Y renaceré como el cuervo, te encontraré tras la muerte, para atraparte entre mis garras y destrozar tu cuerpo con mi frenético deseo. Regresaré para amarte.

miércoles, 28 de julio de 2010

Mi vida - Yuki

Cuando no posees nada no importa arriesgar tu mísera existencia. No tienes segura ni tu vida, ni la mañana siguiente, así que no hay nada que perder y sí mucho que ganar. Expones tu propia seguridad por cuatro yenes y pierdes la cabeza por mujeres a las cuales sólo les interesa cuánto vas a pagar por un polvo rápido y escaso. A la escoria le gusta rodearse de escoria y mantenerse por un poco de fama en un barrio miserable

Nací en un estercolero, en uno de esos barrios donde no va nadie. La policía incluso teme internarse entre los callejones de aquel laberinto. Es un lugar tierra de nada y de nadie, tierra donde el miedo se gana al chivato y el chivato quiere salir corriendo. Un barrio más allá de ser humilde, ya que más bien es la zona cero de la delincuencia de todo Tokyo.

No me hace sentir orgulloso, pero sé que gracias a ese lugar nada puede hacerme daño, sólo una persona puede dañarme y sé que no lo haría de forma consciente. Y si lo hiciera en búsqueda de su propia felicidad lo aceptaría, ya que está por encima de mí y de mis límites.

Tenía diez años cuando mis padres murieron por culpa de una sobredosis. Me quedé solo, aunque siempre me había sentido así, no era nada nuevo. Aprendí a huir mejor del miedo, la tristeza y a encarar el odio aceptándolo como parte de mi alma. Me dejaba guiar por él y por la libertad que me daba mi nueva vida.

Viví solo en el piso desocupado de un viejo imbécil al que le di su sentencia de muerte en propia mano. Fue fácil. Tan sólo tuve que apretar el gatillo y disparar dos veces con un silenciador casero, un almohadón. Las casas de acogida no eran lo mío, no me gustaba compartir mis cosas con otros por escasas que fueran.

Mi alimentación comenzó a basarse en comidas precocinadas, restaurantes de comida rápida y alcohol. Siempre usaba el alcohol y el tabaco para evadirme, jamás drogas porque no era gilipollas y sabía que eso podía matarme… y por extraño que parezca tenía cierto aprecio a respirar cada mañana.

Una noche salí de casa bajo un tremendo aguacero. Tenía hambre y sed. Más bien tenía sed, quería olvidarme de mi nombre y todo lo que me rodeaba. Salí lejos del barrio, aunque no demasiado. Estaba en la estación principal del metro de la ciudad. Allí parado vi a un tipo que parecía rico, de esos que vienen a la ciudad por puro negocio y tal vez para una escapada lejos de su decente y orgullosa familia. Sin embargo, me equivocaba.

Pasé junto a él en el andén e hice como si me tropezara, él me tomó de los hombros y sonrió. Esa sonrisa me dio escalofríos. Sus ojos parecían fríos pero intensos, una intensidad glaciar que me dejó paralizado.

-Un Oliver Twist.-sonrió inclinándose levemente.-¿Me ibas a robar? ¿No sabes que no debes interponerte ante los demonios?-susurró tomándome del mentón.-Tienes mi edad ¿cierto?

-¡¿Qué?!-caí hacia atrás y eché a correr mientras él reía bajo tomando de la mano de su acompañante, lo que supuse era una niña.

Tenía veintitrés años y jamás había tenido miedo hasta ese momento. Un miedo como aquel que corroía mis venas. No dormí, no pude pegar ojo en toda la noche, y caí rendido al filo de los primeros rayos del día. Al despertar él estaba ahí con aquel elegante traje italiano y esa sonrisa de expresión dulce, muy distinta a la que me regaló en el andén.

-Bonjour mon amie.-susurró señalándome una bandeja con tostadas y café recién hecho.-¿Desea desayunar conmigo? Creo que podría ofrecerle un negocio interesante, mucho mejor que robar en andenes expuesto a que le tiren a las vías.

-¿Cómo coño entró?-interrogué confuso.-¿Cómo dio conmigo?

-Shhh… todo a su debido tiempo mon amie… todo a su debido tiempo.

Así es como comencé a ser uno de sus hombres en los barrios bajos de Tokyo. Al principio pensé que era francés, pero luego tras aquella amena conversación – por llamarla de alguna forma – descubrí que era mestizo y un talentoso pianista. Él me ayudó a canalizar mi furia en el gimnasio, con la batería y también con misiones de alto riesgo. Se hizo mi amigo, mi guía, y sus virtudes estaban por encima de su lado oscuro, el cual no volvió a mostrar en mi contra tras años después.
Cinco años después tuvimos una cita en un museo de arte moderno. Él me mostraba las obras de cada sala, cada artista como si realmente los conociera y pudiera componer odas gracias al virtuosismo de sus pinceles. Al llegar a la última allí había un hombre que parecía un niño, estaba sentado sobre uno de los bancos que había para sentarse y contemplar.

-Teru te presento a tu nuevo y único compañero, al cual pertenecerás como subordinado.-dijo antes de girarse hacia mí.-Teru es un joven que he adiestrado al igual que a ti, ambos sois excepcionales y he recomendado a Yoshiki que os deje jugar a solas a los agentes secretos.

Yoshiki era el acompañante del andén, era un niño prácticamente y acababa de hacerse con el poder de toda la organización. Éramos unas de las ramas más extendidas en todo Japón y Asia, en general, y que teníamos sedes importantes en España, Francia y Brasil. Éramos más que una red de narcotráfico, tráfico de armas y asesinos a sueldo… éramos una familia extensa y fuerte con lazos en Italia.

-Es un placer.-dijo extendiendo su mano hacia mí con la misma elegancia y pose que Kamijo, que nuestro maestro.

-El placer es mío.-respondí quedándome confuso.

Jamás me había fijado en un hombre de esa forma, pero no fue el único. Él fue el primero, el más especial y del cual me enamoré. Hace tres años me concedió estar con él, pero como siempre yo fallé y terminaron separándonos de forma brusca. Kamijo no paraba de repetir que por mi culpa estuvo a punto de perder a Teru, que era algo que jamás me perdonaría y que era un insensato. Me envió a Estados Unidos, donde había estado un par de años atrás, y a él no lo sé… sólo sé que hasta hace unos días no supe donde se encontraba.

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Derechos de Autor y Licencia

Safe Creative #0906284062744
muerte por vida
un precio caro
pero habitual
somos animales
somos todos animales
hijos de un dios
hijos de las sombras
hijos de la eternidad
no podemos renegar
no podemos olvidar
incluso lucifer fue engendrado por él
la concepción que él nos ha dado
nos ha hecho ser como somos
por eso matamos
porque está en nuestra naturaleza
¿somos tan terribles?
¿más que un asesino despiadado?
¿más que un dictador?
¿más que un hombre que enseña a su hijo a matar avecillas?

...

no somos monstruos
simplemente sobrevivimos...
con tu sangre
con tu alma
pero es supervivencia.

aqui gana el más fuerte

Sueños - AWR


sueño profundo y doloroso... sueño de sangre y noche
sueño contínuo en lo eterno...
sintiéndote navegar en eter...
un eter que se vuelve fangoso... rojizo... sublime
¡Sangre!... sólo sangre... cálida y fresca... deslumbrante
nube vamporosa con aroma a mujer...
la primera víctima de la noche... la elegida.
tacones lejanos con contoneo de caderas carismático...
para luego escuchar un grito de terror...
y luego...
y luego... NADA

Dama Sombría

Dama de las sombras
mujer de corte oscura
tú vienes a cortar el último hilo de vida
el último aliento..
cruel dama nocturna
cruel mujer...
que viene junto a la muerte, de la mano
señora que sonríe... que se jacta de mi destino
mientras la calavera señala mi destino... un foso... un lugar junto a la tierra y sus gusanos.
hoy yaceré muerto al despuntar alba
hoy... habrá acabado mi andanza por la tierra
hoy descansaran mis huesos, pero no mi alma.
Si bien... cruel aunque hermosa
desfilaras con la muerte, danzarás con ella, y la luz del día disipará tu figura.
tal vez lloren por mí, canten salmos y las campanas repiquen...
como tal vez termine como Paganini... en un carro... esperando sepulcro durante años.
danza y ríete de mi miseria
hija de la noche
mujer que no da tregua...
capa oscura y pesada, fúnebre sombra
que engalana el manto de la muerte.

somos idiotas afortunados

La vida cae... en una persona... el telón cae

cae pero otra empieza

empieza en un mundo rojo.... teñido por la sangre

con el ruido del tañir de las campanas de una muerte que yace en el campo santo del olvido...

un mundo donde los esperanzados son pocos...

y los diablos sin rumbo muchos

somos diablos

pobres almas

desamparados

odiados hombres de paja

que añaden a la historia... a la historia del día a día...

historia que despreciamos y amamos por igual

somos idiotas

que no agradecemos lo que tenemos

que detestamos el suelo que pisamos

pero cuando van a levantar la hoz para que espiremos... gritamos, lloramos y rogamos.

somos afortunados

y no nos damos cuenta

que esos pequeños baches

que esas soledades

y esos silencios sin sustancia

son la savia de algo grande

es la sangre de la mortalidad

y de la inmortalidad en si misma.