Y renaceré como el cuervo, te encontraré tras la muerte, para atraparte entre mis garras y destrozar tu cuerpo con mi frenético deseo. Regresaré para amarte.

martes, 2 de febrero de 2010

Siempre ellaII

Un trago tras otro, una canción repetitiva machacaba mis pocas neuronas y mis ojos estaban fijos en el espejo enmarañado que estaba tras el barman. Llevaba la séptima. Un triunfo para muchos sobrevivir a tanto alcohol, para otros es lo típico de cada noche. Al final caí sobre la barra, recostado observando a los demás que se entretenían con las tragaperras.

Idiotas, ilusos sin remedio, creían que en el ruido de las campanas les daría la gloria. El dinero no lo es todo. Pero todos matábamos por un billete en la cartera al llegar fin de mes. Pero yo estaba por tirarme al contenedor de la basura, así estaría en mi hogar y no me sentiría tan fuera de lugar.

Entonces, cuando más ebrio estaba, creí ver como entraba en el bar y caminaba hacia mí. Ella. Era ella. Pude sentir sus manos frías sobre mi rostro, como echaba hacia atrás mi flequillo y sonreía. Mi vista estaba borrosa, pero puedo jurar que era ella. Sus labios se pegaron a los míos, y los míos rogaban no separarse de los suyos.

-Tú.-dije en un balbuceo.-Tú.-repetí incrédulo notando su boca sobre mi cuello.-Princesa.-jadeé aturdido como si me faltara el aire.

Su única respuesta fue una simple sonrisa. Echaba de menos ver esa boca dulce y apetecible. Quise besarla de nuevo, abrazarla sintiendo su cuerpo y su piel suave, pero me desplomé perdiendo la consciencia.

Me desperté horas después, porque el dueño del bar comenzó a barrer echando toda la porquería hacia donde me encontraba. Entreabrí los ojos y él me dio con la escoba en la cara, además un golpe en el pecho. Lo miré aturdido y él tan sólo gruñó algo inentendible entre sus labios de amargado pusilánime.

-¿Y ella?-comenté levantándome del suelo, buscándola con la mirada.

-¿Quién?-preguntó apoyándose en una de las mesas mientras pasaba un paño que apestaba a vómito.

-Mi chica.-respondí seguro de que la había visto, de que era real.

-Sí claro, si tuvieras chica no estarías aquí tirado en el suelo.

-

Me marché a casa, o más bien me echaron del bar. Caminé durante una hora por el barrio observando la noche, siendo el infierno helado que caía sobre mi cuerpo calando mis huesos. La humedad del ambiente me despejaría, pero seguía siendo un alcohólico empedernido que deseaba olvidar y no podía.

Ese es el castigo del ser humano, que no se puede olvidar nada de lo que hacemos. Es la mayor putada, los recuerdos. Sé que hay millones de personas en el mundo que pierden la memoria, que desean recuperarla, y se esfuerzan por un poco de luz en su oscuridad. Pero yo en ese momento deseaba que me tragara ese oscuro túnel, que me dejara allí y me regalara ese alivio eterno.

Pensé que me estaba volviendo loco, que para olvidar necesitaba alejarme de todo lo suyo. Ya era hora que empaquetara su ropa, sus peluches, sus libros de canciones, su guitarra... que la metiera en cajas de cartón y la olvidara. Ella se había reducido a recuerdos y objetos prácticamente inútiles, como todos cuando nos desvanecemos.

Esa misma madrugada la pasé empaquetando todo. Calle abajo de mi vivienda había una tienda de electrodomésticos, frente al negocio un contenedor de reciclaje de cartón. Conseguí cajas de sobra para guardarla, para recoger mis tesoros y apartarlos de una vez. Estaba resacoso, cualquier golpe se multiplicaba por mil como un eco doloso. No podía dejar de llorar, sobretodo cuando agarré una de las camisetas que usaba para dormir. Aún podía sentir su cuerpo bajo la tela, su cintura fina, mientras rogaba un poco de atención.

-Hoy se acaba el cuento de hadas.-susurré antes de empezar a pegar las solapas de las cajas.

-

Guardé todo en uno de los armarios y puse un candado. La llave del candado la tiré por el retrete. Me daba pena tirar todo a la basura. Reconozco que soy un sentimental y no pude donar sus cosas. Creo que seguía mi subconsciente gritándome que ella volvería, que estaba viva. Esa mañana llamé al agente de policía que llevaba el caso, pregunté si había algo nuevo y su respuesta fue la de siempre.

Uno jamás pierde la esperanza. Versa en un viejo refrán que la esperanza es lo último que se pierde. Yo añadiría que la esperanza jamás se pierde porque antes viene la locura y te nubla la razón. Yo la había perdido el mismo día que noté su lado de la cama vacío.

No dejó ni una nota y ni una pista. Su caso se dio como desaparición. Me investigaron, me trataron como posible culpable y después hablaron de una huida. Más tarde se dieron cuenta que simplemente había sido borrada. Aún hoy día me pregunto porqué no me tomaron en serio antes... pero tomar en serio a un veinteañero idealista es difícil, por no decir imposible.

Los días, como aquel, pasaron y los sueños me arrebatan el poco contacto con la realidad. Cada noche me visitaba. Podía notar sus labios pegarse a los míos, mis manos deslizarse por su espalda e incluso como sus uñas se enterraban en mi piel. Los arañazos estaban al día siguiente, pero ella no. Ella jamás estaba.

Mis días desocupados terminaron siendo ajetreados. Seguía sin oficio, nadie quería una estrella del rock venida a menos, pero empecé a ocuparlo buscando ayuda en profesionales de la mente. Queda bonito explicado así, sin embargo la forma cutre es más directa. Fui a un loquero y el loquero me dijo que era ansiedad, el deseo, una imaginación desbordante y sueños que notaba como reales.

Sinceramente, para esa mierda de respuesta pude haberme ahorrado la cola en la seguridad social y la espera para la cita del especialista.

-

Una noche bebí demasiado. Terminé tirado en el piso sin poder levantarme. Escuché sus botas, noté en el ambiente el aroma de su cigarro de cerezas, y pude verla. Ella sonreía, se carcajeaba, y estaba igual de atractiva que la primera vez que la vi. Yo sonreí de forma estúpida, seguro, hasta que terminé estallando en carcajadas. Me había vuelto loco, había perdido la cabeza.

-Y decías que eras mi caballero andante.-

-No tengo culpa que la princesa se fuera del reino.-respondí de forma amarga.

-La princesa ha vuelto.-

Se inclinó hacia delante y terminó arrodillándose junto a mí. Sus labios besaron los míos, para luego sentir que el mundo se desvanecía. Me asfixiaba, temblaba, mis ojos se quedaban vidriosos y finalmente renacía. Fue extraño y doloroso, pero juro que lo repetiría.

Desde esa noche camino junto a ella, esta vez sé que jamás se marchará. Siempre ella, siempre. Eternamente mía, eternamente mi princesa y yo el caballero oscuro que la escolta. Dos sombras, dos vampiros, jugando con la luz de la luna llena.

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Derechos de Autor y Licencia

Safe Creative #0906284062744
muerte por vida
un precio caro
pero habitual
somos animales
somos todos animales
hijos de un dios
hijos de las sombras
hijos de la eternidad
no podemos renegar
no podemos olvidar
incluso lucifer fue engendrado por él
la concepción que él nos ha dado
nos ha hecho ser como somos
por eso matamos
porque está en nuestra naturaleza
¿somos tan terribles?
¿más que un asesino despiadado?
¿más que un dictador?
¿más que un hombre que enseña a su hijo a matar avecillas?

...

no somos monstruos
simplemente sobrevivimos...
con tu sangre
con tu alma
pero es supervivencia.

aqui gana el más fuerte

Sueños - AWR


sueño profundo y doloroso... sueño de sangre y noche
sueño contínuo en lo eterno...
sintiéndote navegar en eter...
un eter que se vuelve fangoso... rojizo... sublime
¡Sangre!... sólo sangre... cálida y fresca... deslumbrante
nube vamporosa con aroma a mujer...
la primera víctima de la noche... la elegida.
tacones lejanos con contoneo de caderas carismático...
para luego escuchar un grito de terror...
y luego...
y luego... NADA

Dama Sombría

Dama de las sombras
mujer de corte oscura
tú vienes a cortar el último hilo de vida
el último aliento..
cruel dama nocturna
cruel mujer...
que viene junto a la muerte, de la mano
señora que sonríe... que se jacta de mi destino
mientras la calavera señala mi destino... un foso... un lugar junto a la tierra y sus gusanos.
hoy yaceré muerto al despuntar alba
hoy... habrá acabado mi andanza por la tierra
hoy descansaran mis huesos, pero no mi alma.
Si bien... cruel aunque hermosa
desfilaras con la muerte, danzarás con ella, y la luz del día disipará tu figura.
tal vez lloren por mí, canten salmos y las campanas repiquen...
como tal vez termine como Paganini... en un carro... esperando sepulcro durante años.
danza y ríete de mi miseria
hija de la noche
mujer que no da tregua...
capa oscura y pesada, fúnebre sombra
que engalana el manto de la muerte.

somos idiotas afortunados

La vida cae... en una persona... el telón cae

cae pero otra empieza

empieza en un mundo rojo.... teñido por la sangre

con el ruido del tañir de las campanas de una muerte que yace en el campo santo del olvido...

un mundo donde los esperanzados son pocos...

y los diablos sin rumbo muchos

somos diablos

pobres almas

desamparados

odiados hombres de paja

que añaden a la historia... a la historia del día a día...

historia que despreciamos y amamos por igual

somos idiotas

que no agradecemos lo que tenemos

que detestamos el suelo que pisamos

pero cuando van a levantar la hoz para que espiremos... gritamos, lloramos y rogamos.

somos afortunados

y no nos damos cuenta

que esos pequeños baches

que esas soledades

y esos silencios sin sustancia

son la savia de algo grande

es la sangre de la mortalidad

y de la inmortalidad en si misma.