Jamás había visto semejante belleza frente a mí, besar sus labios se estaba convirtiendo en un vicio necesario y únicamente nos conocíamos de un par de horas en un bar. Conversar con ella se había vuelto una delicia, su sonrisa era tan atractiva como su encantadora voz y su seductora mirada. Ella me hacía recordar que podía volver a vivir, resurgir de las llamas del infierno donde me había dejado mi ex.
Era tan deliciosa, tanto, que se hacía difícil marcharse sin avisar. Minutos atrás había sido mía de una forma tan entregada que me dio miedo, tenía miedo a enamorarme de una extraña o que ella se enamorara de mí. El juego había sido seducirnos, sentirnos y olvidarnos. Ambos habíamos sufrido con relaciones que no llegaban a nada. Y sin embargo, su respiración lenta se hacía intensamente atractiva para mí. Quería arrebatar su aliento con sólo un par de besos de esos entregados, de los que marcan.
Una hora antes...
-No deberías invitar a desconocidos a tu casa.-comenté apoyado en el marco de su portal.
-¿Por qué? ¿Te transformas en hombre lobo?-murmuró empezando a reír pegándose a mí.-Tal vez soy yo la que termina siendo un peligro ¿no lo habías pensado así?
-¿Te transformas en mantis?-respondí acariciando sus cabellos, eran suaves y tenían un aroma a frutas que eran irresistibles. Yo quería olerlos y acariciarlos desde que entablamos un sincero y escueto saludo, un simple hola.
-No, pero quién sabe.-tiró hacia ella de las solapas de mi chupa de cuero, para luego empujarme hacia dentro de su portal.
-Sea como sea, creo que eres una sirena y sólo quieres que termine muerto entre tus dulces labios.-susurré antes de besarla lentamente.
-Tú eres un caradura, pero te respeto.-dijo antes de morder mis labios aceptando mi abrazo.
No sé cómo llegamos al ascensor, sólo sé que nos perdíamos entre besos necesitados. Había vivido dos años de infierno con una mujer posesiva, neurótica y descerebrada. Una de esas que imponen que las respeten, pero nunca te respetan. Había caído en un amor tóxico. Ella había vivido un novio a la fuga, quedando en ridículo frente a todos el día que iba a ser el más feliz de su vida. Así que nos desquitábamos, descargábamos esa necesidad con alguien que no conocíamos.
Al llegar a su puerta las llaves no querían colaborar, repetidas veces fueron al suelo pero mis labios no perdieron contacto con los suyos. Sus ojos verdes denotaban frustración cuando yo tomé las llaves e hice que cediera la puerta. Reí bajo y ella se pegó a mí mordisqueándome el cuello.
-Debes ser Aladín, has abierto la gruta con facilidad.-murmuré.
-Llámame así si consigo desabrochar a la primera tu sujetador.-eso hizo que riera de forma escandalosa mientras yo cerraba la puerta, para así acorralarla.
-Te llamaré genio de la lámpara si logras que llegue a un orgasmo, he oído mucho de él pero no tengo el placer de conocerlo.-dijo acariciando mi rostro.-Tienes unos ojos cafés muy intensos, hiciste que sintiera escalofríos cuando se cruzaron con los míos.
-Curioso, yo me ahogué en tus verdes corales quedándome atrapado.-murmuré antes de pegarla a la puerta de su propio hogar.
Mis manos acariciaron el borde de su falda, era a medio muslo y de un color rojo que parecía fuego en aquel antro. Me llamaron la atención sus piernas delgadas e interminables, aunque algo bajita tenía unas hermosas piernas que muchas modelos envidiarían y desearían tener. Un metro setenta, como mucho, pero unas piernas preciosas de esas que tienes que mirar.
-Ángel...-murmuró buscando mis labios cuando notó mis manos subir más bajo la tela de aquella falda.
Terminé deslizando su ropa interior hacia el suelo, para luego apartarlas bien lejos. Deseaba llenar su casa de nuestra ropa revuelta, que no fuéramos capaces de encontrarlas al acabar. Terminó en un paragüero a modo de bandera negra, como si fuera el mástil de un barco pirata.
Pasé a desabrochar los dos botones de su camiseta, viendo así el sujetador a juego con el color. Sin embargo, eran de esos completamente de encaje y noté entonces bajo mis dedos sus pezones. Comenzaba a tenerlos duros, sin embargo sólo la había besado y acariciado superficialmente.
Ella no tardó en quitarme los botones de la camisa, para hacerla caer al suelo sin mirar donde. Yo secundé lo su acto quitándole la camiseta, viendo así su cintura y vientre plano. Su piel era suave, nívea salvo por una peca sobre su ombligo. Tenía marcadas sus clavículas, pero no estaba extremadamente delgada, aunque sí podía decirse que era de esas chicas que cuidaban su cuerpo.
-Jamás he visto una diosa prácticamente desnuda, si lo hago seré castigado por el Olimpo y caeré en pecado.-murmuré aquello y ella empezó a reír bajo algo nerviosa.
-La diosa te concede que la veas, pues esta noche será tu diosa de placer y concederé tus caprichos.-dijo jugando con mis cabellos negros, los había dejado crecer por capricho y no porque mi antigua amante lo exigiera.
-No, la diosa puede concederme su alcoba pero yo cumpliré sus deseos como sacrificio.-ella se quedó en silencio mirándome y luego me besó.
-Llévame a la cocina, házmelo allí y luego en todos los rincones de esta casa. Hazme sentir mujer después de años reprimiendo del deseo y viéndome con la única compañía de un consolador. Eres el primer hombre que me toca después de tanto tiempo y quiero sentir que valió la pena.-dijo mirándome fijamente a los ojos.
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Primer texto que no dedico a nadie en años...
LIBRE AL FIN... para hacerlos como me salga de la punta del nardo.
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