-Alguien que deberías conocer.-replicó con voz tenue, como apagada.
La luz de la luna se introducía en la habitación, una luz azulina que impactaba y que competía, en belleza enigmática, con el pequeño candelabro prendido sobre la mesa.
-No te recuerdo, lo siento.-susurra con temor, nota como palpita su corazón y el fluido de su sudor por su torso desnudo.
-Curioso, creí que me recordarías.-pudo notar una leve sonrisa en aquel rostro vacío. Era como una silueta, una presencia que parecía divertirse con él. Mas bien, se burlaba de cada uno de sus gestos y de su rostro desencajado iluminado tenuemente.
-No, no te recuerdo, y no sé como has entrado en mi habitación.-los nervios le delataban, su voz temblaba y sus dedos tamborileaban sobre la mesa de madera rustica.
-¿No? ¿No sabes? ¿No recuerdas?-rió entonces con frialdad. Una risa metálica resonó en su caja torácica, también en toda la estancia. Esa risa parecía trepar por las paredes, cortinas e incluso por su cuerpo.
-No.-susurró confuso.-Váyase.-comentó levantándose con furia.-¡Largo de mi casa! ¡Fuera de mi habitación!-gritó enérgicamente, aunque con el terror acoplándose entre sus carnes, metido bien en sus huesos.
-¡No puedo irme!-respondió.
-¡Vete! ¡Vete! ¡Vete de una jodida vez!-ese alarde de valentía le duró poco, cuando la sombra pareció caminar hacia él.
Ese intruso era mucho más alto de lo que pensaba, pero sus pasos no resonaban. Se santiguó, buscó oraciones en su cabeza pero hacía demasiado que las dejó olvidadas. Sus plegarias a Dios eran semejantes a las que podría realizar un niño de no más de seis años.
-¡Padre!-gritó la sombra.-¡Ámame porque tú me creaste!-esas palabras tuvieron un efecto parecido a su risa, tan tétricas y tan extrañas.
-¡Lejos de mí! ¡Seas quién seas!-entonces cerró los ojos esperando un golpe y lo único que notó fue como caían cientos de hojas del escritorio.
Al tomar esos folios se dio cuenta. Todos estaban en blanco, todos. Cada línea que había escrito, con esfuerzo e ingenio, se habían evaporado. Era como si ese gigante se las hubiera llevado consigo.
-Ahora te recuerdo.-susurró calmado, aunque con el corazón palpitando agitadamente como su respiración.-¡Vuelve!-sin embargo, no lo hizo, y el escritor a las pocas horas falleció.
¿Alguien pensó un final tan increíble y macabro? ¿Tan perfecto?
No hay comentarios:
Publicar un comentario