El plagiador - Segunda victima
Alrededor de los dieciocho años comencé a escribir historias. Tenía un apetito insaciable de contar mis propias leyendas, mis cuentos, mis fantasías y mis deseos más ocultos. Hacía estremecer de pavor a todo aquel que leía mis sueños, mis anhelos, camuflados de irrealidad. Muchos me temían, pero otros creían que sólo era una imaginación desbordante.
Tenía un compañero de curso, uno de esos a quien le confías secretos. Aunque yo tan sólo confiaba mis aspiraciones. Le dejé algunas historias nuevas, él dijo que eran corrientes y que ya no causaban en él impactos. Tomé su comentario como una crítica para mejorar, para buscar algo mejor.
Unas semanas más tardes se realizó un concurso literario en la escuela. Yo no participé, lo veía demasiado infantil y los premios eran cosas que yo no quería o que ya poesía. Pero al ver el ganador del concurso mi alma se quebró, rompí a llorar y me encerré en el lavabo.
Él no era sólo un amigo, era alguien que deseaba amar. Mis deseos hacia él los había plasmado en ese escrito. Era un texto de sexo explícito, aunque lo cubrí con el velo de la heterosexualidad y la metáfora. Si le había dado ese fragmento de mí era para incitarlo, para que notara mis deseos hacia él. Mis ojos se fundían en los suyos en cada comentario, mis labios se movían angustiados porque no podía atraparlos y él tan sólo hizo esa crítica que creí meritoria. Si bien, tuvo el descaro de llevarlo a concurso como si él lo hubiera escrito.
Primero sentí dolor, decepción y frustración. Pero regresó a mí el deseo de venganza, de destrozarle la vida como él había hecho con mi corazón. No soy un hombre que olvide, soy vengativo, y con él tomé esa solución. Quizás fue algo precipitado, pero jamás pensaré que injusto.
Pedí que viniera conmigo a conversar, le dije que me sentía decepcionado y él dijo que tan sólo lo hizo para conseguir algo que deseaba. Pidió perdón mil veces mientras íbamos de camino a un descampado.
-Yo te abrí mi corazón y tú lo destrozaste.-no entendió lo que decía, mis cabellos se movían en el aire como si fuera una presencia y no un ser humano.
-No entiendo.-respondió.-Sé que es importante nuestra amistad, pero puedo arreglarlo diciendo la verdad.
-No es eso.-mis ojos eran fuentes de dos ríos de lágrimas.
Me abalancé sobre él sacando el cuchillo que tenía oculto en mi manga, comencé a clavárselo en el corazón una y otra vez. No podía parar, no quería parar. Estaba muerto bajo mi cuerpo y su sangre me manchaba. Sin embargo, no paraba. Habían pasado horas, demasiadas creo, y yo seguía clavándole el puñal. Dicen que di más de mil puñaladas, que no se pudieron contar claramente cuantas, pero que su corazón y todo el pecho estaba triturado.
Antes de irme me quité la ropa y busqué una bolsa de basura, la vacié y metí todo lo que llevaba puesto salvo los pantalones. A veces iban allí campistas, había un lago cercano y yo sonreí de forma macabra. Me bañé con él como si nada, incluso lo salpicaba alegremente como jugando. Después le puse una roca encima, varias realmente, y regresé a mi casa que estaba a más de media hora. Era invierno, hacía frío, pero yo no sentía el clima golpearme. Tan sólo tenía en mente que perdí a mi primer amor en mis manos, porque él no supo responder a mi compleja confianza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario