Jun
Daba mi última calada al cigarrillo. Fumaba cada vez más, era un vicio que había adquirido con sólo dieciséis años y rogaba porque mi padre no se diera cuenta. Tenía dieciocho, aún vivía bajo su techo y por lo tanto tendría que obedecerlo. Sus reglas eran a veces muy estrictas, pero todo se suavizaba en cuanto Phoenix, mi otro padre, aparecía en escena regalándose el oído.
Aunque suene extraño esperaba a mis sobrinos, los cuales tenían tan sólo unos meses menos que yo y era curioso porque todo el mundo pensaba que éramos hermanos. Mi familia es algo extraña, por no decir demasiado. Yo en realidad no soy hijo de mi padre, ni de Phoenix ni de Atsushi, sé que soy su sobrino y no su hijo; sin embargo sé que él me quiere como si lo fuera y yo a él, a pesar de que sea un maldito pervertido y que en ocasiones sea duro conmigo.
A lo lejos vi aparecer a Takumi calando su cigarrillo, al igual que yo. Se quedó a mi lado sin decir nada, parecía tranquilo aunque la expresión de su mirada demostraba todo lo contrario. Ambos nos quedamos sin decir nada, tan sólo fumando y esperando al resto. Creo que él era muy parecido a mi padre, tanto como yo, y eso sería porque mi hermano Hizaki era un calco de nuestro padre. Él también tenía dos padres, había sido criado por dos hombres y uno de ellos era tan delicado como una mujer. Olivier era el nombre del hombre que le había criado como hijo propio, tan parecido a Clarissa como diferente a su vez. Clarissa era la madre de mi hermano.
Ambos giramos el rostro hacia el final de la calle y escuchamos el estruendo. Yutaka y Momo aparecían en escena. Yutaka no paraba de estrujar un maldito peluche rosado, uno de esos peluches que nos hacía nuestro tío “Uta”. Momo calaba su cigarro, de aromas a cerezas, mientras pateaba una lata con sus new rock. Ellos eran los hijos de mi hermana Miho. Miho no era hija de Clarissa, sino de Megumi. Ella era la mayor de mis hermanos, creo que la más parecida en genio y figura a nuestro padre. Sus hijos eran mestizos, el padre de ellos era un hombre procedente de Mónaco pero con raíces londinenses.
Tras ellos iba mi primo pequeño, Chistian, que tan sólo tenía diez años, y bufaba porque lo estaban dejando atrás. Era el hijo de Hero. Hero era mi hermano favorito, creo que porque cuando era niño me dejaba jugar con sus temperas y pintar en los lienzos que siempre cargaba. Su cuerpo parecía frágil, era de constitución muy delgada y sus ojos eran azules glaciales como los de Clarissa. Hero se había divorciado hacía unos meses, por eso el niño siempre venía con nosotros. Había sucedido prácticamente lo mismo que mi hermano vivió, una separación, pero esta vez su padre no se fue con otro hombre sino con otra mujer, mucho más joven que su anterior esposa y con un gusto exquisito para el arte.
Momo caló el cigarro frente a mí y me lo echó en toda la cara. Yo simplemente eché hacia atrás mis largos cabellos y la agarré de la ropa de forma desafiante. Takumi me agarró el brazo, mientras Yutaka y Chistian se sentaban junto a nosotros.
-¡Suéltame!-gritó ella frunciendo el ceño.
-¡No me eches más el humo en la cara!-respondí mientras notaba como Takumi oprimía más mi brazo.-¡Animal que me lo vas a romper!
-¡Parad ya los dos de una puñetera vez!-gruñó a ambos haciéndome sentir ridículo, porque supuestamente yo era el mayor y no era el más adulto de todos.
Calle abajo veía Nícolas, el hijo adoptivo de Lionel. Lionel no era familia mía, pero sí había sido parte de mi infancia y juventud. Él se había casado con el enemigo de mi padre, por así decirlo, ya que tenían sus viejas rencillas; sin embargo tanto Lionel como Phoenix eran amigos y él fue uno de mis compañeros de juegos infantiles. Era tan estúpidamente inocente como Lionel, pero tenía la malicia intrínseca de Taylor. Taylor era el esposo de Lionel, el que comenté antes, y que era de origen asiático. Lo curioso de todo el asunto es que realmente Nícolas parecía la mezcla perfecta de ambos hombres. Era un mestizo de bucles dorados y ojos azules con una estructura ósea perfecta para la lucha, si bien al muy inútil le daba miedo pegarse.
Junto a Nícolas apareció Kamijo. Kamijo era un joven esbelto y muy andrógino. Su padre era Kamijo, el mejor amigo de mi padre, y Jasmine, otro amigo de mi otro padre. Jasmine era hombre aunque aparentaba todo lo contrario. Él no había sido adoptado, pero tampoco concebido como es la costumbre, era un niño probeta de vientre de alquiler. Emma la mejor amiga de Kamijo le concedió poder darle un niño, sano y fuerte, para que él y Jasmine lo disfrutaran. Su aspecto sereno era como el de su padre, al que le debía su nombre, pero su lado bromista era de su otro progenitor además de su gusto por la moda. El gusto y pasión por la moda también lo poseía Takumi, aunque él no era diseñador sino modelo.
-¡Ya estamos todos!-dijo Yutaka.-¡Vamos al parque de atracciones! ¡Quiero nube de caramelo!
-Espera inútil queda Midori.-respondí dándole un golpe en la frente.
-Esa siempre llega tarde, no sé porque tiene que arreglarse tanto si sólo vamos a ir a los coches de choque.-comentó Momo sentándose sobre mis piernas.
-¿Cómoda?-dije con los ojos entrecerrados.
-Espera.-dio un bote que me estremeció, la muy desgraciada me golpeó en toda la entrepierna.-Ahora perfecta.-dijo pestañeando con total inocencia. No la golpeé porque era menor y mujer, pero ganas no me faltaron.
Algunos claxon comenzaron a sonar y silbidos, al girarnos la vimos a ella completamente embutida en unos jeans anchos, una boina francesa y una escotada camiseta. Ella era la hija adoptiva de nuestro tío Uta. Tenía veinte años y una belleza asiática que haría temblar las baldosas de toda la ciudad con un sólo pestañeo. Momo era preciosa, pero una preciosa niña Punk. Ella era simplemente perfecta. Sabía cocinar, sabía coser los trapos que diseñaba Kamijo y a la vez ganaba a cualquiera de nosotros al poker. También era una haker perfecta, sabía conseguir cualquier clave y todo eso se lo debía a Max. Max era la pareja de Uta, su otro padre por así decirlo.
-Hola.-dijo un hola y todos los que estábamos allí, excepto Yutaka y Kamijo, caímos redondos a sus pies. Momo simplemente la miraba desafiante.-Te traje una cosa.-murmuró sacando un bizcocho de chocolate.-Gracias por prestarme aquella falda de cuadros, fuiste muy amable.-la expresión de Momo cambió absolutamente y se tiró sobre ella restregándose.
-¡Te quiero!-fue lo único que decía incesantemente, generando en nosotros las más pervertidas imágenes lesbicas que jamás un adolescente ha tenido.
Ellas se llevaban bien, pero siempre se molestaban mutuamente por tonterías. Momo no entendía porqué llegaba siempre tarde y tampoco porque le gustaba lucirse con los hombres, cuando ella después daba un no por respuesta a quien se acercaba; Midori no entendía que Momo no viera divertido molestar a los chicos de aquella forma.
Atsushi Takumi
Hacía días que no veía a Yutaka. Él era el motivo por el cual siempre aceptaba salir todos en pandilla. Creo que siempre me gustó, que siempre deseé protegerle como lo hacía mi padre con Olivier. Parecía una maldición, todo Atsushi cae rendido a los pies de un Yutaka. Mi abuelo había amado a uno como él durante casi toda su vida, hasta que apareció Phoenix y le hizo olvidar por completo la pasión que sentía por su amor de juventud. Aunque he de decir que también amó a mi abuela Clarissa, una mujer que todos veían fría y que yo por extraño que pareciera al contemplarla sentía una dulzura especial en su mirada.
Me había puesto unos jeans amplios y algo rotos, los favoritos de Yutaka según él. A veces le dejaba ropa, hasta que di un estirón tan grande que él quedó bajito. Yo medía un metro noventa, los demás un metro ochenta menos Momo y él. Ellos se quedaron en el metro setenta y ya era imposible prestarles nada. Aunque ella siempre me pedía mis chupas de cuero observándome con cara de cachorro. Ambos se parecían demasiado y eran mi debilidad, sin embargo a quien amaba en secreto era a él.
Al llegar allí estaba Jun vestido de gótico con cara de gato callejero. Sus cabellos negros hasta más allá de la cintura, su ropa de cuero, sus anillos de plata cubriendo sus dedos y aquellas pulseras de pincho... daban una imagen totalmente distinta a como era. Era un buen chico algo receloso de todo el mundo, pero eso lo somos todos. Él había empezado a fumar unos meses antes que yo, la misma marca de cigarros que había dejado de fumar décadas antes nuestro abuelo.
No dijimos nada, tan sólo nos miramos y esperamos al resto. Todos fueron llegando, pero desde que Yutaka se posó frente a mí yo dejé de pensar en el mundo. Momo y él habían aparecido con el pequeño Chistian. Sin embargo, como no, Jun y Momo comenzaron a molestarse; esos dos no aprendían, siempre estaban buscándose las cosquillas. Pronto llegó Nícolas y Kamijo. Debo de admitir que Kamijo era un joven extraño que me recordaba a Oly, pero su atracción no era tan fuerte como el amor que podía sentir por Yutaka. Antes de ponernos en marcha teníamos que esperar a Midori. Ella era la mayor del grupo y he de decir que, aunque amaba a Yutaka, los ojos se me iban en aquellas tremendas curvas.
-¡Quiero dulces! ¡Quiero dulces!-gritaba por el camino Yutaka, más bien canturreaba.-¿No quieres dulces Atsu?-él era el único que me llamaba Atsu, los demás todos Takumi o Kumi. Kumi era el apodo que me dio Olivier desde la cuna, aunque tenía varios que odiaba con toda mi podrida alma. Uno de los padres de Midori era Max, Max era el novio de su padre adoptivo Yutaka y tío de todos nosotros por así decirlo, y su forma favorita de llamarme era con referencia a cualquier insecto que a él se le pasara por la mente.
-Yo te compraré dulces.-dije cerca de su oído y él se sonrojó apretando con fuerza el peluche.-Y te conseguiré algo en una de las tómbolas.
-Deja de intentar seducir a mi hermano cucaracha.-y ahí estaba uno de esos motes que tanto odiaba y de labios de Momo.
-¡No estoy intentando seducirlo!-respondí recriminándole algo cierto, demasiado cierto.
-Os portaís como críos.-murmuró Midori.
-Sí se portan como críos sobretodo Nícolas.-dijo Momo tirándole de la oreja.
-¡Ay! ¡Mi pendiente!-gritó mientras le retorcían, y bien, la oreja.
-¡Deja de mirar las brevas a mi prima!-gritó jalándole una y otra vez.
-¡Yo no tengo la culpa de que mis ojos tengan mirada propia!-decía algo avergonzado, ya que estaba enamorado de Midori y ella jamás le hacía caso.
Kamijo simplemente se puso a la altura de mi tío Jun algo nervioso, lo notaba, pero él simplemente sonreía tras sus gafas de sol. Tenía dieciséis años, de los adolescentes allí reunidos era el menor, y parecía desear que él le hiciera caso. Noches atrás habíamos jugado a beso, verdad o atrevimiento... y Jun besó a Kamijo. Eran buenos amigos, tenían gustos parecidos en música, pero sabía que Jun tenía los ojos puestos en Yutaka. Sin embargo, quien se iba a llevar a Yutaka era yo, no él.
-¿Me puedes conseguir un peluche a mí también?-dijo Chris agarrándome de la manga de mi chupa.
-Claro.-sonreí acariciando sus cabellos y él me devolvió su sonrisa.
Según mi abuelo ambos le recordábamos a mi padre y a mi tío Hero. Siempre estaban juntos y siempre se ayudaban. Yo deseaba un hermanito cuando niño, creo que atosigaba a Olivier pidiéndoselo y diciéndole que quería que llamara a la cigüeña. Sin embargo, al crecer me di cuenta que únicamente podrían quedarse en estado las mujeres. Cuando nació Chris tuve un hermano al fin, ya que Hero a veces lo dejaba en casa para que lo cuidáramos.
Entonces a lo lejos me pareció ver una figura conocida, alguien que fue mi niñero también en más de una ocasión. Era Cat y junto a él estaba Amaury, Axel, Eduart y Sam. Axel y Cat eran pareja, Cat en realidad se llamaba Eric. Eduart era el hijo de Eduart Josep, el padre de Momo y Yutaka, e iba con Sam que era su pareja y algo mayor que él. Amaury tenía treinta y seis, pero se veía mucho más joven y sabía que Momo estaba enamorada de él. Axel, Eduart y Eric eran de edades parecidas a Amaury, o el Dios de la Sangre u Oscuro como se hacía llamar en sus canciones, pero Sam tenía veinte años más que todos ellos, prácticamente.
-¡Tito Ama!-gritó Momo corriendo hacia él para quedarse enganchada en su cuello.
-Hola Momo.-dijo acariciando sus cabellos.-Te quedan bien mis viejas botas.-comentó observándola como se observa a una hija, claro que eso le reventaba a ella por dentro.
-¡Mis niños!-gritó Eric corriendo hacia nosotros y nos besó, a todos, como cualquier gato zalamero.
-Deja de besarlos, chingado.-eso era un gruñido de su greñudo y rubio amante.
Todos habían corrido suertes distintas. Eric seguía siendo modelo, aunque ya se dedicaba más al diseño y de vez en cuando desarrollaba su profesión de abogado. Y cuando desarrollaba esa profesión era para sacar de líos a su pareja. Eric deseaba ser padre, veía a un niño y su instinto paternal se desarrollaba. Por eso siempre estaba pidiéndole a Hero que dejara a Chris que se dejara con ellos en casa, que le dejara ayudarle con los deberes. Axel no estaba por la labor de concederle ese capricho y siempre escurría el bulto ante cualquier comentario que se hiciera al respecto.
Eduart y Sam eran parte de la policía. Sam seguía como jefe de la policía e investigador privado en sus ratos libres. Eduart se especializó en antropología, entre otros campos, para ser el mejor investigador en casos de asesinato. Eduart era sereno, no quería tener hijos porque sus hermanos habían sido prácticamente hijos suyos. Sam odiaba las responsabilidades más allá de su profesión.
Amaury era el único soltero, después de que nuevamente su pareja de siempre lo dejara no quiso volver con nadie. Llevaba tres años sin nadie en su vida, dedicado por completo a la música.
Yutaka Jr.
Estaba algo nervioso porque íbamos a ir al parque de atracciones, yo quería montar en todo y lo quería hacer junto a mi Atsushi. Pero en parte no me decidía. Días atrás mi tío Jun besó a Kamijo y algo en mí me hizo revolverme. Tal vez era porque ambos se parecían y porque yo tenía trauma con el cabello largo, como mi hermana. Sin embargo, Atsushi le gustaba cortarse el pelo como nuestro abuelo o como su padre. Yo lo quería con el pelo largo, poder juguetear con él sin que nadie se diera cuenta de mis intenciones. Llevaba conmigo el peluche que me regaló mi tío Yutaka, a los dos nos dio uno, y yo estaba enamorado de aquel muñeco viejo pero bien conservado.
-Nos va a pillar el puto toro.-comentaba Momo colocándose bien el gloss de labios.-Dijo Edu que estaría por allí con los demás.-Eduart era nuestro hermano mayor, al cual admiraba. Papá siempre nos decía que debíamos de hacerle caso en todo a nuestro hermano, que él nos cuidaría cuando saliera de viaje. Ahora estaba en Barcelona cerrando unos acuerdos con una multinacional, mamá siempre se quedaba en casa componiendo canciones para su nuevo grupo. Toda la familia tenía dotes artísticas, unos más y otros menos. Yo simplemente tenía dotes para bailar, la cocina y el bajo. El bajo lo aprendí a tocar gracias a mi tío Yutaka y a mi tío Cat.
-Y claro los demás es Amaury.-dije mirándola fijamente apoyado en el lavabo. Éramos muy parecidos, pero no sabía si ella también había notado que me había enamorado como un estúpido. Tenía recortes de revistas con las fotos de nuestro primo, todas de las revistas de moda donde posaba con naturalidad y una sensualidad típica de mi tío Hizaki.
-¡Qué dices idiota!-gritó mirándome como si fuera a fusilarme.-A mi no me gusta el uke amante de los chocolates.-sin embargo ese sonrojo lo decía todo.
-Chicos, Jun llamó hace una hora para que fuerais hacia el cruce de la avenida de la música, seguro que ya está allí.-la voz de nuestra madre a veces sonaba como un sargento, en otras demasiado dulce.
-Mamá.-dije mirándola fijamente.-¿La abuela Megumi cuando va a venir?-pregunté.-Quiero ver al abuelo Mario y que me enseñe a jugar mejor al poker.
-Tú lo que quieres es que te enseñe a ganarme, pero para eso hay que nacer.-respondió mi hermana con aires de superioridad.
-Te he dicho que han ido a Italia unos días, pero que volverán para Navidad.-comentó acercándose a mí para acomodarme bien los cabellos.-No sé como lo haces, siempre tienes el flequillo todo arremolinado.-murmuró.-A ver.-con Momo era distinta, creo que conmigo era aún más dulce porque le recordaba a su tío.
El tío Uta seguía viviendo cerca, con su pareja, y Midori había dicho que venía. Midori era nuestra prima, por así decirlo, ya que era la hija adoptiva de Uta. Era algo mayor que nosotros, pero sin duda era la hija de aquellos dos. Loca, dulce, sensual, atrevida y experta cocinera. Tenía todo lo que un chico podía soñar de una chica, claro un chico heterosexual. Yo con ella sólo hablaba de dulces y de videojuegos.
-Mamá deja al inútil que se peine solo, total no va a conseguir novio aunque le pongas una bolsa en la cabeza.-la miré con esos ojos de furia tan parecidos a mi abuelo y mi madre me abrazó.
-No pongas esos ojos, te pones igual que el feo de tu abuelo.-dijo besando mi mejilla.-Y tú Momo no seas cruel, él puede tener al chico que quiera.
-Aja... pero el que le gusta no creo que esté interesado en él ¿o sí?-dijo alzando y bajando las cejas y yo me agazapé junto a nuestra madre.
-Anda id con vuestros primos y disfrutad.-acomodó sobre mi cabeza una gorra estilo francés y sonrió.-Así te ves muy mono.-no sé porqué pero a veces me sentía un muñeco al que vestí y desvestía a su antojo.
-Bah, este ni con kilos de maquillaje se pone mono.-
-Pues tú tienes mi misma cara niña de las coletas.-un tic en su ojo izquierdo, el tic de los Sakurai. Sabía porqué lo hacía, porque odiaba que le recordara sus peinados de cuando era niña.
-¡Vas a morir Yutaka!-gritó correteándome mientras yo intentaba alcanzar la salida.
Cuando al final se tranquilizó vimos a mi Atsushi y a Jun. Ambos estaban fumando pero no me importaba, ya me acostumbré a verlos en esa pose de chicos duros de matar. Quería besar a Takumi en la mejilla y quedarme aferrado a él, pero no era mi novio ni se vería normal que lo hiciera por ser simplemente mi primo. Por el camino se unió Chris, su padre lo bajó del coche cuando nos vio. Chris era nuestro primo pequeño, era el hijo de nuestro tío Hero.
A veces creo que pensaba que Jun y Momo acabarían juntos, porque se molestaban más de lo normal como aquel día. Sin embargo, al llegar al parque de atracciones se lanzó sobre Amaury sin importarle nada.
Amaury era todo un personaje. Un hombre que realmente apreciabas u odiabas. Entendía a mi hermana que estuviera enamorada de él, era casi veinte años mayor que ella y eso en nuestra familia parecía ser lo habitual. Nuestro abuelo tenía una pareja veinte años menor, mi tío Hizaki tenía un novio seis años mayor, mi tío Hero salía con una chica de veinte años y mi madre se enamoró de un hombre de casi cuarenta años cuando ella tenía a penas veinticuatro. Claro que no podía olvidar a nuestro hermano Eduart, él tenía un novio quince años mayor, y nuestro tío Yutaka tenía un marido diez años menor. Mi hermana seguía la estela familiar.
Con nosotros iba también Kamijo y Nícolas. Ellos dos no eran de la familia, pero se habían criado como si lo fueran. Eran los hijos de parejas cercanas a mi padre, a mi hermano, a mis abuelos y en definitiva a todos. Nícolas era guapo, pero a veces demasiado inocente aunque hacía bromas pesadas que detestaba. Kamijo y yo éramos muy cercanos, sabía de su amor platónico por Jun y él el mío por Atsushi. Nícolas era heterosexual, creo que el único heterosexual en el grupo junto con mi hermana y Midori. Chris apuntaba maneras homosexuales, pero él lo ocultaba siempre. Nícolas estaba enamorado de Midori, sin embargo se hacía el despistado cuando ella le incitaba.
Cat empezó a besarnos a todos, me hizo sentirme pequeño como cuando nos agarraba para sus experimentos raros de maquillaje con D. D era un chico que antes rondaba siempre a Amaury, hasta que se volvió a Rusia y ya no se supo más de él. Kamijo se pegó a Jun simulando que se caía, se quedó bien pegado a él rojo como un tomate.
-¡Quiero dulces!-grité cuando recordé lo que me había dicho minutos antes Atsushi, dijo que me conseguiría algo de la tómbola y dulces, quería lo segundo más que lo primero.
-Ven cariño, si quieres te lo compro yo.-dijo mi hermano mayor estirando su mano como si yo aún fuera un niño. Sin embargo la acepté y me pegué a él con una sonrisa en mis labios. Atsushi miró todo con ojos de aguilucho o más bien de gato callejero.
Nícolas
¿Quién dijo que la inocencia era absoluta? Nadie. Yo era uno de esos niños de la calle, de los que habían nacido con mala estrella. Perdí a mi padre antes de nacer, después a mi madre y por desgracia a mi abuela. Sé que lo último fue cosa de mi padre Taylor, pero reconozco que lo hizo porque mi otro padre hubiera sufrido horrores al separarme de él. Para mí Lionel era mi padre. Siempre lo quise, era mío y de nadie más. Los demás padres no jugaban con sus hijos, no se revolcaban por el suelo ni contaban buenos cuentos. Lionel era distinto y por eso lo quería. La dulzura de aquel hombre era lo que yo necesitaba, lo sabía desde bien pequeño. Con tres años caí en sus brazos para siempre y ahí me acomodé.
Taylor comenzó a quererme, a desearme como hijo, y a concederme caprichos a la vez que era severo y quería las mejores notas en mis boletines. Me hizo ser competitivo en ese aspecto, a desarrollar mi mente más allá de mis posibilidades habituales y ser astuto. Sin embargo, la dulzura de Lionel era contagiosa y yo era parecido a él en carácter.
Esa es mi historia, pero no acaba aquí.
Dicen que los hijos de los amigos son los amigos de tus hijos, es una gran verdad. Me hice amigo de Kamijo y de Jun, junto al resto de niños Sakurai, porque ellos estaban en el mismo vínculo afectivo de amistad que mi padre Lionel. Yo soy mucho más intelectual de lo que creen todos ellos, pero mi sonrojo y mis bromas estúpidas cuando me pongo nervioso... dejan mucho que desear y que pensar. Sobretodo me pongo nervioso cuando aparece Midori en escena, la prima de Momo. Momo es la sobrina de Jun a pesar de tener unos meses menos que él. Momo tiene un hermano que es Yutaka, con él me llevo bien hasta que comienzo a chincharlo porque es mi blanco. Creo que a veces lo hago simplemente porque Jun también lo hace, es algo inevitable.
Midori es una chica que tiene inteligencia, cuerpo y un carácter explosivo como Momo. A pesar de que no me suelen gustar las chicas tan despampanantes, sino más reservadas, me enamoré de ella desde niño y sigo emperrado en ella. Haré mi mejor esfuerzo para conquistarla, aunque no sé hacerlo. He pedido consejo a mi padre Taylor y su respuesta fue obvia: todo Swan sabe conquistar, si no la consigues es que no eres mi hijo. Así que ya no sólo es por amor por lo que la deseo, sino también por maldito orgullo.
Para ir a la cita, con todos los demás, recogí primero a Kamijo. Ese chico era tan andrógino como sus padres, pero con una elegancia innata al igual que sus dones con el piano y el diseño. Caminaba a mi lado en silencio, aunque escuchaba bombear su corazón de forma agitada cuando vio al melenudo de Jun.
Yo era el mayor, junto a Midori. Éramos los adultos, después estaba Jun con dieciocho años justos. En realidad esa salida serviría para celebrar mejor el cumpleaños de Jun. Él no celebraba su cumpleaños en el año de nacimiento, sino en el momento que nació para Atsushi y para Phoenix. Él también era adoptado, pero era un Sakurai auténtico al ser el hijo del hermano menor del señor Atsushi. Mi padre lo detestaba, no a Jun sino a su padre, pero la cosa se volvió menos tirante cuanto más se daba cuenta que Lionel era su mundo. Claro que el orgullo y egocentrismo de mi padre, y del suyo, hacía imposible una conciliación de ambos.
Cuando llegamos al lugar estaban nuestros traumas infantiles, digo traumas porque a veces pasábamos tiempo en manos de aquellos majaras rokeros que tantos quebraderos de cabeza dieron a mi padre, a Taylor. Él siempre decía que rondaban demasiado a su Lionel, como Lionel parecía más una propiedad que un amante él se volvía celoso compulsivo.
Yo no tenía ningún dote especial en aquel grupo, tan sólo mis conocimientos en arte y mis buenas aptitudes físicas para el boxeo. Según Lionel podía ser un perfecto modelo, pero Taylor también me tenía a mí en régimen de propiedad y nadie debía verme en portadas de revistas poco serias.
-Midori ¿quieres que te invite a un helado?-pregunté sin mirarla a los ojos, simplemente al asfalto.
-Hace mucho frío para helado.-quién diría que tenía frío con aquel escote en su camisa, aunque llevaba una chupa de cuero bien gruesa.-¿Por qué no me invitas mejor a un café bien caliente con nata por encima?
-S...sí.-respondí y ella me tomó de la mano entrando al fin al parque de atracciones tras dar nuestras entradas. Fuimos directos a una cafetería, todos, y yo me quedé pegado a ella.
-¡Ay que monos!-gritaba Cat.-¡Os tengo que sacar foto con el móvil! ¡Lionel no se va a creer que su pequeñito ya tiene novia!
-¡No es mi novia!
-¡No es mi novio!
Gritamos prácticamente al unísono y toda la cafetería nos miró extrañados, ambos quedamos rojos y en ridículo en aquel lugar. Me sentí pequeño, diminuto mejor dicho, y que me podían aplastar con facilidad.
Kamijo había hecho sus avances con Jun, Atsushi hacía los suyos con Yutaka y su hermana simplemente estaba sentada en las rodillas de Amaury. Él no la miraba como un platillo deseable, creo que aún veía esa niña adorable de coletas que iba a su bar para que su tito Amaury le diera chocolatinas.
Todos en realidad íbamos al bar de Amaury a por chocolatinas, también nuestros padres. Él siempre invitaba a una copa y conversaban, mientras nosotros nos quedábamos con más chocolate en la cara y las manos que en nuestras tripas. Fue una dulce infancia cerca de ese maldito melenudo que hacía como si nos odiara, pero luego sonreía ante nuestras trastadas.
Me di cuenta de que nuestros padres habían sido jóvenes, que con nuestra edad muchos ya tenían responsabilidades y di gracias de estar aún en la facultad terminando historia del arte. Amaba la historia, me apasionaba el arte, y quería conquistar con mis conocimientos a Midori. A ella le gustaban los intelectuales, así que lo que había conseguido en esos años podía aplicarlo sobre ella.
Entonces ocurrió algo que no todos esperaban, o tal vez sí, Takumi comenzó a besar a Yutaka y este se dejó hacer ante la cara de pasmo de Momo. Eran familia, aquello no estaba del todo bien. Cat clavó sus uñas sobre la mesa y Eduart simplemente se levantó apartándolos.
-No es el momento, ni es el lugar.-recriminó.-Tampoco es que esté de acuerdo con que os beséis, por favor sois primos.-ellos se quedaron sin saber que decir, pero Midori aprovechó ese momento para tirar de mí y poder estar juntos en soledad.
Ese fue el primer día que conseguí besar a una chica, a la chica que había deseado desde niño.
Kamijo
Mis padres siempre deseaban lo mejor para mí, me daban todo el amor que creían que yo aceptaría y me cuidaban. Pero había algo, un hueco, que no conseguía rellenar porque alguien no me daba el amor que deseaba. Jun siempre fue protector conmigo, me hacía pensar que yo era el chico que había elegido amar... sin embargo se notaba sus preferencias por Yutaka. Si bien, Yutaka amaba a Takumi y Takumi estaba predestinado a él por así decirlo. Yo simplemente me quedaba viendo como todos los chicos deseaban estar con él, como yo me quedaba aferrado a mis ganas de amar.
Físicamente era muy parecido a mi padre biológico, Kamijo, tenía su físico y su forma elegante de actuar. Sin embargo, me gustaba la diversión y amaba ir de compras como mi otro padre. Aunque a decir verdad jamás lo vi como padre, sino como madre. Él hacía transformismo a veces para sus fotografías, visual más bien, y su modo delicado de hablar a veces era perturbador.
-¿Llevas suficiente dinero?-me preguntó mi padre cuando dejé de tocar el piano, tan sólo pasaba mis dedos finos por sus teclas.
-Sí, la entrada ya la pagamos y llevo bastante por si quiero tomar algo o ir a las tómbolas.-cuando dije aquello él sonrió y se acercó a mí dándome un par de billetes más, después acarició mi rostro y besó mi frente.-Gracias papá.
-De nada, espero que disfrutes.-comentó apartándose de mí para tomar las partituras que tenía que tocar en el teatro.-Llama a Jasmine cuando llegues donde los chicos, aunque sea un toque al móvil.-era demasiado protector, sabía porqué lo era, sin embargo yo quería que me protegiera Jun.
-Papá.-dije antes de que se marchara hacia la puerta.-Gracias por llevarnos a cenar ayer.
-Fue un regalo, progresas muy bien en la escuela de diseño, así que no deberías de agradecerme nada.-dicho esto me dejó solo en casa y esperé a Nícolas.
Nícolas era el hijo de los amigos de mis padres, como Jun y el resto, era muy agradable siempre que no hiciera el estúpido. Pero yo sabía porqué hacía el idiota tan seguido, Midori le ponía más que nervioso. Al tocar el timbre abrí y lo vi apoyado en la escalera calando un cigarrillo. Yo era de los pocos que no fumaba en ese grupo, lo veía un vicio estúpido.
-¿Vamos?-preguntó y yo asentí.
Durante el camino no hablamos nada que no fuera arte o música, con él se podía hablar tranquilamente de ello y sabía que en parte me veía como algo extraño. Sin embargo, yo intentaba no sentirme inferior al resto porque era un Yuuji.
Al llegar donde los chicos nos pusimos en marcha, yo me pegué mucho a Jun intentando llamar su atención. Sonreía y le miraba fijamente, se notaba que deseaba que me tomara de la mano. Días atrás nos besamos por culpa de un juego y puedo asegurar que aún me temblaban las piernas. Él parecía haberlo olvidado todo y se comportaba como el greñudo de Amaury en los viejos tiempos, aunque siempre Atsushi dijo que ese chico le recordaba a él. Atsushi es el padre de Jun y abuelo de Momo y Yutaka, parte de los chicos con los que me relaciono, además de Takumi Atsushi...
Amaury era un excelente músico, pintor y escritor. Sin embargo, tenía un aura extraña que me aterraba y a la vez me atraía. A todos nos tenía puesto un mote, yo tenía el de huesos. Cuando era niño siempre me levantaba en peso y me dejaba en la barra del bar. Jasmine iba siempre con la pareja de Atsushi al bar, porque allí iba Hizaki en ocasiones con ellos tras días de compras. Siempre paraba a por una copa gratis y para que Amaury viera a Takumi. En el pack de todo aquello iba yo. Amaury me miraba fijamente y sonreía después, solía decir que yo terminaría siendo bueno con las teclas por mis dedos. No le faltó razón. Además me inspiraba su antro de mala muerte, aunque tan de mala muerte no es.
Cuando vimos a Amaury y el resto de “adultos” fuimos a una cafetería del centro de atracciones, para tomar algo caliente y proponer donde ir. Yo me pegué mucho a Jun y él sólo miraba fijamente la Noria.
-¿Podemos ir allí los dos?-pregunté en un susurro.-¿Podemos?
-Oye no molestes, pregúntale a otro.-esa fue su respuesta y la mía fue apoyar mi cabeza sobre su hombro.-¿Qué quieres?
Me sonrojé cuando dijo aquello y me incorporé, pero después me aproximé a su oído. Sabía una tactica que usaba Jasmine con mi padre, no era tonto y a veces los escuchaba. Para conquistar a un hombre, según Yutaka y su tío Uta, era con la comida y la dulzura... sin embargo yo había aprendido que se hacía en la cama.
-¿Quieres hacerlo conmigo?-interrogué avergonzado en su oído.-Quiero ser tu chico.
Él derramó el refresco que había pedido, pero nadie se dio cuenta porque el centro de atención fueron sus sobrinos Takumi y Yutaka. Nícolas y Midori se habían perdido aquello porque estaban fuera besándose. Cat junto a Eduart empezaron a echar un rapapolvo a los dos criajos y Momo se había quedado en shock sobre las piernas de Amaury.
-No se hace así.-dijo Jun mirándome fijamente.-No se hace uno novio de nadie para tener sexo.
-Pero es lo único que puedo darte.-dije en un murmullo mientras los gritos en el local se elevaban.
-Puedes darme mucho más.-respondió con una sonrisa ladina y tan sexy que me dejó pegado al asiento.
Mientras tanto Chris dibujaba sobre una servilleta de papel, como si aquello fuera lo más normal. Aunque teniendo en cuenta de quienes somos, de la historia que llevamos a nuestras espaldas... es todo excesivamente normal y nada fuera de lo común.
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