-Sólo te tengo hoy a ti.-creo que dije.-Pero no eres mala compañía.
Al despertar lo hice con el timbre del maldito despertador. Mi cabeza iba a reventar y aún estaba con el cuerpo acolchado. Me había dormido tirado en el suelo y no lograba levantarme. Fui a gatas hasta el cuarto y apagué la alarma.
-Puñetero trasto.-murmuré.-Tengo que trabajar.
Fui directo al baño, una buena ducha fría me espabiló demasiado rápido. Más que fría estaba helada. No era desagradable una ducha como esa si teníamos en cuenta que fuera caían bolas de fuego y eran sólo las ocho de la mañana. Me lavé bien los dientes y enjuagué mi boca, pero aún así apestaba a whisky, así que opté por los chicles y caramelos mentolados.
La ropa que usaría aún estaba colgada, no me detuve a pensar demasiado. Unos pantalones vaqueros bastante anchos y una camiseta sin mangas color hueso, le había arrancado yo mismo las mangas y había permitido que Asahi la decorara. Había quedado bastante bien, le daría un toque nuevo a mi look de siempre y eso era bueno en un fotógrafo.
Primero hice mi trabajo de becario y después el de fotógrafo. Iba de un lado a otro. Me sentía perdido en las dos redacciones, aunque eran prácticamente de la misma cadena. Una se dedicaba a la televisión y otra a la tirada de la prensa de la ciudad, tanto diario gratuito como revistas especializadas y diario de pago y online.
Las fotografías que tenía que hacer era de los nuevos accesos a la playa, de las oficinas de información, fotografías costeras y de la competición de surf. También tendría que hacer pequeñas fotos a los negocios a pie de playa, además de hacer unas pequeñas indagaciones para que mi compañera se basara en esos datos y en los de otros años, por lo demás ella tenía que montarlo todo y explayarse.
Y así pasaron tres días, tres insufribles días. Era como esperar el día del juicio final sabiendo que tú puedes solucionarlo, pero que sólo puedes hacerlo en el momento justo. Me sentía con ganas de tirarme de la piel, estaba insufrible. Asahi no paraba de hablar de la playa, de las fotografías que había visto en la revista y las cuales había hecho yo.
-Quiero ir con Teru a la playa, papá tú tienes que venir.-decía imitando la fotografía en su libreta.-Quiero hacer castillos enormes, quiero hacerlos aunque se los lleve el agua y quiero comer helado.-sonreí cuando dijo aquello mirándome con una enorme sonrisa.-Papi quiero ir con mi bañador de peces de colores y tú lleva el de surf. ¿Por qué ya no haces surf?-preguntó tirando leve de mi camiseta.-Antes hacías surf
-Porque papá tuvo que vender la tabla para poderte comprar los regalos de navidad.-dije tomándolo del rostro.-Pero a papá no le importa, porque tú disfrutas de tus juguetes.-me abrazó y volvió al dibujo.
Sonó el teléfono móvil, pensé que sería para preguntarme si podía ir más temprano al trabajo. Si bien, estaba totalmente equivocado. Era él, era Teru.
-Creo que ya es momento para vernos.-podía imaginar la expresión de su rostro, así como su ropa y sus cabellos revueltos. Podía imaginarlo por completo diciéndome aquello directamente a la cara, sin miedo alguno de fundirse con mi mirada y dejar que lo atrapara.-¿Qué tal mañana a eso de las cinco en el Motel The Night?
-Perfecto.-respondí.-¿Habitación?
-No lo sé, mañana te mando un sms sobre esa hora y te digo en cual.-su voz era dulce y cálida, aunque parecía preocupado y como si hubiera estado llorando.
-Vale.
Colgó y yo también cerré la llamada. Me quedé mirando fijamente el dibujo de Asahi, era un enorme castillo y el mar de fondo. Para ser un niño de cinco años dibujaba como uno de diez. Los grandes genios siempre mostraron su valía mucho antes de la pubertad. Teru tenía razón en muchas cosas, creo que me gustaba escucharlo porque siempre daba respuestas lógicas y eso hizo que me enamorara de él. Escucharlo a diario hablar de mi hijo con orgullo, de su trabajo como pintor, de su pasión por la literatura y la música.
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