Video Buck-Tick, cortesía de la amable IMAIJJU
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Empezó a llover, es normal en la estación donde nos encontrábamos, y ambos corríamos entre el tráfico. Estábamos empapados, tú tan sólo sonreías y me mirabas fascinada por aquel momento tan único. Te tomé por la cintura pegándote a mí, besándote como si no hubiera un mañana y enredándome en tu lengua. Tus manos tiraban dulcemente de mis cabellos y las mías estaban rodando de tu cintura a tu trasero. Al final lo agarré con firmeza pellizcándolo, sin importarme del tránsito de paraguas a nuestro alrededor.
-Te amo.-susurré al separarme de tus labios, para después morderlos y regresar a besarte hasta perder el aliento.
El agua seguía refrescándonos, quitando el calor de nuestra piel y entumeciendo tus dedos. El hotel no estaba demasiado lejos, pero me resistía a tener que apartarme de ti. Mis labios ardían por el intenso calor de los tuyos. Tus manos estaban entonces en mi rostro cuando te vi sonreírme de forma erótica. Creo que en ese momento caí en tu hechizo de forma rotunda. Tomaste una de mis manos, enredaste nuestros dedos, y tiraste de mí hasta nuestro hotel.
En la habitación fui yo quien tomó las riendas. Nada más cerrar la puerta le pegué a ella acorralándote. Mi lengua acarició tu cuello y mis manos se colaban bajo tu camiseta de los Sex Pistols, mientras tú tirabas de la cremallera de mi chupa de cuero. Aún recuerdo esa sonrisa que se formó en mis labios al escuchar tus leves gemidos. Mis dedos acariciaban y pellizcaban sutilmente tus senos. Mi boca se pegó a tu cuello dejando varios besos y mordidas por él, tú tan sólo acariciabas mi entrepierna con una de tus manos y la otra estaba en mi cabeza pegándome más a ti. Te abracé entonces, tú me rodeaste con tus piernas.
-Vamos a la cama Princesa.-susurré.
-Te amo.-respondiste antes de que te guiara por el pequeño pasillo hasta aquella cama.
Te arrojé a ella y comencé a sacarme las botas, la chupa y desabroché mis pantalones. Tú mientras me mirabas de forma cómplice, cosa que me incitaba a caer sobre ti y romperte la ropa para hacerlo de forma brusca, de esa forma animal que me sólo una mirada tuya podía alentar a surgir. Caí sobre ti engullendo tu boca, fusionándola con la mía, pero pronto me aparté para quitarte la camiseta y el sujetador, prácticamente a la vez. Mis manos acariciaban tu vientre, tus pechos y tu rostro. Mi lengua estaba enfocada en la tuya, hasta que me aparté para poder lamer tu cuello y después anclarme a tus pechos.
El recordar todo aquello aún me excita, me descontrola, sobretodo el recuerdo de la piel de tus pezones entre mis labios. Se endurecían mientras jadeabas, no podías controlar prácticamente la respiración. Te recostaste en la cama dejándome hacer, dejándome jugar. Mordisqueé uno de tus pechos de forma leve, tan sólo pasar mis dientes por la piel suave que recubría aquella excitable zona. Mi lengua se paseaba por tu vientre hasta que desabroché tus pantalones, los bajé y nada más tenerlos bajados mordisqueé tus muslos. Dejé leves marcas de que eras mía, algo que no podía evitar. Después te saqué las botas y la ropa interior. Desnuda frente a mí, al fin, para hacer lo que yo quisiera y más.
Mi mano derecha acariciaba tu pierna desde la rodilla hasta la ingle, uno de mis dedos acariciaron tu vagina. Mi mano izquierda estaba sobre uno de tus pechos y yo me encontraba encaramado sobre ti, besándote. Mis dedos se pegaron al monte de Venus, rodando por él, hasta caer dentro. Esa humedad, y calor, me decía que estabas preparándote para mí. Me despegué de tus labios para ir hacia tu sexo. Sin más abrí bien tus piernas y tu sexo, quería excitarte hasta el extremo. Pero antes bajé mi cremallera y me quité los pantalones, me quedé únicamente en boxer.
-Princesa no sabes lo erótica que puedes mostrarte.-dije antes de comenzar a lamer tu clítoris, a tirar leve de él con mis labios y a succionarlo.
Uno de mis dedos jugaba dentro de ti, se hundía deliciosamente en ti, para después lamerlo junto a un segundo y meterlos sintiendo como todo tu cuerpo temblaba. Tus manos estaban sobre mi cabeza, tirabas de mis cabellos pero esta vez lo hacías de forma salvaje. Me hundías entre tus piernas y estas se subieron sobre mis hombros. Me tenías rodeado, como si no desearas que huyera. Pero, yo no estaba dispuesto a irme de aquel delicioso lugar. Dejé lametazos hasta que la introduje en tu vagina. Mis manos fueron a tu cadera pegándote más a mí, atrayéndote para tener mayor acceso. Mis ojos se fijaron en ti, en tus labios rojos y mordisqueados para no gemir demasiado alto. Sin embargo, gemías de forma descontrolada y te perlabas de sudor.
Comencé a masturbarme yo también, pero sin dejar de destrozarte con mi lengua. Cuando pensé que estabas preparada abrí bien tus piernas y las acomodé rodeándome, nada más posicionarla lo engulliste. Entré de una vez y me quedé jadeando frente a tus labios con los brazos apoyados a cada lado de tu cabeza, observándote fijamente. Tú gemías mi nombre y tus caderas se movían ansiosas, pero yo quería seguir jugando un rato más. Iba lento moviéndome, sintiendo aquel delicioso calor y tu estrechez. Si bien, no pude estar demasiado tiempo con ese ritmo y la fiera que habitaba en mí terminó apareciendo. Me movía de forma desenfrenada y tú clavaste tus uñas en mi espalda, la arañabas, al igual que mis brazos y mi pecho. Eso tan sólo hizo que aumentara el ritmo y que mi boca se pegara a uno de tus pechos. No podía dejar de succionarlo de forma desquiciada. Poco después… el orgasmo final de ambos.
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