como si esto pudiera curar tus heridas cual poción mágica.
Lo hiciste esperando que la telaraña que cubría tus ojos
también lo hiciera magistralmente con tu corazón.
Dejaste que tu mundo se hundiera en un caos,
todo porque seguías orando por tus alas destrozadas.
Y la magia de tus ojos se borrón finalmente,
quedando ciega, pero también muda.
El dolor era tan agudo que no lo soportabas
y mil veces llamaste al candil para que te iluminara,
sus llamas purificarían tu piel y abrasarían tu alma.
Rota, mil veces rota, y aún quemada.
Vagaba por el paraíso de lo tétrico y arcano,
mis pies descalzos pisaban las espinas de las rosas
y mis labios murmuraban una canción prohibida.
El paraíso era oscuro por muy iluminado que estuviera.
Rogué por quedar oculto entre las sombras
y por la libertad que estás poseían, tan salvaje.
Mis alas blancas se tiñeron de luto
y la forma de paloma quedó relegada a cuervo.
Mis ojos claros terminaron siendo café intenso,
mientras la profundidad de estos eran las de un gato.
Descendí hacia la tierra iluminando todo con pesadillas,
las cuales alcanzaron tu mente y te torturaron aún más.
Fui verdugo porque así lo quiso el destino,
sin embargo te tomé entre mis manos limpiando tu vestido
y acomodando cada pétalo que conformaban tu falda.
Te abracé contra mí, sentí calor y finalmente lo prometido.
En tus labios de mujer hallé la calma a mi sed,
y en tus manos la cura para mis heridas.
En mis lágrimas encontraste la poción indicada para ti
y al fin alcanzaste a ver la luz de un nuevo día.
Nos encontramos por el sendero de lo tenebroso
y terminamos convirtiendo al hormigón en palacio
mientras las ruinas crecían entre los musgos
y los musgos olvidaban rápidamente nuestro pasado.
Abre los ojos de nuevo, deja que te muestre todo lo que logramos en aquel tiempo.
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