
Sabía bien que estaba en brazos de otro, que podía estarle diciendo las mismas palabras que me había dicho a mí. Saber que su cuerpo era rozado por manos que no eran mías me envenenaba, quería correr hacia su casa y despertar a todo el barrio gritando que era mío, mío y no de él. No tenía mucho que hacer en contra de su pareja, era el otro y podía perder más que el orgullo en el camino.
Si me hubieran dicho un año atrás que estaría enamorado de un hombre seguro que me hubiera reído, sería el mejor chiste que hubiera escuchado en mucho tiempo y no lo creería jamás. Si bien, él se había metido en mi mente, me había hecho caer hasta el más profundo pozo de desesperación y ahí me quedé buscando la salida o que él me echara una soga para que así acabara con todo. Ahora, me sin embargo hubiera dado cualquier cosa por saberlo y poder alejarme antes que sucediera.
No tengo nada que ofrecerle, tan sólo soy un hombre que ha luchado por cuidar a su hijo y por salir del agujero donde me recluyó mi ex. Mi honor estaba tirado por los suelos hecho mil pedazos, mis esperanzas se fueron como el humo de un cigarrillo y mis ánimos eran nulos. Me fui de Japón buscando un destino mejor para ambos, algo que me motivara y ese algo fue el trabajo de fotógrafo.
Acabo de terminar mi carrera como periodista, después de años, pero cuando llegué a la ciudad sólo tenía mis estudios como fotógrafo y gracias a estos sobreviví realizando trabajos para una agencia, agencia que luego me dio la oportunidad de contratarme fijo en plantilla. Era lo único que tenía, además de mi hijo y un piso cutre prácticamente en la carretera de acceso a la ciudad.
¿Qué es eso para él? Cuando lo vi por primera vez pensé que era simplemente el secretario de uno de los empresarios con más renombre en la ciudad, el increíble y misterioso Kamijo Yuuji. Después supe que simplemente cubría ese trabajo por amistad, que no le faltaba el dinero y más bien le sobraba. Lo traté como un crío estúpido y el único estúpido fui yo.
Aún recuerdo las prisas de aquella mañana, pero sobretodo esa noche en vela cuidando a Asahi. Mi hijo tenía fiebre y no se bajaba, aunque no era demasiado alta. Estuve tentado por llevarlo a urgencias, pero decidí que mejor sería hacerlo en la tarde. Por la mañana la niñera dijo que no podía venir a cuidarlo, no podía pedirle a mis amigos que se quedaran porque tenían sus empleos y sólo quedó la vecina.
Cada vez que lo pienso no sé como llegué a tiempo, corrí para llegar al metro, en el metro corrí para llegar al andén porque estaba a punto de cerrar las puertas el vehículo y después prisas por la escalerilla hacia la superficie. Al llegar mi corazón parecía salir de mi pecho. Tenía que estar a tiempo en el teatro Darkness, su dueño Kamijo Yuuji quería un reportaje fotográfico para añadirlo a la entrevista que le habían realizado sobre las remodeladas instalaciones. Sin embargo, nada más llegar me puso frente a Teru disculpándose ya que se sentía fatigado. Había corrido, casi caído a las vías del metro, para que un mocoso me dijera qué fotos tomar.
Pero mi concepto de él cambió cuando mi vecina se personó con el niño. Decía que era incorregible, que no lo soportaba y que hiciera el favor que jamás le pidiera volver a quedarse con él. Asahi estaba siendo tan impertinente como siempre y eso me metía en líos a mí. Pedí disculpas, aunque no valieron para nada.
Lo llevé donde estaba realizando la sesión, él estaba allí esperando que terminara para poder cerrar la sala. No dijo nada, más bien permitió que ambos discutiéramos frente a él como si no estuviera.
-¿Por qué no te has portado bien?-pregunté acomodando sus cabellos para luego ponerle bien una zapatilla que tenía con los cordones sueltos.-No tenía para dejarte con una niñera, ahora esa mujer no me hará más favores.-estaba algo molesto, porque siempre pasaba lo mismo.
-¡Yo no tengo culpa! ¡Yo quería dibujos!-exclamó quedándose con una mirada furiosa, frunciendo el ceño y empezando a inflar los mofletes.
-¿Ah sí? Pues ahora sí que no los vas a ver en una semana.-respondí intentando imponerme, pero él lo tomó muy mal. Agarró la lata de refresco que tenía cerca, la cual había dejado ahí mientras terminaba la sesión, y me la tiró a la cabeza.-¡Será un mes!
-¡Si haces eso le diré a tu nueva novia quién soy!-esa frase significaba dejar de contar mis mentiras, porque además de ser un pobre diablo soy un mentiroso. Siempre lo presentaba como mi hermano, debido a mi aspecto parezco un hombre mucho más joven y me permite mentir ante algo tan serio como un hijo.-¡Se lo diré! ¡Y a la vecina! ¡Y a todos! ¡A todos! ¡Y a él!
-Tú ganas.-dije molesto porque me chantajeaba mi hijo, un crío de cinco años.
-Quiero dibujar.-murmuró rascándose la nariz.-Quiero pintar ahí arriba.-dijo señalando la cúpula recién restaurada.
-No vas a dibujar, no hay cuadernos de dibujo para ti, y ya nos vamos a casa.-me senté a su lado intentando tranquilizarme.
-Inútil.-murmuró.-Ya lo decía mamá, eres un inútil.
-No me hagas castigarte.-dije serio, tan serio que se quedó callado.
-Seré bueno.-balbuceó antes de frotarse los ojos.
Así se conocieron. Mi hijo se volvió insufrible cuando no lo veía, era imposible tranquilizarlo. Teru, como así se llama él, se comprometió a ser su profesor de dibujo ya que decía que tenía talento. Yo sabía que mi hijo era capaz de dibujar a su forma cualquier cosa, tenía mucha imaginación y en parte eso le hizo superar el abandono de su madre y la vida que llevábamos.
Cada día que mi hijo iba a pintar yo lo usaba para desahogarme en el gimnasio, allí conocí a Hizaki y Max. Aunque Max trabajaba para la misma revista, era un hombre curioso y también bromista como yo. Teníamos casi la misma edad y congeniábamos bien. Cuando conté sobre las clases de Asahi dijo que era lo mejor, que así no me preocuparía tanto y siendo amigo de Kamijo tenía total confianza. Él conocía a Kamijo debido a que su pareja era el bajo de una de las nuevas bandas de la ciudad, aunque ninguno había nacido en ella sino en Japón, el líder era Atsushi Sakurai, un monstruo en el escenario y hasta hacía unos años un monstruo de la política. Kamijo había pedido proyectos a la banda de su pareja, de eso lo conocía. Hizaki sin embargo conocía más profundamente a Kamijo, le tenía como un amigo y casi como un segundo padre. Él era casi un adolescente pero era padre, como nosotros dos, y también hermano de un niño con talento para la pintura. Ambos estaban seguros que todo iría mejor con esa decisión.
Nuestros mundos quedaron unidos. Supe más de él que de mi mismo.
Cuando iba a recoger a mi hijo él siempre me recibía con un poco de té invitándome a que esperara. Ambos nos quedábamos sentados observando como dibujaba olvidando mis problemas de dinero, mis problemas para ser padre y mis mentiras. Teru ya sabía que era mi hijo, el mismo día que nos conocimos terminó conociendo la verdad. Lejos de darle lástima, que era lo que solía evitar, fue bastante amable. Poco a poco supe su edad, que era cercana a la mía, y no sólo eso. Era agradable conversar con él, aunque fueran de cosas sin importancia.
Una noche decidí salir hasta altas horas de la madrugada, me emborraché y terminé llamándolo a él cuando pensaba que hablaba con Max. Estaba ebrio, estaba demasiado oscuro y él siempre tenía una figura androgina. Terminé acosándolo hasta que me permitió besar sus labios, hasta prácticamente desnudarlo en pleno callejón. Cuando noté que era un hombre me asusté, después supe que era él.
Mis sentimientos comenzaron a ser contradictorios y me enfurecí, le eché la culpa de todo y lo traté demasiado mal. Él sin embargo me acompañó a casa y cuidó por mi salud, a pesar que deseaba molerme a golpes. Después de aquello no pude sacarme su cuerpo de mi mente, de preguntarme si sería capaz de llegar hasta el final y también el porqué me preguntaba todo aquello si era heterosexual.
No estaba seguro, mucho menos después de volver a besarlo al día siguiente en el zoo, ya que mi hijo quería ir allí. Me sentía estúpido, aún más estúpido que de costumbre. Para colmo Asahi pidió que durmiera en casa y yo traté de aprovecharme en plena noche. Adormilado me confundió con otro, pero él decía que no tenía a nadie e incluso por momentos pensé que me deseaba. Pero conociendo su historia, conociendo bien que había acabado por terceras personas con el hombre que amaba... me di cuenta que era estúpido ilusionarme con algo así.
Después ese hombre regresó. Pensé que podría competir, sin embargo no se puede competir con alguien que te supera en todo. No lo conocía más allá del físico y poco más, pero se notaba que era superior a mí. Mis ilusiones volvieron a nacer cuando vi a ese maldito con una mujer, lo que creí una mujer, me precipité a comprarle algo caro, a pesar de quedarme sin casi dinero para terminar el mes.
Yo creí que lo habían vuelto a dejar. Que tenía una posibilidad y que podría usar su debilidad en esos momentos. Era un juego sucio, pero era la única oportunidad. Aunque no contaba que esa mujer fuera él, que hubiera permitido que lo vistiera de mujer y lo paseara del brazo como tal. Sin embargo, él y yo acabamos teniendo sexo en el coche cerca del lago.
Y en ese punto estaba. Él estaba engañando a su pareja y yo engañándome a mí mismo con que todo saldría bien. Pero los celos me podían, quería golpearlo hasta el cansancio y quedarme con su presa. Teru debía ser mío. Yo tenía que cuidar de él, aunque no tuviera un centavo.
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