-No me jodas.-estalló en carcajadas, mientras yo caminaba a su lado. Era mi mejor amigo y aquel que siempre me dio sabios consejos. A veces pensaba que era mi hermano, porque eso es lo que parecíamos.
-En serio, si vas con ese tinte te vas a parecer a Madona.-reía bajo y él se tiró sobre mi espalda.
-Si soy rock y punk, es lo único que corre por mis venas.-decía intentando caerme al suelo.
Todos los que se cruzaba en nuestro camino nos miraban extrañados, dos chicos vestidos de cuero negro y vociferando por medio de la ciudad. Su ropa a lo Sid Vicius llamaba la atención de cualquiera, al igual que yo con mi aspecto andrógino.
-¡Cabrón!-grité cuando noté sus dientes en mi oreja, tirando del pendiente que me acababa de hacer.
-Marica, llenito de pendientes te voy a ver.-dijo apartándose de mí antes de hiciera el amago de golpearlo.
-No, tan sólo uno y es para recordarme que no debo de probar más el alcohol.-era una promesa que le había hecho a Yutaka. Tenía que cumplirla, tenía que hacerlo.
-Aburrido, sin alcohol no vamos a poder celebrar nada.-murmuró echándose los brazos tras la nuca.
Caminábamos hacia el estudio, más bien el pequeño antro de cucarachas que habíamos logrado alquilar. Yutaka estaba allí intentando limpiar y ordenar todo con Hide y Toll. Aunque según yo eso era imposible de adecentar en unos días, necesitaríamos semanas y días cubiertos de pintura con olor a desinfectante. Pero el dueño dijo que si lográbamos limpiarlo y ordenarlo nos bajaría la cuota, seguro porque pensaba que al dejar el trastero aquel tendría un lugar mejor para alquilar a otros y sacar más pasta.
-¿Oye que tal si nos comemos unos perritos?-pregunté quedándome algo atrás mirando un puesto que había en la acera contigua.
-A veces creo que tienes un agujero negro en el estómago, o algo así, joder no paras de comer en todo el día.-decía sin pararse, parecía no estar de acuerdo en mi decisión.
-No es eso.-mi estómago rugía.-No es para tanto.-me encendí un cigarrillo, de los kool. Siempre fui aficionado a esa marca. Mis labios tenían sabor y aroma a esos malditos cigarros. Mis dedos, largos y finos, lo sostenía mientras decidía, no sabía si detenerme y comprarlo o seguir tras Imai.
-¡Date prisa idiota!-gritó prácticamente a cincuenta metros de mí, entre la multitud.
Al girarme, para continuar la marcha y alcanzarlo, tropecé con alguien, más bien alguien tropezó conmigo. Estuve a punto de caer de bruces, pero me agarré a un semáforo cercano.
-¡Joder!-dije buscando mi cigarro y ya no estaba en mis dedos, sino en el suelo. Fruncí el ceño al verlo casi nuevo, un desperdicio.
-Lo siento, lo siento mucho.-dijo una voz dulce pero potente, una de esas voces de mujer que te atrapa hasta hacerte caer en algún lío.-Lo siento chica.-murmuró con la cabeza gacha.
-¡Atsushi!-gruñó Imai a lo lejos corriendo hacia mí. Sus botas chapotearon entre varios charcos que se habían formado tras una intensa lluvia.-Hoy estás más idiota que de costumbre.-me dijo al pararse a mi lado y agitarme.
-Lo siento, para colmo te confundo con…-susurró de nuevo mirándome bastante sonrojada, mis ojos grandes y almendrados estaban fijos en ella.
-¡Coño deja de agitarme! ¡No soy un jodido cocktail!-respondí algo molesto y echamos a caminar.
Así fue nuestro primer encontronazo, fue bastante curioso. ¿Quién nos diría que el destino nos uniría en un vínculo eterno? ¿Quién nos diría que te volvería a ver?
Megumi… todo fue demasiado extraño, pero no me arrepiento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario