Durante la mañana logré que Max viniera por Asahi. Yo tomé esa mañana como descanso. Dormí hasta la hora del almuerzo y pedí algo ligero a un restaurante cercano. Después del almuerzo me duché y me puse en dirección al hotel.
“Esto es una locura. No debería hacer lo que hago. Tiene pareja, no soy nadie en estos momentos. Tal vez sólo juega y yo he caído en el juego. Posiblemente sólo está molesto con ese Yuki y me toma como consolador. Pero sea como sea lo quiero, quiero tenerlo conmigo. Esta locura la necesito, quiero besarlo y estrecharlo. ¡Maldita sea!”
Estaba por no ir, por echarme atrás por unos segundos pero luego lo pensé bien. Era mi oportunidad de ser feliz, tal vez era la única que tendría en mucho tiempo. No podía dejar desperdiciar algo así, además él no era ese tipo de personas. Se veía claramente que sí estaba interesado en mí, que no era una válvula de escape. Quería tenerlo y lo iba a tener.
Y fui, lo hicimos y me sentí libre. El cigarrillo jamás me fue tan relajante, como tampoco el agua supo tan bien. Ese sexo me quitó el peso de todo. Pero realmente no fue sólo el acto en sí, el tenerlo conmigo. Ya no tenía que preguntarme dónde estaba, qué estaría haciendo, si era feliz y si estaba con él. Ya no tenía que preocuparme por nada, sólo por disfrutarlo.
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