Los grandes ídolos parece que van a estar ahí y no, la cagas y te jodes pensando en eso porque cuando llega el momento de despedirlos ¿qué se dice? ¿qué se hace? Nada.
Como está próximo el maldito día de los muertos pensé en resurgir de esta forma, ya que he estado puteado últimamente con una cosa y con otra.
Así que: Morgue
Se escuchaba a lo lejos el ruido de una incesante tormenta, el cielo resplandecían los relámpagos como si fueran guadañas decapitando ángeles. El aroma a tierra mojada se mezclaba con el de la putrefacción. A lo lejos se podía ver la cancela del cementerio chirriando y golpeando una y otra vez.
-Hace un tiempo de perros.-mascullaba uno de los atrevidos a entrar en aquel campo santo.
-Cállate, no quiero oír quejas.-respondió su acompañante.
-Tio no vamos a encontrar nada aquí.
El silencio se hizo en ambos, al igual que la estupefacción. Ahí estaba la tumba del proscrito, aquel que estuvo años en la morgue esperando sepultura porque ningún cementerio lo aceptaba. Sólo constaban sus iniciales, ninguna frase en su honor o la fecha de su suicidio.
Era un artista polémico, de estos de voz desgarrada por el pasado y el whisky. Su aspecto era frágil, pero su alma era la de un guerrero. Pateaba a cientos, y no sólo con sus botas de miliciano, mientras aullaba su furia en cada canción. El coraje, la desesperación, el dolor, la muerte, la injusticia, las lágrimas amargas en los ojos de un niño que se convirtió en la bestia.
En los periódicos hablaron de él durante años. Unos decían que fue un asesinato, otros que no era su cuerpo y creó su propia muerte, sucesos paranormales, suicidio, abducciones alienígena o vampirismo. Estúpidas, o no tan estúpidas, historias se contaban sobre él, sobre su infancia y juventud. Se habían creado canciones en su nombre, pero nadie tenía los huevos de pararse sobre aquella lápida.
Él admiraba a Ronnie James Dio, Holy Diver, era como su consigna o su himno. Jamás hizo cover con su grupo de aquel tema, su versión no superaría a Dio y era un absurdo hacerla. Pero siempre se le escuchaba cantar un trozo en sus conciertos, al principio y al final, sin música que le acompañara.
Cuando Dio murió él lo hizo poco después, parecía haberse evaporado junto a su ídolo. Sin embargo, decían que en su tumba se escuchaban acordes de guitarra y su voz gimiendo junto a ella, aullando las primeras estrofas de aquella canción.
Holy Diver
You've been down too long in the midnight sea
Oh what's becoming of me?
Ride the tiger
You can see his stripes but you know he's clean
Oh don't you see what I mean
Gotta get away
Holy Diver
Ambos muchachos temblaron y se quedaron más pálidos que una vela. Sobre la lápida había unas botas y dentro de ellas el cuerpo de un joven. Sus cabellos eran largos y bien cuidados, como los de aquel ídolo de ídolos, y su aspecto era idéntico. Hacía veinte años de aquello, era imposible que si estuviera vivo tuviera ese rostro. Podría ser su hijo, un familiar cualquiera, un desquiciado semejante a él o una aparición.
Al día siguiente se encontraron sus cuerpos tirados sobre aquella tumba, no tenían ni una gota de sangre y dos marcas profundas en sus cuellos. Algo los había matado y su muerte fue rápida, aunque violenta.
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