Cuando el dolor se vuelve una deliciosa sensación...
Un sólo susurro desencadenó esa impaciencia, como el susurro de un amante. Hizo que el destino apurara su último sorbo. Y que el vals del dolor fuera tan pretencioso que me hiciera caer en sus garras.
Doy muerte mientras sonrío. Clavo los colmillos y succiono la vida. El elixir eterno que me mantiene vivo. Y mi reflejo sigue siendo el de un joven de aproximadamente veinte años.
La eternidad, simplemente la eternidad, es mi única compañera y en ella he nacido para conquistar lo que tú tienes miedo de explorar.
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