Y renaceré como el cuervo, te encontraré tras la muerte, para atraparte entre mis garras y destrozar tu cuerpo con mi frenético deseo. Regresaré para amarte.

viernes, 9 de octubre de 2009

MARIO

-Cuando uno tiene una misión debe cumplirla. Un hombre siempre es un hombre, pero lo es menos cuando no tiene cerca su pistola. La verdad de la vida la aprendes cuando tienes alojada una bala y ves brotar tu sangre, junto a la de tu primera victima. El miedo no debe existir, debes negarlo, y mostrar fiereza incluso cuando te apunten con un revolver de cualquier calibre. Un enemigo desmoralizado es una victoria segura. Jamás te des por vencido aunque todo vaya en tu contra, ten en cuenta esto hijo.-fue la conversación más larga que tuve con mi padre. Era un hombre de pocas palabras, seco de carnes y mirada endemoniada. Únicamente veía dulzura en sus ojos cuando miraba a mi madre, a mí siempre me miró con severidad aunque jamás me puso una mano encima.

Recuerdo bien ese día, demasiado bien. Tenía quince años y mi padre me había revelado la verdad, la única e intangible verdad. El porqué éramos ricos y temidos en toda la ciudad. Nosotros no éramos seres comunes. Nosotros éramos una de las ramas de la mafia con más poder de toda Italia. Mestre dejó de ser para mí un lugar seguro, al menos ante mis ojos. Aprendí a llevar un arma, a estafar y a no tener miedo. Desde el escalón más bajo, con los oficios más arriesgados, para ser el orgullo de mi padre.

Mi pobre madre no sabía nada, seguía engañada en la aparente belleza de las teclas de piano. Ella pensaba que mi padre era un gran hombre de negocios, además de un músico de poderes hipnóticos. Sí, bueno era el condenado con el piano… pero jamás fue un decente y gran hombre de negocios. Al menos, no de negocios que estuvieran limpios de la sangre de pobres diablos. Sus tratos eran más turbios que las negras aguas de Venecia.

-Mario.-ese tono de preocupación en la voz de mi madre jamás fue más terrible, más chirriante, como el día que llegué molido a palos a casa. Había perdido una mercancía y tenía nada más y nada menos que diecinueve años. Era un alijo de cocaína, la había perdido al salir huyendo de la policía.-Mi Mario.-susurró acariciándome y abrazándome.- ¿Qué pasó mi pequeño?

-Ya no soy tu pequeño.-respondí intentando alejarla de mí. No quería ensuciarla con la sangre de la sabandija que era. Ella me miraba con sus ojos grisáceos bordeados de su piel clara como la pura nieve. Mi madre. Mi pobre e ingenua madre que dejó su Helsinki natal por un país más cálido, donde no encajaba.

Después de eso mi padre se encargó de mi educación. Me hizo viajar por todo el mundo y estudiar en las universidades más prestigiosas. A pesar de mi fortuna siempre conseguía becas, porque con ellas demostraba a mi padre que podía subsistir sin su dinero. Pero la sangre mezclada con la pólvora, con mi pasión por las armas, me hicieron caer y regresar.

De un lado a otro, la vida de un mochilero prácticamente, estuve hasta que Kamijo apareció en mi vida. Tenía veinticinco años, tal vez veintiséis. Hablaba de forma jovial con mi padre, parecía un principito sacado de un cuento. Esos que aún conservaba en la estantería de mi habitación en la gran Mansión de verano.

-Te presento a Kamijo.-junto a él había un joven, no más de catorce años. Hubiera jurado que ese niñito era una chica, con poco busto pero una mujer.-Kamijo.

-¿Sí?-interrogó.

-Lleva a Yoshiki a la habitación que te dije, déjale descansar.-y como si fuera un príncipe perfecto tomó a aquella criatura para llevarla al dormitorio.

-Ese canalla de Hiro, ese anciano bastardo.-era la primera vez que veía tan colérico a mi padre.-¿Puedes creerte que abusa de ese niño? He tratado con narcotraficantes, con asesinos despiadados, he dado golpizas hasta que se me han quebrado los dedos y he vendido armas ilegales para asaltos a gran escala. Pero aún mantengo la dignidad, jamás trataría a humanos como esclavos y menos como muñecos sexuales.-tomó aliento y un sorbo de brandy de una copa cercana.-Me alegro que tu madre no esté aquí, que haya ido de viaje a París para asistir a una pasarela de moda.

Dos, tal vez tres años prácticamente, la vida de Yoshiki y la de Kamijo quedarían ligadas a la mía. Kamijo ayudó con su suegro a liberar a Yoshiki y que este tomara las riendas de la organización. Nadie mejor que Yoshiki con esa cara de ángel, con ese cuerpo andrógino, y esa inteligencia irrefutable, para ser el líder de la organización e implantar la semilla en una nueva ciudad a la que todos llamaron… Dark City.

Ahora me encuentro pisando esta ciudad en compañía de una Dama. Poco, o nada, sabe de quién soy y, seguramente, desconoce quien es realmente Kamijo. Sin embargo, disfruto de su compañía. Me recuerda a mi madre. No sabe nada de lo que hay a su alrededor, ama la moda y intenta ser protectora con los suyos. Si bien, jamás podría haber visto sexy a mi madre… pero a ella sin duda alguna la veo atractiva.

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Derechos de Autor y Licencia

Safe Creative #0906284062744
muerte por vida
un precio caro
pero habitual
somos animales
somos todos animales
hijos de un dios
hijos de las sombras
hijos de la eternidad
no podemos renegar
no podemos olvidar
incluso lucifer fue engendrado por él
la concepción que él nos ha dado
nos ha hecho ser como somos
por eso matamos
porque está en nuestra naturaleza
¿somos tan terribles?
¿más que un asesino despiadado?
¿más que un dictador?
¿más que un hombre que enseña a su hijo a matar avecillas?

...

no somos monstruos
simplemente sobrevivimos...
con tu sangre
con tu alma
pero es supervivencia.

aqui gana el más fuerte

Sueños - AWR


sueño profundo y doloroso... sueño de sangre y noche
sueño contínuo en lo eterno...
sintiéndote navegar en eter...
un eter que se vuelve fangoso... rojizo... sublime
¡Sangre!... sólo sangre... cálida y fresca... deslumbrante
nube vamporosa con aroma a mujer...
la primera víctima de la noche... la elegida.
tacones lejanos con contoneo de caderas carismático...
para luego escuchar un grito de terror...
y luego...
y luego... NADA

Dama Sombría

Dama de las sombras
mujer de corte oscura
tú vienes a cortar el último hilo de vida
el último aliento..
cruel dama nocturna
cruel mujer...
que viene junto a la muerte, de la mano
señora que sonríe... que se jacta de mi destino
mientras la calavera señala mi destino... un foso... un lugar junto a la tierra y sus gusanos.
hoy yaceré muerto al despuntar alba
hoy... habrá acabado mi andanza por la tierra
hoy descansaran mis huesos, pero no mi alma.
Si bien... cruel aunque hermosa
desfilaras con la muerte, danzarás con ella, y la luz del día disipará tu figura.
tal vez lloren por mí, canten salmos y las campanas repiquen...
como tal vez termine como Paganini... en un carro... esperando sepulcro durante años.
danza y ríete de mi miseria
hija de la noche
mujer que no da tregua...
capa oscura y pesada, fúnebre sombra
que engalana el manto de la muerte.

somos idiotas afortunados

La vida cae... en una persona... el telón cae

cae pero otra empieza

empieza en un mundo rojo.... teñido por la sangre

con el ruido del tañir de las campanas de una muerte que yace en el campo santo del olvido...

un mundo donde los esperanzados son pocos...

y los diablos sin rumbo muchos

somos diablos

pobres almas

desamparados

odiados hombres de paja

que añaden a la historia... a la historia del día a día...

historia que despreciamos y amamos por igual

somos idiotas

que no agradecemos lo que tenemos

que detestamos el suelo que pisamos

pero cuando van a levantar la hoz para que espiremos... gritamos, lloramos y rogamos.

somos afortunados

y no nos damos cuenta

que esos pequeños baches

que esas soledades

y esos silencios sin sustancia

son la savia de algo grande

es la sangre de la mortalidad

y de la inmortalidad en si misma.