-Eres el demonio.-susurró aterrado, podía notar como empezaba a traspirar.
-Soy lo que tú desees.-respondí sonriendo mientras clavaba mis ojos rojos en su espejo.-La pesadilla o el sueño...
-Aléjate de mí.-dijo apretando sus puños, completamente paralizado.
-¿Por qué no me alejas tú?-interrogué.-¿Sabías que uno únicamente se paraliza ante lo que desea realmente?
-¡Mentira!-escupió con rabia.
-Entonces me temes...
-¿Cómo no puedo temerte? Eres el demonio.-repitió de nuevo esa sentencia agachando la mirada, incluso temía a mi reflejo junto al suyo.
En ese instante mis colmillos perforaron su cuello, rodeé su cintura pegándolo a mí y lo dejé caer una vez satisfecho. Le di la posibilidad de vivir, de acompañarme, pero tardó demasiado en reaccionar... otra vez será.
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