dossier.

Me levanté guardándolo en la caja fuerte que aún permanecía tras el retrato de su madre, para luego tomar los informes financieros de los negocios de mi joven amo. Caminé hacia el pequeño salón donde permanecía leyendo libros sobre ciencias ocultas. Lo dejé a un lado de la pequeña mesa auxiliar, sin hacer ruido, para luego marcharme a darles la bienvenida a los estúpidos bastardos que debía atender.

-Bienvenidos a la casa de Phantomhive.-dije abriendo las puertas antes que pudieran llamar para ser atendidos.-Si me acompañan les llevaré a la sala de Juntas, allí les espera mi joven amo para tomar un aperitivo mientras dialogan sobre los acuerdos que tomaran tras el almuerzo.

Los tres hombres me siguieron sin perder detalle, parecían más interesados en ver el desfalco que harían que en mis refinadas maneras de conducirlos hacia el desasosiego. Aprenderían valiosas lecciones de mi apreciado amo. No íbamos a rendirnos, mucho menos frente a indeseables.

Terminé dejándolos solos tras servir un té frío a los presentes, para luego marcharme hacia la cocina terminando de preparar el almuerzo. Después coloqué el mantel sobre la mesa, así como el resto de cubiertos y servilletas. Preparé el comedor como si fueran a estar sentado magníficas criaturas, para nada lo que eran realmente... demonios estúpidos jugando contra un joven y su mayordomo oscuro.

-Debo admitir que su mayordomo es realmente eficiente.-comentó Kurt Brown. El hombre que yo mismo había investigado, uno de los mayores estafadores de todo Reino Unido.

El señor Brown se creía superior a cualquier hombre, con una inteligencia inusual. Si bien, era sólo un pobre diablo en busca de fama y fortuna. Un estúpido usurero que creía que podría engañarnos, si bien por mucho que cambiara de nombre u aspecto físico seguía siendo el mismo. Ciel estaba avisado, había pasado una nota sobre él cuando aproximé a servirle el té.

-Ciertamente, ciertamente.-añadió Eric Lanlard.

Eric era un conocido burgués que había tenido la suerte de llegar a ser un prestigioso pastelero, con una pequeña pastelería en uno de los barrios más prolíficos de Londres. Sin embargo, se volvió corrupto y despreciable tas conocer a Kurt Brown, y su negocio pasó a ser una tapadera de sus horribles atrocidades.

El tercero quedó en silencio, él era Peter Philips. Él era el hombre del cual me había hablado Grell, ese que ya había topado con la familia de Ciel. Simplemente me miró asintiendo.

-Simplemente si no pudiera hacerlo no sería el mayordomo de la familia Phantomhive.-respondí con una leve sonrisa.

-Sebastian, márchese y déjeme hablar con mis futuros socios.-comentó Ciel con una leve sonrisa, me avisaba que ya tenía en marcha una de sus estrategias.

Me marché, pero no fui muy lejos. En aquella sala había un enorme cuadro de su padre, simplemente coloqué mis ojos en los de él y miré atentamente a los hombres que allí se reunían. Podía escuchar claramente lo que ocurría y me sentía feliz por ver como se desenvolvía.

Uno a uno fue diciéndole las verdades más crueles, todos se sentían airados y con ganas de destrozarles, cosa que no harían pues nada más levantaran el puño, o el revolver, hacia él ellos morirían.

-Así, que por ello no podrán ser socios de mi empresa.-comentó con una inocente sonrisa.

-¡Bastardo!-exclamó Philips.

-No, simplemente sé cuando tengo que hacer negocios.-se levantó y los miró a todos.-Les ruego que me disculpen, pero deben marcharse ya.

-¡Te voy a matar ahora mismo!-gritó Brown, el cual sacó un revolver apuntándole.

-Hágalo, pero si me mata no sabrá con qué hierbas los he envenenado.-susurró con una sonrisa.-En unos minutos comenzaran a temblar, sudar y delirar.

En la nota que dejé para él, al servir el té también dejé anotado que el té tenía veneno. En realidad no había solución si se bebía ese té, morirían entre convulsiones. Aún así, decidí intervenir nada más escuchar de sus labios un “Sebastian”. Entré en la habitación y fui disparado por aquel demente, sin embargo no caí y simplemente desplegué mi aura negra ante ellos.

-Mi joven amo habló.-dije con una leve sonrisa.-Márchense.

Entonces cayó Philips, lo hizo redondo en el suelo, después Brow y le siguió Lanlard. Empezaron a escupir espuma por sus bocas, a derramar sangre por sus orejas y narices. Todo aquello entre gritos de dolor. Yo simplemente los arrastré hacia el pasillo, para luego bajar a las calderas y hacerlos arder entre las llamas.

-Es una pena, acababa de limpiar el suelo.-dije observando a esos desgraciados chillar, aún estaban vivos.-¿Pueden hacer menos ruido? Me están dando jaqueca.

No hay comentarios:

Derechos de Autor y Licencia

Safe Creative #0906284062744
muerte por vida
un precio caro
pero habitual
somos animales
somos todos animales
hijos de un dios
hijos de las sombras
hijos de la eternidad
no podemos renegar
no podemos olvidar
incluso lucifer fue engendrado por él
la concepción que él nos ha dado
nos ha hecho ser como somos
por eso matamos
porque está en nuestra naturaleza
¿somos tan terribles?
¿más que un asesino despiadado?
¿más que un dictador?
¿más que un hombre que enseña a su hijo a matar avecillas?

...

no somos monstruos
simplemente sobrevivimos...
con tu sangre
con tu alma
pero es supervivencia.

aqui gana el más fuerte

Sueños - AWR


sueño profundo y doloroso... sueño de sangre y noche
sueño contínuo en lo eterno...
sintiéndote navegar en eter...
un eter que se vuelve fangoso... rojizo... sublime
¡Sangre!... sólo sangre... cálida y fresca... deslumbrante
nube vamporosa con aroma a mujer...
la primera víctima de la noche... la elegida.
tacones lejanos con contoneo de caderas carismático...
para luego escuchar un grito de terror...
y luego...
y luego... NADA

Dama Sombría

Dama de las sombras
mujer de corte oscura
tú vienes a cortar el último hilo de vida
el último aliento..
cruel dama nocturna
cruel mujer...
que viene junto a la muerte, de la mano
señora que sonríe... que se jacta de mi destino
mientras la calavera señala mi destino... un foso... un lugar junto a la tierra y sus gusanos.
hoy yaceré muerto al despuntar alba
hoy... habrá acabado mi andanza por la tierra
hoy descansaran mis huesos, pero no mi alma.
Si bien... cruel aunque hermosa
desfilaras con la muerte, danzarás con ella, y la luz del día disipará tu figura.
tal vez lloren por mí, canten salmos y las campanas repiquen...
como tal vez termine como Paganini... en un carro... esperando sepulcro durante años.
danza y ríete de mi miseria
hija de la noche
mujer que no da tregua...
capa oscura y pesada, fúnebre sombra
que engalana el manto de la muerte.

somos idiotas afortunados

La vida cae... en una persona... el telón cae

cae pero otra empieza

empieza en un mundo rojo.... teñido por la sangre

con el ruido del tañir de las campanas de una muerte que yace en el campo santo del olvido...

un mundo donde los esperanzados son pocos...

y los diablos sin rumbo muchos

somos diablos

pobres almas

desamparados

odiados hombres de paja

que añaden a la historia... a la historia del día a día...

historia que despreciamos y amamos por igual

somos idiotas

que no agradecemos lo que tenemos

que detestamos el suelo que pisamos

pero cuando van a levantar la hoz para que espiremos... gritamos, lloramos y rogamos.

somos afortunados

y no nos damos cuenta

que esos pequeños baches

que esas soledades

y esos silencios sin sustancia

son la savia de algo grande

es la sangre de la mortalidad

y de la inmortalidad en si misma.