Y renaceré como el cuervo, te encontraré tras la muerte, para atraparte entre mis garras y destrozar tu cuerpo con mi frenético deseo. Regresaré para amarte.

lunes, 7 de septiembre de 2009

En la noche

Fotografía realizada por la popular fotógrafa Lesta de DeviantArt.


En mitad de la noche sintió frío y una soledad terrible aplastaba sus costillas, dejándolo prácticamente sin aire. La oscuridad le envolvía mientras los cristales de la ventana crujían, el frío hacía que toda la casa gimiera. La puerta se abrió y chirrió suave, como un murmullo, sus ojos adormilados no distinguían la figura. Sin embargo, ese aroma femenino lo envolvió todo. Una mano acarició su rostro, era algo áspera pero cálida.

-¿Puedo hacerte compañía?-interrogó Marta en medio de la penumbra.-Sabré calentar tu cuerpo.

De los labios del joven no hubo respuesta. No sabía como tratar aquella situación, qué se podía decir o esperar de ella. La joven tomó el silencio como un sí y se arropó a su lado. Sus dedos traviesos y expertos se deslizaron rápidamente por la ropa del muchacho. Su boca rozaba el cuello de él, los jadeos leves del chico se hicieron intensos al igual que la masturbación que esta le regalaba.

-¿Por qué?-susurró él dejándose tocar.

-Porque no deseo morir virgen en este pueblo bendecido por el diablo.-murmuró encaramándose sobre él, abriendo sus piernas y colando entre su húmedo interior aquel falo erecto.-Porque los extranjeros sois atractivos, parecéis distintos a los palurdos que se creen señores feudales en estas tierras.-sus caderas se movían lentamente y él se enganchó a sus pechos.

-Estás desnuda.-dijo antes de gemir leve.

-Mi señor, fólleme como jamás ha follado a una pueblerina. Sé como mirasteis mis senos, beba de ellos la leche del pecado.-aquellas palabras lascivas animarían a cualquier hombre, sobretodo a uno joven y confuso.

El muchacho se incorporó del colchón y la observó en la penumbra, sus labios acariciaron sus senos y succionaron con lujuria. Su lengua bordeaba lentamente el pezón y sus dientes lo mordisqueaban. Sus manos acariciaban su cintura, pero una ayudó al suculento clítoris que se le ofrecía. Su sexo, su dedo índice y las ganas de la muchacha hicieron que se viniera con una mueca victoriosa.

-Eres pecado.-susurró.

-No, tu simiente es mi pecado.-dijo apartándose para quedar entre sus piernas y lamer su sexo. Aquel miembro jamás fue tratado con tanta delicia y sosiego.

-Para.-murmuró gimiendo bajo.-Deja que os limpie mi pecado.-dijo apartándola para recostarla y abrir sus alas de mariposa.

-Mi amo de lejanas tierras.-murmuró introduciendo dos de sus dedos en su vagina e inmediatamente colocarlos en la boca entreabierta del joven.-Lozano y huesudo amo, sáqueme el calor de mis entrañas.-sus manos fueron a sus pechos estrujándolos mientras él lamía la esencia del sexo, bebía de la fuente del placer.

Tras aquellas lamidas el sexo volvió, más animal. Las mordidas en el cuello de la joven la hicieron estremecerse, él lamía lentamente la piel de su garganta, para después aferrarse fuertemente a su boca y gemir en ella dejando el último aliento de la noche.

En la mañana despertó soñoliento cuando llamaron para servir el café y las tostadas. Pensó que había sido un glorioso sueño, pero la cama estaba demasiada revuelta y se encontraba sin pantalones. Había sido su primer encuentro sexual y sentía que sus dudas se disipaban. Dudas sobre sus gustos sexuales y forjando en él un extraño sentimiento de hombría.

-Disculpe.-dijo la muchacha entrando en la habitación, mientras él aún estaba en la cama.-Traje el agua para que pueda afeitarse y asearse.

-No me trates con formalismos.-susurró con una sonrisa.

-Usted no me mire de ese modo.-comentó cubriéndose levemente con las toallas.

-Pero anoche…-él quedó confuso con aquel pudor y con el rubor de sus mejillas.

-Anoche fue anoche, esta mañana es esta mañana.-murmuró marchándose, pero antes dejó las toallas sobre la cama.

Todo aquello, y tan temprano, lo dejó mermado y aún más confuso. Terminó lavándose y colocándose la ropa que llevaba en una de las maletas. Después bajó a la sala y le esperaban dos huéspedes más. Eran dos hombres toscos, mal vestidos, con los cabellos alborotados, la barba mal recortada y a uno le faltaban varios dientes.

-Menos mal que bajas escuchimizao ya estaba pensando que te dio colapso y te quedaste tieso en la mejor alcoba de toda mi taberna.-aquella mujer daba escalofríos, con la luz del día era más horrenda aún.

-No, dormí a pierna suelta.-comentó con una sonrisa gentil y se sentó en el fondo del pequeño salón.

Se quedó mirando la nieve, lo cubría todo. Había nevado toda la noche y los niños, los pocos que había en el pueblo, jugaban a lanzarse bolas de nieve mientras se reían incluso de la propia muerte, o del diablo. Él sonreía recordando viejos tiempos, aquellos tiempos de la inocencia. Sus ojos se clavaban en cada facción risueña y él la imitaba relajando su rostro.

-Aquí tienes, huevos revueltos con tocino y pan recién hecho.-dijo doña Ana pasando su brazo sobre su nariz y aspirando los mocos que se vislumbraban en sus fosas nasales.-El café ya no queda, debiste de haber movido tu culo antes.

-Lo siento, suelo dormir hasta tarde.-sonrió suave y sus dientes relucieron. Todos eran testigos que era un sujeto poco común en aquellas tierras.

-Y dime chico ¿Cuál es tu nombre?-interrogó la mujer inquieta y dudosa de que le dijera el real, ya estaba pensando en que era de mal agüero.


-Lluis.-susurró de forma amable.-Me llamo Lluis, es un nombre típico en una zona de España, de la cual era mi abuelo.

-¿De donde chico?-en su tono de voz se notaba cierta curiosidad.

-Cataluña, ya sabe, Barcelona.-era una ciudad muy conocida, o al menos eso pensaba él.

Ella inmediatamente se hizo la señal de la cruz y fue tras la barra acariciando el relicario que tenía colgado junto a un santo. Los hombres rezaron al unísono.

-La condesa sangrienta, hasta aquí llegó la historia contada por la madre de la madre de mi esposo. Un caminante nocturno se lo contó ya que lo leyó en un periódico, este periódico se hacía eco de sucesos extraños a nivel del mundo entero.-lo miró fijamente y él se sintió incómodo.

-Era una mujer común, no una vampira como la llamaban, tan sólo hacía magia negra y vendía los órganos de los niños que secuestraba.-su voz era un susurro y tras unos segundos de silencio comenzó a devorar el desayuno.

Las horas pasaron, también los días. Justamente pasaron dos días, tres noches completas, en la compañía de los habitantes de la posada. La mujer volvió a su alcoba dejándose amar. Él gozaba de aquel suculento y húmedo interior. Ella simplemente se dejaba tratar como la mayor de las furcias, lo que era realmente. Sus jadeos y sus exuberantes senos endulzaban la noche de aquel jovenzuelo. La tercera de las noches no vino sola.

La muchacha trajo a una compañera, se la mostró con la luz suave de una vela. Era morena, sus ojos eran verdes y se notaban en sus rasgos rastros de antepasados cíngaros. Para él tuvo dos bocas, cuatro manos, dos tibios sexos y lujuria taciturna. Llegó a desconocer quien lo besaba y quien lo acariciaba. Se dejaba engullir por el placer, por la locura.

-Haced que gima como yo, amo.-susurró Marta apartando sus labios de su entrepierna. Él no dijo nada, estaba demasiado entretenido con el sexo de su compañera.-Amo.-susurró antes de encaramarse a él y disfrutar de la dureza de su miembro.

-No mentíais Marta.-murmuró la otra joven aferrándose a las sábanas de la cama.-Marta no dejéis que se vaya.

Se puede decir que él cumplió como cualquier hombre, las satisfació hasta llegada prácticamente la mañana. El joven terminó perlado en sudor, agotado y con todo su cuerpo tullido por una noche demasiado fogosa.

Él había acudido para encontrar nuevos rumbos a su vida, dejar su cabeza serena y poder escribir una obra que sorprendiera al mundo. Hasta ese momento únicamente halló sexo y para sus memorias era demasiado cuantioso. Sexo y más sexo. El placer carnal, la lujuria… el pecado.

-¿Qué haces aquí?-se preguntó recostado en la cama aún desnudo.-Viniste a buscar nuevos mundos, leyendas, suspiros en la niebla y una historia importante que dar a conocer. Sin embargo, estás aquí hospedado dejando que dos súcubos succionen tu miembro hasta bien llegada la mañana.-se decía levantándose y lavándose con el agua del día anterior. No importó lo helada que estaba, es más eso le despejó. Buscó sus ropas, sus enseres y se marchó dejando pagado la cuota, tal vez un poco más, en la barra de la taberna.

No hay comentarios:

Derechos de Autor y Licencia

Safe Creative #0906284062744
muerte por vida
un precio caro
pero habitual
somos animales
somos todos animales
hijos de un dios
hijos de las sombras
hijos de la eternidad
no podemos renegar
no podemos olvidar
incluso lucifer fue engendrado por él
la concepción que él nos ha dado
nos ha hecho ser como somos
por eso matamos
porque está en nuestra naturaleza
¿somos tan terribles?
¿más que un asesino despiadado?
¿más que un dictador?
¿más que un hombre que enseña a su hijo a matar avecillas?

...

no somos monstruos
simplemente sobrevivimos...
con tu sangre
con tu alma
pero es supervivencia.

aqui gana el más fuerte

Sueños - AWR


sueño profundo y doloroso... sueño de sangre y noche
sueño contínuo en lo eterno...
sintiéndote navegar en eter...
un eter que se vuelve fangoso... rojizo... sublime
¡Sangre!... sólo sangre... cálida y fresca... deslumbrante
nube vamporosa con aroma a mujer...
la primera víctima de la noche... la elegida.
tacones lejanos con contoneo de caderas carismático...
para luego escuchar un grito de terror...
y luego...
y luego... NADA

Dama Sombría

Dama de las sombras
mujer de corte oscura
tú vienes a cortar el último hilo de vida
el último aliento..
cruel dama nocturna
cruel mujer...
que viene junto a la muerte, de la mano
señora que sonríe... que se jacta de mi destino
mientras la calavera señala mi destino... un foso... un lugar junto a la tierra y sus gusanos.
hoy yaceré muerto al despuntar alba
hoy... habrá acabado mi andanza por la tierra
hoy descansaran mis huesos, pero no mi alma.
Si bien... cruel aunque hermosa
desfilaras con la muerte, danzarás con ella, y la luz del día disipará tu figura.
tal vez lloren por mí, canten salmos y las campanas repiquen...
como tal vez termine como Paganini... en un carro... esperando sepulcro durante años.
danza y ríete de mi miseria
hija de la noche
mujer que no da tregua...
capa oscura y pesada, fúnebre sombra
que engalana el manto de la muerte.

somos idiotas afortunados

La vida cae... en una persona... el telón cae

cae pero otra empieza

empieza en un mundo rojo.... teñido por la sangre

con el ruido del tañir de las campanas de una muerte que yace en el campo santo del olvido...

un mundo donde los esperanzados son pocos...

y los diablos sin rumbo muchos

somos diablos

pobres almas

desamparados

odiados hombres de paja

que añaden a la historia... a la historia del día a día...

historia que despreciamos y amamos por igual

somos idiotas

que no agradecemos lo que tenemos

que detestamos el suelo que pisamos

pero cuando van a levantar la hoz para que espiremos... gritamos, lloramos y rogamos.

somos afortunados

y no nos damos cuenta

que esos pequeños baches

que esas soledades

y esos silencios sin sustancia

son la savia de algo grande

es la sangre de la mortalidad

y de la inmortalidad en si misma.