Y renaceré como el cuervo, te encontraré tras la muerte, para atraparte entre mis garras y destrozar tu cuerpo con mi frenético deseo. Regresaré para amarte.

sábado, 4 de junio de 2011

Un mayordomo oscuro... al servicio de su corazón

Los personajes que vienen a continuación no me pertenecen, pero sí la puta historia.






-Introducción-

La noche había caído y la melancólica melodía del violín estremecía toda la mansión. La única luz que parecía estar encendida era la de la estancia del joven Ciel. En ella una figura alta y esbelta se doblaba y mecía. Esa figura no le pertenecía al joven, sino a su mayordomo. Parecía brindarle una canción de cuna desesperada, como si se tratara del amante más entregado danzaba moviéndose por la habitación tocando con su corazón aquel instrumento.

Pronto la luz se apagó y la música dejó de sonar. Fue como si el mundo llegar al fin de los tiempos y explotara un enorme silencio que nos hiciera tapar los oídos, por horrible. Ya que los murmullos del mundo habrían callado, al igual que el murmullo dulce de aquellas lágrimas en forma de notas musicales.

-Amarga melodía-

-Sebastian.-su voz sonaba entre las llamas de ese dolor que aún cargaba, su tono de voz pausado era el de un ser torturado que sabía que pronto llegaría el final.-Quédate.

-Sí, joven amo.-susurré quedándome sentado en la silla donde solía dejar sus ropas mientras le ayudaba a vestirse.

-Sebastian, cuando vendí mi cuerpo y alma ¿pensaste que serían tantos años de servicio a cambio de algo que podrías obtener fácilmente de cualquier otra persona?-preguntó girado hacia la ventana, dejando a mi vista sólo algunos mechones de sus cabellos.

-Su alma no es común.-respondí con una leve sonrisa.-Merece la pena esperar.

-Tienes paciencia.-murmuró.

-Debería saberlo, joven amo.-reí bajo al decir aquello, puesto que teniendo en cuenta lo incompetentes que era el resto del servicio... debería conocer mi enorme paciencia.

-Tienes razón.-susurró algo adormilado.

Yo no dije nada más, deseaba que descansara. El día siguiente sería agotador para él, para mí un día más en la piel de un mayordomo leal y eficiente. Un juego

Cuando hicimos aquel trato supe que no sería fácil cumplirlo, así como concluirlo. Los años incrementaban y hacían surgir de mí un sentimiento que no sabía clasificar. Un demonio no sabe de afectos, no debe conocerlos. Si bien, yo hacía años que había encontrado un camino tortuoso y extraño. Yo aún no sé clasificarlo, pero verlo descansar era un alivio para mí.

Su sueño se interrumpió, se volvió agitado por momentos y acabó alzándose gritando. Llamaba a sus padres, de nuevo las imágenes que destruyeron su tierna infancia, y adolescencia, regresaban otra noche más. Esta vez por instinto me lancé a pegarlo contra mi pecho, acariciando sus cabellos. Esta vez y no las otras, porque esas noches había controlado mi instinto. No sé que pasó, pero rompí barreras sin importar nada.

-Sebastian.-balbuceó mientras mis dedos se internaban entre las hebras oscuras de sus cabellos, me dediqué a dejar caricias en su cabeza.

-Lo lamento joven amo.-dije apartándome.

-No, no te apartes.-murmuró agarrándome de los brazos, quedándose entre ellos y yo únicamente lo estreché como si fuera un objeto delicado.

-No lo haré.-respondí.-Me quedaré a su lado hasta el último segundo.-susurré tomándolo del mentón con mi mano derecha.-Joven amo.

-Sí, eso.-dijo con un leve sonrojo apartando su mirada de la mía.-Buenas noches, Sebastian.-murmuró recostándose en la cama.

Yo permanecí a su lado, sentado observándolo prácticamente inmutarme. Sonreí leve al ver que dormía calmado. Mi misión por esa noche había concluido. Así que me levanté y marché.

Deseaba caminar por el jardín. Sentir el leve frescor de la noche mientras la oscuridad rodeaba todo con un firme abrazo. La noche era plácida y mis ojos brillaban entre las sombras, como una fiera asechante en busca de su presa.

Pluto, nuestro perro, apareció de la nada desnudo por completo. Se aferró a mí restregándose y yo simplemente suspiré pesado. Aquel idiota siempre andaba esperándome y deseando que yo le hiciera caso, pero eso no nacía de mí. Podían decir lo que quisiera el resto de la casa, incluso si lo decía Ciel en algún instante, ese maldito chucho era un incordio.

Me deshice de él tirando un palo, donde cayera me daba igual. Yo sólo quería descansar de él y sus malditas babas. Así que terminé regresando a la casa y sentándome en la biblioteca hasta llegado el alba.

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muerte por vida
un precio caro
pero habitual
somos animales
somos todos animales
hijos de un dios
hijos de las sombras
hijos de la eternidad
no podemos renegar
no podemos olvidar
incluso lucifer fue engendrado por él
la concepción que él nos ha dado
nos ha hecho ser como somos
por eso matamos
porque está en nuestra naturaleza
¿somos tan terribles?
¿más que un asesino despiadado?
¿más que un dictador?
¿más que un hombre que enseña a su hijo a matar avecillas?

...

no somos monstruos
simplemente sobrevivimos...
con tu sangre
con tu alma
pero es supervivencia.

aqui gana el más fuerte

Sueños - AWR


sueño profundo y doloroso... sueño de sangre y noche
sueño contínuo en lo eterno...
sintiéndote navegar en eter...
un eter que se vuelve fangoso... rojizo... sublime
¡Sangre!... sólo sangre... cálida y fresca... deslumbrante
nube vamporosa con aroma a mujer...
la primera víctima de la noche... la elegida.
tacones lejanos con contoneo de caderas carismático...
para luego escuchar un grito de terror...
y luego...
y luego... NADA

Dama Sombría

Dama de las sombras
mujer de corte oscura
tú vienes a cortar el último hilo de vida
el último aliento..
cruel dama nocturna
cruel mujer...
que viene junto a la muerte, de la mano
señora que sonríe... que se jacta de mi destino
mientras la calavera señala mi destino... un foso... un lugar junto a la tierra y sus gusanos.
hoy yaceré muerto al despuntar alba
hoy... habrá acabado mi andanza por la tierra
hoy descansaran mis huesos, pero no mi alma.
Si bien... cruel aunque hermosa
desfilaras con la muerte, danzarás con ella, y la luz del día disipará tu figura.
tal vez lloren por mí, canten salmos y las campanas repiquen...
como tal vez termine como Paganini... en un carro... esperando sepulcro durante años.
danza y ríete de mi miseria
hija de la noche
mujer que no da tregua...
capa oscura y pesada, fúnebre sombra
que engalana el manto de la muerte.

somos idiotas afortunados

La vida cae... en una persona... el telón cae

cae pero otra empieza

empieza en un mundo rojo.... teñido por la sangre

con el ruido del tañir de las campanas de una muerte que yace en el campo santo del olvido...

un mundo donde los esperanzados son pocos...

y los diablos sin rumbo muchos

somos diablos

pobres almas

desamparados

odiados hombres de paja

que añaden a la historia... a la historia del día a día...

historia que despreciamos y amamos por igual

somos idiotas

que no agradecemos lo que tenemos

que detestamos el suelo que pisamos

pero cuando van a levantar la hoz para que espiremos... gritamos, lloramos y rogamos.

somos afortunados

y no nos damos cuenta

que esos pequeños baches

que esas soledades

y esos silencios sin sustancia

son la savia de algo grande

es la sangre de la mortalidad

y de la inmortalidad en si misma.