Así que deja que tu cuerpo adorne mi cama. Necesito saber cómo se vería tu piel delicada y clara entre mis sábanas de negro satén. Es una necesidad provocada por tu escote y tus palabras desbordantes de sensualidad. Por favor, manchame de carmín y haz que esta noche huela a tu perfume. El deseo ya me ha cegado, la desesperación de tenerte ya es demasiado y en silencio no puedo vivir.
Se mía. Deja que te haga mía. Quiero hacerte mía. Y sé que lo terminaré haciendo. Porque sé que tú también terminarás deseándolo, sé jugar bien mis cartas y he aprendido a despistar incluso al mejor jugador de poker. Así que permite que te contemple, que te seduzca lentamente, y que mis palabras te causen efecto.
Tú no serás mi princesa, yo no seré un príncipe, pero juntos haremos que mi cama sea el reino del pecado y la desesperación ahogada.
----
Tiene una destinataria, pero no lo diré... uno nunca muestra sus cartas cuando está jugando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario