
Todos lo hemos hecho alguna vez y es imaginar el país de Alicia. He estado jodidamente enfermo y entre fiebre y fiebre... algo vino a mi mente. Mi novia dijo que sería interesante tomar referencia de nuestros personajes, que lo contaran dos de nuestras dualidades y el resto participara de alguna forma. Por eso parte de un gran elenco de Dark City aparece en este cuento. Spider en el País de las Maravillas. Spider es físicamente Hide de X-JAPAN, así lo imaginé en su momento, de 18 años y mucha hiperactividad y adicción a los dulces. Aquí viene su cuento... que lo disfruten.
Los cuentos suelen empezar de una forma tradicional, un erase una niña o había una vez un príncipe. Yo soy poco adoctrinado en este caso, empezaré siendo sincero y hablándoles de lo mal que sientan los dulces en exceso. Por ello les contaré Spider en el país de las maravillas, tomen nota y aprendan de sus errores... quizás se libren de un buen retortijón.
Había tomado tanto dulce como sus bolsillos pudieron guardar, como su sombrero pudo ocultar y como sus carillos pudieron mascar. Caramelos, chicles, chocolates, piruletas, bastones de masticable de fresa o menta, cayeron en sus manos y después en su estómago. Aquel pequeño ladrón había hurgado incluso en el bote de las galletas.
-Ña... ña... Hiroto jamás se enterará si meto una foto de galletas dentro.-dijo con una sonrisa traviesa dando el cambiazo más estúpido que jamás he conocido.
Pero obviamente, su pareja y mayordomo, se percató del bote de galletas vacío, así como la hilera de hormigas que comían las migajas esparcidas por el suelo, las manos de chocolate de uno de los muebles y los numerosos envoltorios que dieron con la menuda criatura de cabellos rosados.
-¡Joven Spider!-exclamó al ver su rostro cubierto de migas, chocolate y azúcar.
-¡Mi tripa!-es lo que obtuvo como respuesta, completamente conmocionado palpándose aquel vientre inflado. Sus pantalones estaban algo desabrochado, tanto dulce había hecho que su tripa se inflara cual globo zepeling.
El joven Spider, conocido como la pequeña araña rosada del clan Yuuji, terminó en la cama aquejado de fuertes dolores, nauseas y alucinaciones. Se aferró a su conejo de peluche, confeccionado por Hiroto con sus propias manos, y cayó en un profundo sueño. Al despertar... ni su habitación era su habitación ni Hiroto era Hiroto. Frente a él había un caballero elegantemente vestido y con unas enormes orejas de conejo, se parecía a su pareja, pero este era un neurótico que miraba una y otra vez su enorme reloj de bolsillo.
-¡Voy tarde! ¡Qué voy tarde!.-exclamó el pobre mayordomo con orejas de conejo, moviéndose de un lugar a otro, sin apartar la mirada del reloj y con esa voz sacada del mismísimo inframundo.-¡Me voy! ¡Me voy!.-salió de la habitación, tomando las llaves de su motocicleta.
Spider se levantó de la cama, obviando que iba vestido en pijama, para perseguir a Hiroto, o más bien al nuevo conejo que deseaba como peluche. Salió tras él tomando las llaves de su motocicleta, así como el casco y un abrigo grueso para el frío.
El mayordomo corrió y corrió por toda la ciudad, tomando dirección hacia el bosque. Él, mientras, corría como un pequeño demonio de Tanzania, lo hacía gracias a que la motocicleta estaba trucada y podía correr igual que una de carreras.
Una vez estado ahí, dejó la motocicleta bien aparcada para echar a correr dentro del bosque, llegando hasta el lago donde del otro lado, se encontraba un enorme árbol donde no importó si su impecable traje negro se manchará de lodo, entró dentro del árbol, aún gritando: "¡Voy tarde! ¡Voy tarde! ¡La reina se molestará mucho!"
-¡Hiroto! ¡Deja que te agarre de las orejas! ¡Y no hagas caso a la reina! ¡Yo soy tu araña!-gritó corriendo tras él para caer por aquel tronco.
Mientras caía gritaba divertido, le gustaban las atracciones y aquella se la tomó como una. Estaba lleno de relojes, peluches, anime y el power ranger negro.
Cuando cayó se quejó del golpe que recibió su trasero, mientras se lo sobaba, e intentaba recordar que peor se lo dejaba Hiroto, vio una diminuta puerta mal iluminada. Si por él fuera juraría que tenía ojos azules como el cielo, pero no veía para nada bien al ser tan pequeña.
-Es la única entrada, pero es demasiado chica.-dijo mirándolo todo, entonces al girarse vio un zumo y una llave. El zumo tenía puesto “bébeme” y la llave parecía tan pequeña como la cerradura de la puerta.-¿De quién será? Tita Rose dice que no beba las cosas de otro, pero es que tengo excusa porque pone bébeme...-entonces se la bebió y se hizo pequeño, diminuto, minúsculo, una pulga tenía más tamaño. Su ropa se volvió distinta, era un traje parecido a los que su hermano diseñaba.-Otra vez de niña... bien... esto ya es un diario.-se sacudió la falda y cuando llegó frente a la puerta esta estornudó.-¡Ah!
-¡Ah! ¡¿Quién eres tú?!-dijo mirándole fijamente.-¡Largo! ¡Largo! ¡Aquí no te quiero!
-Pero yo tengo que entrar.-murmuró mostrándole la llave.-¿Pasó por aquí un conejo con orejas enormes y ojos rojos?-interrogó y la puerta sólo sonrió.
-Sí, por eso te dejaré entrar.
-¿Por qué pone Max?-preguntó sorprendido por la etiqueta de la llave.-Si eres pequeño, deberías ser Min.
-Max es mi nombre y se acabó, no le des más vueltas... sólo es un nombre.-respondió mirándole fijamente con sus ojos azules.-Que tengas suerte con el conejo y ten cuidado con la reina.
Metió la llave en la cerradura y la hizo girar lentamente, para luego empujar y aparecer en un mundo completamente distinto. Parecía ser minúsculo en un lugar tan enorme, quería que las flores que hablaban a su alrededor le hicieran caso, pero él no lograba que le tomaran en serio o por algo más que un insecto.
Comenzó a llorar en aquel enorme prado, no tenía a nadie y con ese tamaño le era imposible encontrar nada. Tanto lloró que empezó a crearse un charco, el charco fue a ser un río y el río se hizo caudaloso llevándolo a un enorme lago.
Cuando se encontró allí a duras penas podía moverse, por culpa del traje empapado, pero tuvo que hacerlo ya que comenzaron a perseguirle unas carpas enormes con cara de hombre. Eran carpas que comían niños para ser jóvenes, tuvo por ello que salir corriendo del agua y aferrarse a una seta, llegar a tierra y jadear victorioso.
-¡Lo logré! ¡Lo logré! ¡He llegado sano al otro lado! Pero que enorme lago.-murmuró mirándose el reflejo, viendo lo profundo que era y también contemplando a su alrededor.
Al salir del agua, empezando a adentrarse en el bosque se topó con dos personas que cortaban flores, brincando de un lado a otro, si bien, sus facciones era muy diferentes a todo lo que hacían. Parecían estatuas de hielo brincando y corriendo por todo el bosque.
-¿Y tú quién eres?.-preguntó uno, mientras que el otro no dejaba de ver a nuestra querida araña.-Yo soy Mana I.
-Y yo Mana II.-dijo poniéndose al lado del I.
-Me llamo Spider y ando detrás de un conejo blanco con ojos rojos que es mi mayordomo.-respondió empezando a caminar, si bien ambos se interpusieron en su camino, diciéndole que no podía irse, la visita había empezado, diciéndole que le enseñarían muchas cosas.-No, gracias, ya debo irme.
-Si quieres te enseñamos a golpear con el bastón.-dijeron ambos, mostrando sus bastones, empezando a pelear.
-No, tengo que irme.-dijo empezando a caminar de nuevo.
-¿Por qué?
-Ya les dije, ando detrás de un conejo blanco que es mi mayordomo.-caminó de nuevo y de nuevo se pusieron frente a él.
-¿Por qué?
-Porque... Porque... Me da curiosidad de porque no esta atendiéndome a mi y se va a otro lado.-echó a caminar, apresurando el paso para alejarse de esos dos.
-Es curiosos.-dijeron.-Es igual que las ostras... Y ya sabes que les pasó... ¡Pobres ostras!.-dramatizaron, quitándose los sombreros de copa, empezando a llorar.
-¿Ostras? ¿Qué les paso a las ostras?.-preguntó curioso, acercándose de nuevo a ellos.
-Ahhh, no , tú tienes demasiada prisa.-respondieron ambos, alejándose de él, si bien nuestra querida araña rosada prestó atención a la historia de "las ostras curiosas", dándose cuenta de que la curiosidad era bastante peligrosa si no se tomaba con cuidado.
-¡Ah, yo no seré como las ostras! Tan sólo quiero que Hiroto me de mis atenciones.-dijo levantándose del tronco donde se había sentado, sacudiéndose el vestido.-Bueno, debo irme.
-¡Ah no! ¡Otra historia!.-exclamaron ambos Manas, empezando a contar otra historia, si bien, la pequeña araña rosada se escapó sigilosamente de donde estaban esos dos, tratando de hacer el menor ruido posible. Cuando estuvo bastante lejos, suspiró aliviado de haberse podido escapar de Mana I y Mana II.
Nuestra querida araña iba paseando por el bosque, viendo las cosas tan extrañas que había, si bien sus ojos no podían engañarlo y fue así como vio de nuevo al conejo blanco, corriendo hacia una casa. No lo dudo dos veces, corrió a seguirlo, entrando en la casa donde había entrado antes el conejo.
-¡Kanon! ¡Kanon! ¡Mis guantes!.-exclamaba corriendo el conejo.
-¿Kanon? ¿Para qué quiere a Kanon?.-murmuro Spider, notando que Hiroto lo miraba.-¡Hiroto!
-¡Kanon! ¡Busca mis guantes! ¡Buscalos! ¿Qué no vez que ya es tarde? ¡Pronto!.-exclamo el conejo, encerrando a la arábiga en una habitación que aparentaba ser la principal.
-Pero... ¿Por qué quiere a Kanon?.-murmuro.-Ahhh... Si yo fuera Hiroto... ¿Dónde guardaría mis guantes?.-se pregunto empezando a buscarlos por todos los rincones, hasta que dio en una pequeña cajita, donde se leía "comeme".-Bueno... No creo que haga daño comerme uno.-tomo el mas llamativo, dándole una mordida mientras seguía buscando los guantes que el conejo le había pedido.
Si bien, nuestra araña empezó a crecer y crecer hasta que fue tan grande que quedo atrapado dentro de la casa. Nuestro conejo quedo tan sorprendido de lo ocurrido que corrió pidiendo ayuda a quien fuera.
-¡Ayuda! ¡Un monstruo! ¡Auxilio!.-exclamaba el pobre conejo, viendo que alguien pasaba.-¡Renata! ¡Señorita Renata!
-¿Renata?.-repitió Spider, mirando por la ventana que su tita Renata aparecía, vestida de una forma diferente, parecía que estuviera disfrazada de Cristobal Colon.
-¡Anda Hiroto! ¡Que milagro!.-exclamo encendiendose la pipa que traía.
-¡Ayudeme! ¡Hay un monstruo dentro de mi casita!.
-¿Qué? ¿De qué estas hablando?.-le miró confuso, acercándose a su casa para sorprenderse de que el conejo decía la verdad.-Es cierto... Hum... Habrá que sacarlo por la chimenea.
-¿Por la chimenea?
-Sí, sólo... Sólo necesitamos un... Un...-se quedo pensando hasta que vio pasar a una lagartija pirata con escalera.-¡Una lagartija pirata con escalera! ¡Chris! ¡Chris mi buen amigo! ¿Te metes por chimeneas?
-¿Qué? ¡Claro! ¡Es lo que mejor se hacer!.
-¡Excelente! Entonces metete por la chimenea y saca al monstruo por los cabellos rosas.-empezó a decir Renata, subiéndolo por la chimenea. Aunque al ver al monstruo trato de huir, si bien, Renata no le dejo hacer aquello.-¡Venga! Eres una lagartija pirata, solo tienes que enredarle tu cola al cuello y sacarlo por la chimenea!
-Pero... Pero...
-No hay pero que valga, ¡para dentro!.-exclamó metiéndolo por la chimenea. Con lo que no contaron es que el ollín de la chimenea haría estornudar a Spider, el cual hizo que nuestra lagartija pirata saliera volando por la chimenea.-Bueno... Allá va Chris.
-Pobre del Tito Chris.-murmuro Spider desde dentro de la casa.
-¿Ahora qué hacemos?.-preguntó Hiroto, sacudiéndose el polvo del traje como de sus orejas y rabo esponjoso.
-Hum... Pues... Pues...-se encendió un fósforo para su pipa, si bien, por pensar de mas, terminó quemándose los dedos.-¡Ay joder! ... ¡Lo tengo! ¡Vamos a quemar la casa!.-exclamó feliz, empezando a romper toda la madera que tuviera a la mano.
El conejo blanco brincaba diciendo que no, que era su puerta, su cerca, su buzón y demás cosas. Spider empezó a ponerse nervioso, no quería terminar quemado como la cómoda pre-cocinada que se hacia antes. Así que miró el huerto que el conejo tenía, así que aunque no le gustaran las verduras, sobre todo las zanahorias, se comió una.
Esto hizo que de grande pasara a pequeño, tan pequeño que termino saliendo, corriendo hacia el jardín, siguiendo al conejo blanco que por ahí se había metido. Recorría el jardín, viendo si podía ver al conejo blanco si bien, lo que encontró fue humo salíendo de un lugar, al acercarse se encontró a una oruga fumando, quitado de la pena.
Si bien, lo que llamó la atención de nuestra arañita fue la ropa que usaba la oruga. Tan extravagante como la suya.
-Me gusta tu ropa.-murmuro Spider sin apartar la mirada de la oruga.
-¿Quién eres tú?.-pregunto la oruga, lanzandole el humo en toda la cara.
-Yo... Yo soy Spider o... Eso recuerdo.-respondió mordiéndose el labio inferior.-Tu eres una oruga.
-No... Yo soy Imai... La mejor oruga de todas.-se recostó en una hoja, volviendo a fumar.-¿Qué es lo que quieres?
-Bueno... Me gustaría... Me gustaría saber... Como... Como ser más grande.
-¿Más grande? ... ¿Para qué? Ser pequeño es mejor.-respondió Imai rascándose la cabeza.-Mola más.
-Es que... Yo ya me canse de ser pequeño.-frunció el ceño.-¡Ya no quiero serlo!.-la oruga tan sólo sonrió de lado, riendo bajo para echar más humo pero hacia otra dirección y ahí apareció un hongo.-¿Ella quien es?
-Es hombre... Él te ayudara a ser más grande.
-¿Qué?!-exclamó casi cayéndose de espaldas, más bien se cayó sobre sus cuartos traseros o también llamado culo. Sí, cayó de culo al escuchar la explicación de la oruga.-¡Pero si tiene pechos!
-Un lado te hará crecer, el otro te hará empequeñecer.-susurró la oruga dándole una nueva calada a la pipa.
-¿Qué lado? ¿De qué habla?
El hongo se abrazó a él y sonrió de forma maternal, cosa que le dio escalofríos. Como pudo se apartó y jadeó retomando el aire, ya que ese abrazo lo dejó sin aliento.
-Uno de mis pechos te hará crecer, el otro te hará más pequeño... sólo tienes que chuparlo.-comentó tomándolo de nuevo y él se negó.-No te resistas, así no puedo ayudarte.
-¡No quiero ser ayudado! ¡Ya no soy hetero! ¡No quiero saber nada de pechos!-exclamó aferrándose a una margarita, la cual se quejó y lo pateó haciendo que cayera sobre el hongo y este le diera a tomar de uno de sus pechos.
En ese momento el joven comenzó a transformarse en un hombre adulto. Eso hizo que gruñera bien alto, él no se refería a crecer de hacerse viejo sino a crecer de tamaño.
-¡No es lo que quiero!-exclamó Spider insatisfecho y la oruga sólo sonrió leve calando de nuevo su pipa.
-¿Y qué quieres?-preguntó.
-Volver a ser niño de nuevo.-reclamó.
El hongo lo tomó entre sus brazos y le dio del otro pecho, esto lo convirtió en un niño de no más de tres años. Lo mecía leve entre sus brazos sonriendo, completamente ido por la imagen de aquel niño tan hermoso.
-¿Y bien?-preguntó la oruga.
-¡No! ¡No es lo que quiero!-gritó antes de empezar a llorar bajo.-Quiero volver a ser yo.
-Pero yo no quiero, me lo quiero quedar.-dijo el hongo al verlo.-Es más bonito que los nuestros.
-Tenemos tres bocas que alimentar, devuélvelo ya a su estado natural.-respondió la oruga y el hongo obedeció.
Metió al joven Spider, el muy joven Spider, entre sus pechos y esto lo hizo regresar a su tamaño natural. Mientras refunfuñaba y se acomodaba a ropa tanto el hongo como la oruga desaparecieron.
Confuso, perdido y sin encontrar al conejo por ninguna parte... caminó. En su camino encontró una casa con un enorme jardín florido, a lo lejos olía a tarta de manzana y decidió entrar a ver si le daban una porción. Nada más entrar se encontró a un haya haciendo tartas sin parar, una hermosa señora vestida de blanco con un lindo niño entre sus brazos. Y en una esquina un extraño gato, el cual movía la loca mientras mostraba sus filosos colmillos en una sonrisa escalofriante.
-¿Quien eres?-preguntó la mujer meciendo con ternura el pequeño, aquello le hizo recordar a su propia madre en las viejas fotografías que siempre tenía su hermano.
-Yo soy Spider... o eso creo.-dijo pellizcándose el labio inferior, para luego sonreír.-¡Sho!
-¿Cual Sho?-preguntó la mujer mirando hacia su gato.-Ese gato es Cheshire, es nuestro gato burlón.
-¿Gato burlón?-murmuró sin comprender.
-Sí, pequeño Spider.-susurró alimentando al pequeño meciéndose aún en la mecedora que usaba como trono.
-Señora, señora... los pasteles para la fiesta están a punto.-dijo la doncella.
-¿Puedo tomar un poco?-preguntó notando como su estómago se inquietaba.
-No, no puedes. No es porque no quiera, pero todas estas tartas son para la fiesta de la reina.-dijo la ama de llaves caminando de un lado a otro con una manga pastelera.
-Miau.-dijo el gato, que más que gato le recordaba a Sho disfrazado de uno.-Miau...
-Ahora que recuerdo.-susurró la Duquesa.-Voy tarde, toma cuídalo.-comentó dándole el niño abrochándose bien la ropa para salir corriendo hacia su carruaje.
-¡No puedes irte! ¡No puedes dejarme a Lucio!-aunque realmente siempre había deseando tenerlo en brazos, pero por alocado jamás se lo habían permitido.
-¿Realmente crees que ese cerdo que sustentas en tus brazos es un niño?-preguntó el gato y esto hizo que diera un brinco.
-¿Hablas? ¿Qué? Es un bebé.-comentó alzándolo e inmediatamente se convirtió en cerdito.-¡Ah!-exclamó aterrado y tal como gritó salió corriendo.
Se perdió entre el frondoso bosque, donde los árboles se mecían y las flores se peleaban. Estaba perdido en un mundo extraño, tan extraño como extravagante. Él lo era, pero la ropa que llevaba era más para su primo Yura y no para él. Aunque jamás supo a ciencia cierta si Yura era él o ella.
-¡Ah! ¡Me perdí!-dijo frente a un enorme árbol lleno de letreros indescifrables.-Vamos a ver ¿por donde vine?-se rascó la cabeza y alborotó los cabellos.-¡No entiendo la letra! ¡Esto seguro que lo escribió Brandon!-Brandon era uno de sus tíos, tenía una letra pésima y un pésimo gusto cuando se trataba de bromas pesadas.
Entonces, mientras debatía por donde ir, una voz empezó a cantar en el fondo del bosque, no muy lejos, mientras se iluminaba leve cada árbol como si estuvieran jugando con ellos a ponerles luces de navidad. Era como ópera, la ópera le recordaba a su tito Kamijo... al cual no veía desde hacía días.
-¿Buscabas algo?-dijo una fila de dientes sonrientes, pero no veía cuerpo.
-¡No! ¡Yo nada!-exclamó algo nervioso.-Sólo estaba...
-Espera un momento.-comentó la voz y unos ojos verdes con amarillo aparecieron de la nada, junto a ellos el resto de un gato, era el gato de la Duquesa encaramado en una rama.
-Pero... si no eres más que ese estúpido gato.-comentó antes de echarse a reír, se había asustado por un gato.
-Un gato risón.-respondió antes de volver a intentar esfumarse.
-Espera, no te vayas.-era la solución a todos sus males, él sabría ayudarle.
-Ah, entonces sigo cantando en tu honor.-dijo todo orgulloso de su voz de tenor.
-No, no es eso. Verás me gustaría que me ayudaras, y no me lies más que esos carteles.-dijo señalando todos los carteles que había tres árboles más hacia el inicio del bosque.-¿Qué camino escojo?
-Depende dónde quieras ir.-aún estaba encaramado a la rama, pero bajó cayendo frente a él y caminando a su alrededor a dos patas, realmente era igual que su hermano, pero esa gola frondosa y esas orejas le hacían verse como un gato común y corriente, pero no demasiado común ya que era de dos tonos distintos de lilas y sus ojos eran muy llamativos, así como sus colmillos.
-Eso no importa.-no quería decirle hacia donde quería ir, porque empezó a pensar que si le decía que quería ir tras un conejo él quizás también lo desearía. Siempre pensó que a su hermano le gustaba un poco Hiroto.
-Entonces no importa que camino elijas.-respondió encogiéndose de hombros.
Cuando iba a ir tras él, para que se detuviera y le contestara bien, se esfumó y sólo se veían sus patas a su alrededor, si bien reapareció frente a sus narices riéndose de él.
-Si al conejo tú buscas debes saber que se fue por el otro lado.-dijo señalando hacia uno de los caminos.
-¿Realmente fue hacia allá el conejo?-preguntó ilusionado.
-¿Cuál conejo?-preguntó de nuevo encogiéndose de hombros.
-Tú dijiste.-replicó.
-¿Yo dije?-contestó asombrado.
-¡Sí!-exclamó molesto, porque le estaba tomando el pelo.
-Yo no dije nada, sólo cantaba.-dijo entonando de nuevo la canción.
-¡Deja de burlarte de mí! ¡sadomasoquista de cuarta!-se molestó, porque no le hacía caso y temía que se burlara.
-¿Qué me llamaste?-interrogó curioso.
-Nada.-susurró esperando que le dijera realmente donde estaba.-Busco a una persona ¿sabes de alguien que me pueda guiar?
-Ah, si buscas a alguien seguramente puede ayudarte el sombrerero. El sombrerero loco está en el prado, llegarás por ese camino.-dijo señalándoselo.-Allá está tomando el té, yo lo sé.
-No quiero nada con locos.-respondió.-Estoy harto de tratar con ellos.
-Pues entonces ve a ver a la liebre por ese otro.-comentó señalando el camino indicado.-Pero te advierto que también está algo tocado.
-¿Qué?-dijo frunciendo leve el ceño.
-Aja, pero aquí es que todos estamos locos.-dijo alzando los brazos sacándose la cabeza para hacer malabares con ella, luego se la colocó y echó a reír.-Todos estamos locos aquí.-dicho esto se esfumó y él gruñó.
-Costurero sin méritos.-dijo haciéndole burlas, ya que su hermano era un gran diseñador y costurero pero sabía que el Sho real se molestaría si le decía aquello.
Se encaminó hacia donde estaba el sombrerero, bueno hacia donde le había dicho el gato. Al llegar se encontró al señor Atsushi y a su tío Yuki sirviéndose tazas y tazas de té, al menos a eso olía. Pero como había comprobado ninguno era quien realmente creía, todos eran distintos en realidad y se preguntaba si esos dos eran también completamente distintos a los reales. Porque esto era un sueño, no podía ser otra cosa.
-Buenas tardes, ¿puedo sentarme?-preguntó confuso.
-Claro, claro.-dijo Atsushi sin despegar la vista de la taza.
Cuando fue a poner su trasero en una silla, el sombrerero comenzó a chillar con la liebre diciendo que ese, justo ese, estaba ocupado y tendría que tomar asiento en otro. Él miró a su alrededor y tomó asiento donde le indicaron.
-¿Quieres té?-preguntó Yuki, el cual tenía unas orejas como las de Hiroto.
-Busco a otro conejo llamado Hiroto.-respondió.
-¡Yo no soy un conejo! ¡Soy una liebre! ¡Hay diferencias! Los conejos están amaestrados, las liebres no.-respondió molesto.
-Lo lamento, quería decir que buscaba a un conejo.-aunque dentro de él le pareció estúpido, para él liebre y conejo eran lo mismo pues eran de la misma familia de animales, mismas características y no vio tan terrible el fallo.
-Deja de buscarlo por un momento y toma uno de nuestros dulces, así como uno de nuestros té.-cuando fue a servirle el sombrerero comenzó a gritar otra vez.-¡Esta no! ¡Está sucia! ¡Cambio de lugar!
La liebre, el sombrerero y él empezaron a correr alrededor de la enorme mesa, para cambiar así de lugar y ser servido.
-¿Dos terrones?-interrogó la liebre y él asintió.
-¿Y qué celebran?-preguntó confuso tomando la taza.
-Nuestro no-cumpleaños.-respondió el sombrerero.
-¿No-cumpleaños?-interrogó confuso.
-Sí, hay un cumpleaños en el año pero tienes 364 días de no-cumpleaños por festejar ¡No es maravilloso!-dijo Atsushi sonriendo como un maldito gato mientras levantaba su chistera, bajo esta y su terciopelo negro había una tetera y una taza lista para tomar.
-¡Ah! ¡Qué bueno! ¡También es mi no-cumpleaños!-exclamó.
Entonces de una de las numerosas teteras apareció un ratoncillo. Juraría que se parecía a Paulo Wilde, tenía cara de sueño y se colocaba las gafas.
El sombrerero y la liebre brincaban cantando por el feliz no-cumpleaños. Él tan sólo aplaudió la canción y después tomó la taza para llevársela a sus labios.
-¿Y cómo es que llegaste aquí?-preguntó la liebre sentándose en la mesa y tomando un té con unas pastas.
-Es una larga historia.-empezó a decir.-No sabría por donde comenzar...
-Comienza por el comienzo.-respondió el sombrerero.-Y cuando termines de hablar... te callas.
-Todo empezó cuando Sole...
-¿Quién es Sole? ¿Qué Sole? ¿Sole?-preguntó insistentemente la liebre sin dejarle hablar, movía sus orejas de forma cómica y tenía una expresión divertida, así como la tenía su tío Yuki cuando terminaba emborrachándose tanto que no se mantenía en pie.
-Sí, Sole es mi gata.-respondió y el ratoncillo comenzó a chillar, correr y volverse prácticamente loco frente a sus ojos.-¿¡Qué pasó?!
-¡Melaza! ¡Necesitamos melaza!-exclamó y Spider le lanzó un frasco de mermelada que fue huntada en su naricilla.
El pequeño ratón quedó sobre un pastel embadurnado en nata y melaza, se veía cómico y también tierno. En ese momento el sombrerero encendió una vela y la tarta subió a los cielos como si fuera un cohete. Allí explotó y bajó el ratoncillo balanceándose con su paraguas a juego con su pequeño sombrero.
-Brilla, brilla... estrellita... brilla y sonríe desde el cielo... brilla, brilla hasta que caigas en un agujero negro.-cayó de nuevo en su tetera y la liebre cerró la tapa.
-Mira todo el barullo que armas.-dijo el sombrerero suspirando pesado, acomodando su ropa para quedarse contemplándolo.
-No lo sabía.-murmuró algo mal, se sentía mal por el ratoncillo.
-No ha vuelto al ser el mismo desde que esa loca le atacó.-respondió.
-Pensé que tal vez temía por culpa del risón.-dijo recordando que fue el único gato que hasta ahora había visto.
-No, no es por eso. Es por cierta criatura peluda y rubia que le hizo correr horas por el bosque en busca de arándanos. Pobre, ni temporada era.-comentó la liebre encogiéndose de hombros.-Menos mal que yo me libré de Kanon.
-¿Kanon? ¿Otra vez?-dijo arrugando la nariz.
Entonces al alzar la vista lo vio, vio esas enormes orejas correr de un lado a otro dando enormes brincos. Así que se levantó sin despedirse y corrió tras él, tenía que alcanzar al conejo de una vez por todas.
Corrió tras él perdiendo el aliento en algunos momentos, pero no se iba a dar por vencido. Sus piernas no eran tan lagas como las de Hiroto, el conejo brincaba, trotaba y también se deslizaba. Él sólo podía intentar no matarse con aquellos zapatitos de charol. Cuando llegó a una colina a lo lejos vio un castillo, sonrió, ya que aunque perdiera la carrera con el conejo daría con el lugar donde debía de estar la reina.
El conejo desapareció, pero no así el castillo y los jardines. Nada más llegar a ellos vio a su tío Mario y su tío Yoshi convertidos en cartas enormes, cartas del tres de tréboles y el dos de corazones. Junto a ellos estaban el cinco de picas y el tres de corazones. Cartas de baraja, sí, pero también conocidas. Las otras dos cartas eran Teru y su hijo Asashi, o más bien el hijo del novio de Teru de tan sólo cinco años. Entre todos intentaban pintar las rosas blancas de color rojo.
-¿Por qué pintan las cartas?-preguntó.
-¡Porque este inútil debería cortarse el pelo!-exclamó Yoshiki.
-¡Es que los paquetes eran parecidos!-respondió quejándose Mario, intentando verle tras aquellos enormes cabellos que caían sobre su frente tapando sus ojos.
-¡Dejad de discutir!-dijo Teru con el niño en brazos.-Ahora lo que cuenta es que pintemos las rosas.
-¿Y a quién se le ocurrió la idea?-preguntó Spider.
-A mí, es la mejor solución para que la Reina no nos corte la cabeza.-dijo aferrándose firmemente a su padre.
-¿La cabeza? Pero si sólo se equivocaron de color, además blancas también son bonitas.-ellos negaron.
-¡No conoces a la reina!-dijeron al unísono.
-Entonces os ayudaré a pintarlas.-dijo tomando el cubo para comenzar a pintarlas, pero al oír los timbales y las marchas de las otras cartas... paró y el resto se ocultó.
La reina había llegado, estaba inspeccionando sus rosas rojas, y no se percató que chorreaban de pintura. Él quedó asombrado, la reina era idéntica a su tía Rose. La tía Rose echaba grandes regañinas, pero era buena y muy dulce. No entendía porque decían que su doble en este mundo era tan cruel. A su lado iba una miniatura rubia de ojos color cielo, pensó que era el hijo del tío Kamijo y la tía Rose, pero no, era el mismísimo tío Kamijo, el rey en este sueño tan loco. La reina iba inspeccionando sus rosas de forma minuciosa, hasta que vio que unas chorreaban de pintura, rojo carmín como el de su vestido que hacia resaltar su cuerpo.
-¿Quién pintó estas rosas así? ¿¡Quién pintó estas rosas así!?.-exclamó.-Muy caro le va a costar al que haya cambiado el blanco por carmín.-inspeccionó el lugar, buscando al culpable hasta que vio la broca de pintura, aún sujetada por el tres de trebol, que al lado estaban el dos de corazones, el tres de corazones y el cinco de picas, con las brochas sujetas pero escondidas debajo de ellas.-¿Y bien? ¿A quién se la ha ocurrido semejante atrocidad?
-¡Ha sido el tres de trébol!.-exclamó el cinco de picas.-¡Todo ha sido culpa suya!.-puso entonces unos ojos aguados, de piedad.-Por favor su majestad, no castigue al tres de corazones... Es un niño aún.
-¡Silencio! Al tres de corazones no lo castigaré como a ustedes.-con su cetro levanto la barbilla del dos de corazones.-Tu y el cinco de picas desplantarán todos los árboles de rosas blancas, mientras que el tres de corazones plantara todos los árboles sin descanso.-entonces miró de forma fría a tres de trébol.-A ti.. ¡Que le corten la cabeza!.
-¡Parate erguido! ¡Junta los talones! ¡Habla claro! ¡Deja en paz las manos!.-volvió a exclamar la reina, mientras Spider asentía y hacia todo lo que ella decía.-Y con la boca bien abierta, inclinándote responderás siempre: !Sí, su real majestad!
-¡Sí, su real majestad!.-repitió, la reina satisfecha palpó su cabeza.
-¿Sabes jugar croquet?.-preguntó la reina abrazando a Spider.
-Pues... Sí, su real majestad.
-¡Que comience el juego!.-exclamó la reina.
Las barajas empezaron a barajarse, a cortarse y a tomar posiciones, mientras nuestro famoso conejo blanco traía los bastones de flamingos, de varios colores. La reina tomaba el rojo, lo cual le tocó un hamster del mismo color, empezando así el juego, no sin antes ser interrumpida por el escándalo que nuestra araña hacia al querer tomar el flamingo rosa, lo cual molestó un poco a la reina, si bien, esto no hizo que su primer tiró fuera perfecto o eso hubiera sido de no haber sido puesto que una de las cartas de diamantes no logró que el hamster pasará debajo de el, lo cual le costó que le cortarán la cabeza.
-¡Sigues tú!.-exclamó, Spider tan sólo tembló, tocándose el cuello.-Es tu turno querida.-suspiró aliviado mientras traba de golpear el hamster rosado que le había tocado, si bien le costó mucho, ya que su flamingo no se dejaba usar, hasta que pudo pero no puedo superar el tiro de la reina.
El juego se extendió para largo, poniéndose cada vez más interesante hasta que al final, nuestro querido Spider ganó a la reina de corazones, lo cual no fue del agrado de esta.
-¡Que le corten la cabeza! ¡Que se la corten! -Pero... ¡Pero si tan sólo he ganado el juego!.-replicó Spider, tratando de huir de ahí pero las demás cartas no le dejaban hacerlo.
-Mi reina, al menos... Al menos podríamos hacerle un juicio...-pidió el rey, pestañeando.-¿Eh? Aunque sea una chiquito... ¿Si? ¿Si?
-... De acuerdo cielo.-palpó la cabeza del rey.-¡Que comienze el juicio!-exclamó la reina, haciendo que todas las cartas tomarán preso a Spider, llevandolo dentro del castillo, haciendolo pasar a una habitacion donde habia un estrado, luegar para el jurado y justo enfrente estaba el trono de la reina, fue ahi cuando apareció de nuevo el conejo blanco, vestido de forma impecable para hacer una reverencia a la reina que tomaba asiento en su trono.
-Su real majestad.-dijo haciendo una reverencia.-Señores del jurado.-otra reverencia.-Leales súbditos.-empezó a desenrollar el pergamino que llevaba cuando sintió que le tocaban el hombro.- ... Y el rey.-silencio absoluto.-Este tribunal, juzgará al joven Spider por alta traición hacia nuestra soberana, la reina de corazones, la cual le ha ganado en un juego de croquet...
-Pero... Yo...
-¡Al diablo eso!.-exclamó la reina,mirándolo de refilón a nuestra araña.-¿Estas lista para escuchar la sentencia?
-¿Sentencia? Pero... Si aún no me han juzgado.-replicó Spider, con ojos llorosos.
-¡La sentencia es primero! Después viene el juicio.
-Pero.. Yo sé...
-¡Aqui nadie sabe más que yo!
-No más de lo que usted sabe su real majestad.-dijo Spider haciendo reverencia.
-Así es querida... ¡Cortenle la...!.-entonces sintió como le tiraban del vestido, al voltear, vio al rey de corazones.
-Oye, oye, oye mi reina no han declarado los testigos, ¿podríamos llamar a uno o dos?.-pidió, pestañeando de nuevo.-¿Eh? ¿Podríamos?
-Ah... Esta bien... ¡Pero pronto!.-exclamó haciendo que el rey terminará en el piso, pidiendo llamar al primer testigo, que era la libre de marzo, tomando té como si nada.
-¿Sabes usted algo acerca de este terrible caso?.-preguntó el rey.
-Nada.
-¿¡Nada de nada!?.-exclamó la reina.
-¡Nada de nada!.-replicó la liebre.
-Eso es muy importante... Jurado, tome nota.-pidió la reina, mientras el jurado empezaba a anotar.
-Que no es importante... Su real majestad...-comentó Spider.
-¡Silencio! ¡Traigan otro testigo!.-pidió la reina, mientras entraba una carta con una tetera a la sala, en la cual venia el pequeño ratón que estaba con la liebre y el sombrerero, poniéndola frente a la reina que la tomó rápidamente.-¿¡Y tú qué!?.-la carta le hizo una seña de que guardará silencio.-... ¿Tú que tienes que decir de todo esto?
-Brilla brilla parpadean... Estrellitas en el cielo.-respondió el lirol, sacando poco la cabeza de la taza.
-Este es el testimonio mas importante que he escuchado.... ¡¡Tomen nota!!.-exclamó al jurado, que empezó a tomar nota mientras traian a la sala al sombrerero loco, que hizo una reverencia a la reina, la cual con un movimiento de dedos, ordenó que le picaran el trasero al sombrerero, dando así un brinco como un grito de dolor.-¡Habla de una vez!
-¡Ay! Pero que linda voz.-comentó haciendo un manoteo, sentándose y sacando una tetera junto a una taza para servirse té, tan campante.
-¿Dónde estaba cuando este horrible crimen se cometió?.-preguntó el rey, dramatizando de más.
-Estaba en casa, tomando té porque hoy festejo mi no-cumpleaños.
-Mi reina, que casualidad, hoy también es tu no-cumpleaños.-dijo el rey, volviendo a pestañear.
-¿Ah si?.-preguntó dudosa la reina.-Oh vaya... Que curioso...
-¿Deberás?.-preguntaron la liebre y el sombrerero loco, lo cual generó un "¡viva!"general, desencadenando una mini fiesta del té en pleno juicio, lo cual agrado bastante a la reina, la cual pidió a su mayordomo, el conejo blanco, a que trajera a su mascota.
Lo siguiente que se vio fue ver a Hiroto con Claudia en brazos, que tan sólo se lamia las manos, restregándoselas en el rostro. Spider no cambia de la impresión, estaba vestida como muñeca de porcelana pero al igual que su hermano Sho, también tenia orejas y cola de gato, sólo que las suyas eran de un tono bastante rubio.
-Aquí traigo a su gata su majestad.-dijo Hiroto, Claudia maulló alto y esto hizo que el pobre lirol saliera asustado de la tetera, siendo perseguido por la mascota de la reina por todo el salón del juicio.
Spider sintió lástima por aquel ratón, pero no diría nada porque temía que le ejecutaran en ese mismo instante. Además, estaba más preocupado porque Hiroto le viera, que por ellos dos. Así que comenzó a brincar llamándolo, pero Hiroto simplemente se mantuvo estoico junto al rey y la reina.
-¡Traigan al siguiente testigo!-dijo el rey completamente feliz dando mazazos a diestro y siniestro.
La siguiente en salir a juicio fue la duquesa, la cual apareció en medio de la sala iluminada por un enorme foco. Ella simplemente lloraba secándose las lágrimas, también iba a ser ejecutada y por eso la mandó llamar la reina.
-¿Y tú qué tienes que declarar querida hermana?-preguntó la reina con una sonrisa macabra.
-Sólo sé que vine a una fiesta y al llegar me declararon culpable.-dijo sonándose los mocos.-¡Ah! ¿Yo qué te hice?
-¡Darme dolor de cabeza con tus lamentos! ¡Al siguiente testigo!-exclamó la reina quitándole el mazo al rey para, por desgracia de este, prácticamente ser aplastado por los impulsos de su mujer.
El siguiente testigo era el gato con el que Spider había conversado. Se apareció en el estrado raya por raya, trozo por trozo de ropa que llevaba. Se colocó bien su enorme bufanda y se agarró al estrado con sus garras.
-¿Y qué tienes que decirnos hermosura?-preguntó la reina deseando escuchar su testimonio para pronto poder gritar lo que tanto le gustaba... “¡qué le corten la cabeza!”
-Sólo sé que cantando me encontraba y tuvo la desagradable idea de interrumpirme.-dijo dramatizando.-Mi voz es demasiado hermosa para no ser escuchada.
-¡Ya oyeron! ¡Anoten que es importante!-exclamó la reina satisfecha por lo que había escuchado.-¿Algo más?
-No, nada más.-dijo tras un maullido desapareciendo frente a todos.
-¡Ahora a deliberar!-exclamó la reina, pero el rey le tiró de la manga.
-Hay un testigo más.-sonrió mirándola con aquellos enormes ojos azules.
-¿Y quién es?-dijo algo molesta, ya quería la cabeza de Spider en sus manos.
-Yo.-dijo el conejo dando un paso al frente.-Yo soy el siguiente testigo.
Caminó elegantemente hacia el estrado y carraspeó para aclarar su garganta. Miró a todos y clavó sobretodo sus ojos en los de Spider. Él parecía estar a punto de clamar que le decapitaran. Entonces miró a la reina y comenzó su declaración. Todos guardaban silencio, el conejo hablaría.
-Conocí a este muchacho hace algún tiempo, me ha estado persiguiendo por todo el país y he de decir que a parte de destrozarme la casa, de llegar algo tarde y de sentirme acorralado... tengo deseos de cuidarlo. Nacieron en mí, no sé cómo o porqué. Pero sé, sé muy bien, que los cargos de los que se le acusa no son más que... ¡otro capricho de la reina!-exclamó lo último señalándola.-¡Todos estamos cansados de ella! ¡¿Por qué le seguimos el juego?! Señora, la apreciamos pero estamos cansados de ser decapitados. ¿No ha pensado que se quedará sin súbditos? ¿Y qué es una reina sin súbditos?-preguntó y ella antes que pudiera alzar la voz para que le decapitaran, se lo planteó.
-¿Sin súbditos?-preguntó confusa y la confusión la dejó sumida en preguntas.-¿Qué pasaría si no hay súbditos?-interrogó a su esposo y este sólo la tomó de la mano besándola leve.
En ese momento, todos y cuando digo todos, salieron corriendo. El conejo agarró al joven Spider y empezó a correr hacia el bosque, así como el resto de testigos que habían dado su fiel testimonio frente al resto, también la sala al completo se quedó vacía de cartas y damas que acompañaban en todo momento a la reina.
Aún corrían cuando Spider se despertó y vio a su lado a Hiroto preocupado, le estaba poniendo paños húmedos en la frente. Spider había agarrado el peor empacho de su vida. Por eso tuvo pesadillas y por eso soñó de forma tan extraña.
-Hiroto.-dijo en un balbuceo.
-¿Sí?-interrogó de forma cariñosa, intentando no reñirle por ser tan tonto y comer tanto dulce.
-Te ves mejor con orejas de gato.
No hay comentarios:
Publicar un comentario