-¿Cuándo la dejarás?-preguntó en un tono bajo, casi agónico.
-No puedo dejarla, es mi esposa y me ama.-respondí observándolo tras el borde de mi sombrero.
-Yo también te amo y sin embargo me haces esto.-dijo abrochando su último botón.
-Si hago esto es porque tú también quieres, jamás te he puesto la mano encima sin que tú te hayas insinuado.-reproché con un tono agrio, bastante áspero para lo que él acostumbraba escuchar.
-Sacas provecho de lo que siento, al igual que haces con tu esposa y no quiero pensar que sucede con el resto.-murmuró dejando sus manos en sus caderas, mirándose atentamente el rimel de los ojos. No quería aparentar ningún síntoma de alteración o de que éramos nosotros quienes disfrutábamos de aquel apagón.
-Y tú que sabes.-lo agarré de la muñeca y lo zarandeé.-No tienes derecho de tratarme así ¿me oyes?-mis ojos se fijaron en los suyos, él agachó la cabeza nada más notar esa mirada de fiera que le regalaba.
-Tengo derecho, aunque los niegues.-dijo zafándose de mí.-Si no la dejas, si vas a tenerme de segundo plato, al menos debiste decírmelo la primera vez tras tu boda.
-Ya estamos.-pasé mis manos por mi rostro y suspiré.
-Yo llevo muchos años contigo, me sentía el primero y luego vino esa zorra con cara de mosquita muerta.-reprochó y yo lo abofeteé.
-No hables así de la madre de mis hijos.-dije tras el impacto de mi mano en su rostro, para luego abrazarlo intentando olvidar ese mal gesto que había tenido.-Lo siento, lo siento.
-Aparta.-susurró mientras sollozaba.-Apártate de mí.
-Sé que me has dado todo, sé que nunca reclamas. No entiendo porqué esta vez sí.-susurré besando su cuello, él intentaba que no lo besara.
-¡Por qué la has traído!-gritó llorando.-Porque has hecho que venga ella y los niños, como si no importara nada ver como le haces carantoñas en mi propia cara.-el rimel se había ido. Teníamos rueda de prensa, y todo lo que había luchado en la habitación se borraba como si nada, aunque con lo del corte de luz al final no tuvimos nada en la agenda de ese día.
Desde ese día me di cuenta de lo cruel que podía ser tener mi amor, poseer mi corazón.
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