Mis manos estaban rojas por la, aún caliente, sangre de mi última víctima. Saqué uno de mis cigarrillos y lo prendí sin bacilar. Mis ojos estaban clavados en la tétrica expresión del cadáver. Su mandíbula estaba desencajada, sus ojos llenos de terror y vacíos de vida alguna. Mi enorme figura cubría aquel decrépito y maltrecho cuerpo. Sonreí como un sádico dando la primera calada, notando como el nerviosismo daba paso a la excitación más pura. Desde pequeño sufría ataques de ira, pero solía pagarlo los matones que me acorralaban día tras día, ahora eran estos imbéciles que iban por orden alfabético en el listado de deudores de mi jefe.
-Buen chico.-escuché su cálida voz acercarse a mí, con ese aroma que me debilitaba. Su perfume podía sentirlo por encima del hedor de ese capullo.
Sus cabellos dorados acariciaban sus perfectas mejillas, tan blancas como la porcelana. Deseaba besar sus labios manchados con carmín, volverme un sádico dando rienda suelta al placer que me provocaba su presencia y la muerte. Quería hacerle y que me hiciera de todo, lo escrito y lo aún no narrado por nadie en este mundo, hasta llegado el amanecer. Sin embargo, mi timidez me ahogaba como si el nudo de mi corbata aprisionara demasiado. Una maldita guillotina en tiempos momentos, mi amor por él era demasiado intenso.
-Sabía que eras bueno.-rió.-Bueno, siempre lo he sabido.-su sonrisa era la de un ángel, aunque sabía bien que era un demonio al igual que yo.-Has dado con él muy rápido, más que otras veces. Parece que últimamente te corre prisa hacer los cobros.-dijo antes de tomarme del brazo, sonriéndome tan cándido que me provocó vergüenza mis pensamientos.
Había imaginado su cuerpo desnudo junto al mío, sus manos acariciando mi rostro y las mías su cintura. Tenía en mi mente la más deliciosa fantasía de sus labios suaves recorriendo mi cuello, mi cuerpo por completo hasta llegar a mis caderas. Para colmo, me sentía erecto por culpa de la excitación momentánea.
-Es mi trabajo.-comenté dejando salir el humo como una gran bocanada.-Vamos a por el siguiente.
-¿Te ocurre algo.-preguntó realmente preocupado, eso me hacía sentir más débil.-Sabes que somos amigos, no sólo soy tu jefe. Kurou...
-Estoy bien, vamos a por el siguiente.-dije como un perro rabioso, atacando a su amabilidad y mordiendo prácticamente su mano.
No podía sacarme la imagen de esa mujer disfrutando de las caricias que debían ser mías, esas que tanto deseaba, mientras no lograba ni balbucear un “te necesito”.
-Kurou pertenece a Tears For You, así como su amante Yoshiki. Este texto es una reproducción de tiempos atrás. La novela se desarrolla en Lestatdelioncourt666-
Dedicado a Kiseki y Marisol
No hay comentarios:
Publicar un comentario