Y renaceré como el cuervo, te encontraré tras la muerte, para atraparte entre mis garras y destrozar tu cuerpo con mi frenético deseo. Regresaré para amarte.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Desconocidos




-No me jodas.-estalló en carcajadas, mientras yo caminaba a su lado. Era mi mejor amigo y aquel que siempre me dio sabios consejos. A veces pensaba que era mi hermano, porque eso es lo que parecíamos.

-En serio, si vas con ese tinte te vas a parecer a Madona.-reía bajo y él se tiró sobre mi espalda.

-Si soy rock y punk, es lo único que corre por mis venas.-decía intentando caerme al suelo.

Todos los que se cruzaba en nuestro camino nos miraban extrañados, dos chicos vestidos de cuero negro y vociferando por medio de la ciudad. Su ropa a lo Sid Vicius llamaba la atención de cualquiera, al igual que yo con mi aspecto andrógino.

-¡Cabrón!-grité cuando noté sus dientes en mi oreja, tirando del pendiente que me acababa de hacer.

-Marica, llenito de pendientes te voy a ver.-dijo apartándose de mí antes de hiciera el amago de golpearlo.

-No, tan sólo uno y es para recordarme que no debo de probar más el alcohol.-era una promesa que le había hecho a Yutaka. Tenía que cumplirla, tenía que hacerlo.

-Aburrido, sin alcohol no vamos a poder celebrar nada.-murmuró echándose los brazos tras la nuca.

Caminábamos hacia el estudio, más bien el pequeño antro de cucarachas que habíamos logrado alquilar. Yutaka estaba allí intentando limpiar y ordenar todo con Hide y Toll. Aunque según yo eso era imposible de adecentar en unos días, necesitaríamos semanas y días cubiertos de pintura con olor a desinfectante. Pero el dueño dijo que si lográbamos limpiarlo y ordenarlo nos bajaría la cuota, seguro porque pensaba que al dejar el trastero aquel tendría un lugar mejor para alquilar a otros y sacar más pasta.

-¿Oye que tal si nos comemos unos perritos?-pregunté quedándome algo atrás mirando un puesto que había en la acera contigua.

-A veces creo que tienes un agujero negro en el estómago, o algo así, joder no paras de comer en todo el día.-decía sin pararse, parecía no estar de acuerdo en mi decisión.

-No es eso.-mi estómago rugía.-No es para tanto.-me encendí un cigarrillo, de los kool. Siempre fui aficionado a esa marca. Mis labios tenían sabor y aroma a esos malditos cigarros. Mis dedos, largos y finos, lo sostenía mientras decidía, no sabía si detenerme y comprarlo o seguir tras Imai.

-¡Date prisa idiota!-gritó prácticamente a cincuenta metros de mí, entre la multitud.

Al girarme, para continuar la marcha y alcanzarlo, tropecé con alguien, más bien alguien tropezó conmigo. Estuve a punto de caer de bruces, pero me agarré a un semáforo cercano.

-¡Joder!-dije buscando mi cigarro y ya no estaba en mis dedos, sino en el suelo. Fruncí el ceño al verlo casi nuevo, un desperdicio.

-Lo siento, lo siento mucho.-dijo una voz dulce pero potente, una de esas voces de mujer que te atrapa hasta hacerte caer en algún lío.-Lo siento chica.-murmuró con la cabeza gacha.

-¡Atsushi!-gruñó Imai a lo lejos corriendo hacia mí. Sus botas chapotearon entre varios charcos que se habían formado tras una intensa lluvia.-Hoy estás más idiota que de costumbre.-me dijo al pararse a mi lado y agitarme.

-Lo siento, para colmo te confundo con…-susurró de nuevo mirándome bastante sonrojada, mis ojos grandes y almendrados estaban fijos en ella.

-¡Coño deja de agitarme! ¡No soy un jodido cocktail!-respondí algo molesto y echamos a caminar.

Así fue nuestro primer encontronazo, fue bastante curioso. ¿Quién nos diría que el destino nos uniría en un vínculo eterno? ¿Quién nos diría que te volvería a ver?

Megumi… todo fue demasiado extraño, pero no me arrepiento.

No hay comentarios:

Derechos de Autor y Licencia

Safe Creative #0906284062744
muerte por vida
un precio caro
pero habitual
somos animales
somos todos animales
hijos de un dios
hijos de las sombras
hijos de la eternidad
no podemos renegar
no podemos olvidar
incluso lucifer fue engendrado por él
la concepción que él nos ha dado
nos ha hecho ser como somos
por eso matamos
porque está en nuestra naturaleza
¿somos tan terribles?
¿más que un asesino despiadado?
¿más que un dictador?
¿más que un hombre que enseña a su hijo a matar avecillas?

...

no somos monstruos
simplemente sobrevivimos...
con tu sangre
con tu alma
pero es supervivencia.

aqui gana el más fuerte

Sueños - AWR


sueño profundo y doloroso... sueño de sangre y noche
sueño contínuo en lo eterno...
sintiéndote navegar en eter...
un eter que se vuelve fangoso... rojizo... sublime
¡Sangre!... sólo sangre... cálida y fresca... deslumbrante
nube vamporosa con aroma a mujer...
la primera víctima de la noche... la elegida.
tacones lejanos con contoneo de caderas carismático...
para luego escuchar un grito de terror...
y luego...
y luego... NADA

Dama Sombría

Dama de las sombras
mujer de corte oscura
tú vienes a cortar el último hilo de vida
el último aliento..
cruel dama nocturna
cruel mujer...
que viene junto a la muerte, de la mano
señora que sonríe... que se jacta de mi destino
mientras la calavera señala mi destino... un foso... un lugar junto a la tierra y sus gusanos.
hoy yaceré muerto al despuntar alba
hoy... habrá acabado mi andanza por la tierra
hoy descansaran mis huesos, pero no mi alma.
Si bien... cruel aunque hermosa
desfilaras con la muerte, danzarás con ella, y la luz del día disipará tu figura.
tal vez lloren por mí, canten salmos y las campanas repiquen...
como tal vez termine como Paganini... en un carro... esperando sepulcro durante años.
danza y ríete de mi miseria
hija de la noche
mujer que no da tregua...
capa oscura y pesada, fúnebre sombra
que engalana el manto de la muerte.

somos idiotas afortunados

La vida cae... en una persona... el telón cae

cae pero otra empieza

empieza en un mundo rojo.... teñido por la sangre

con el ruido del tañir de las campanas de una muerte que yace en el campo santo del olvido...

un mundo donde los esperanzados son pocos...

y los diablos sin rumbo muchos

somos diablos

pobres almas

desamparados

odiados hombres de paja

que añaden a la historia... a la historia del día a día...

historia que despreciamos y amamos por igual

somos idiotas

que no agradecemos lo que tenemos

que detestamos el suelo que pisamos

pero cuando van a levantar la hoz para que espiremos... gritamos, lloramos y rogamos.

somos afortunados

y no nos damos cuenta

que esos pequeños baches

que esas soledades

y esos silencios sin sustancia

son la savia de algo grande

es la sangre de la mortalidad

y de la inmortalidad en si misma.