Y renaceré como el cuervo, te encontraré tras la muerte, para atraparte entre mis garras y destrozar tu cuerpo con mi frenético deseo. Regresaré para amarte.

domingo, 31 de enero de 2010

Siempre ella


Éxtasis líquido de pensamientos corrosivos que iban y venían por mi cerebro. Sentía palpitar mi sien, me dolía la cabeza y todo me daba vueltas. No sé cuantos litros de alcohol golpeaban fuerte en mis riñones e hígado, matándolos lentamente, y tampoco recuerdo los cigarrillos que había fumado esa noche. Fumar y beber era lo que me mantenía ido, lo que me hacía olvidar y poder acallar las sombras.

En un papel tamaño cuartilla había escrito varias frases sueltas. Frases que ni recordaba, pero era mi letra y la reconocería entre un millón. Mi vieja olivetti estaba criando polvo en el armario donde guardada la ropa vieja, los tiestos que no usaba muy seguido y viejos recuerdos. Me levanté y abrí de par en par aquella ventana al pasado. A la altura de mis ojos había varias cajas de zapatos, lejos de contener botas viejas o deportivas, contenía fotografías de toda una vida.

Me senté en el suelo con varias cajas a mi alrededor, poco a poco fui abriéndolas y encontré en ellas sonrisas falsas con miradas amargas. Sonrisas que jamás valieron nada, junto a personas que importaron demasiado. Estiré mi mano hacia la mesilla de noche y agarré la pitillera. Creo que gruñí bien alto al ver que sólo me quedaba un cigarro, pero necesitaba más y más. Últimamente fumaba tres veces más que lo habitual. Parecía que la nicotina me daba fuerzas y alas.

Me coloqué el cigarrillo en los labios y lo encendí sonriendo de lado al ver una fotografía vieja, tan vieja como mi desgracia. La fotografía era mía en pose de guerrero invencible, de guerrero de aura oscura, y realmente era un mocoso con las botas viejas con demasiados aires.

-Quien me ha visto y quien me ve.-dije rascándome la cabeza antes de mirar la siguiente instantánea.-Tú.-susurré acariciando su imagen.-Tú.

Esa imagen era la de la única mujer que había amado, deseado y admirado más allá de algo fugaz.

Ella se marchó.

Me dejó a oscuras.

La luz de sus palabras no volvieron, y yo tuve que madurar solo.

Madurar solo es terrorífico, una experiencia que no deseo a nadie. Mis amigos se fueron apartando, todos buscaron otras metas y ella se olvidó de llamar. No llamó. No sé donde fue. Se esfumó como el humo de sus cigarrillos.

-Tú me dejaste.-susurré.-solo.-añadí encogiéndome en aquel suelo frío, sintiendo el mármol enfriar mis mejillas sudorosas y terminé aletargado.

En mis sueños apareció ella. Me demostraba que su huida de la ciudad fue precipitada, que buscó la salida a un mundo nuevo y encontró un desierto helado como el que yo viví durante años. Fría, sin sentimientos, y a oscuras. Yo era su luz, ella la mía, ambos éramos nuestras luciérnagas.

Se mostraba segura, pero frágil, y extendía una de sus manos hacia mí hasta palpar mi rostro. Sonreía de forma dulce aunque fuerte, era una mujer extraña y hecha de piezas distintas a las de un humano común. Ella sería inmortal, inmortal. Estaba destinada a ser inmortal.

Todo el mundo pensaba que estaba loco, que esa chica seguro que estaba muerta. Nadie desaparece sin más diez años, nadie. Desapareció sin dejar pista alguna, sin tarjetas ni dinero. Simplemente desapareció, a pesar de haberme prometido estar junto a mí hasta que llegáramos a ser unos viejos engreídos.

Me desperté clamando su nombre. Me desperté como aquella noche, empapado en sudor y solo. La fotografía aún estaba atrapada entre la punta de mis dedos, como si mi mano rogara atrapar esa instantánea como la nueva estampilla a la que rezar el rosario. Al final terminé arrojándola en la caja, allí donde se acumulaban muchas otras.

Varias de las imágenes era de ambos. Besos fogosos del primer amor, del amor que realmente sientes y que no es una confusión estúpida de adolescentes. Su sonrisa junto a la mía, su mejilla pegada a la mía... ella siendo mía, siendo parte de mí y yo siendo parte de ella. Esas imágenes hicieron que estallara en rabia. Una rabia indestructible. Rabia por no tenerla, rabia por imaginarla con otro y rabia al pensar que no volvería.

Durante años guardé sus ropas junto a la mía. Durante demasiados años. Jamás tiré su taza favorita, ni las anotaciones del frigorífico y mucho menos los pequeños botes de colonias de propaganda. No tiré nada de ella. No lo hice porque me engañaba y me decía que volvería. Ella tenía que volver. ¡Diablos! ¡Tenía que hacerlo!

Me levanté del suelo antes de caer de nuevo a él, de rodillas, llorando mientras rodeaba mi propio cuerpo. Una caída tras otra, esa fue mi vida. Decadencia pura que propiciaban mis malos hábitos y mis ganas de olvidar. Pero tras tantos años sé que el whisky barato no borran sus caricias de mi piel, tampoco sus palabras y mucho menos mis esperanzas. El whisky barato sólo mata mis órganos.

-Princesa.-gimoteé notando el sabor salado de mis lágrimas.-¿Por qué no vuelves? ¿Por qué no regresas?-dije a la nada antes de levantarme e intentar recoger todo antes de ir al bar.

Era rutina. Todas las noches me iba al tugurio que había cerca, un lugar donde sanidad no pisaba sus pulcros pies desde hacía años. Siempre hay una manzana podrida y esa manzana se puede sobornar. Los sobornos funcionan, aún más si el dueño del local es el marido de tu prima.

Allí iban fulanos sin alma, chulos decadentes, prostitutas, gallitos de corral y egocéntricos sin futuro. Yo era una mezcla de los primeros y los últimos. Una leyenda viva en un tugurio casi mítico. Mi condena, mi tumba y mi parroquia.

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Derechos de Autor y Licencia

Safe Creative #0906284062744
muerte por vida
un precio caro
pero habitual
somos animales
somos todos animales
hijos de un dios
hijos de las sombras
hijos de la eternidad
no podemos renegar
no podemos olvidar
incluso lucifer fue engendrado por él
la concepción que él nos ha dado
nos ha hecho ser como somos
por eso matamos
porque está en nuestra naturaleza
¿somos tan terribles?
¿más que un asesino despiadado?
¿más que un dictador?
¿más que un hombre que enseña a su hijo a matar avecillas?

...

no somos monstruos
simplemente sobrevivimos...
con tu sangre
con tu alma
pero es supervivencia.

aqui gana el más fuerte

Sueños - AWR


sueño profundo y doloroso... sueño de sangre y noche
sueño contínuo en lo eterno...
sintiéndote navegar en eter...
un eter que se vuelve fangoso... rojizo... sublime
¡Sangre!... sólo sangre... cálida y fresca... deslumbrante
nube vamporosa con aroma a mujer...
la primera víctima de la noche... la elegida.
tacones lejanos con contoneo de caderas carismático...
para luego escuchar un grito de terror...
y luego...
y luego... NADA

Dama Sombría

Dama de las sombras
mujer de corte oscura
tú vienes a cortar el último hilo de vida
el último aliento..
cruel dama nocturna
cruel mujer...
que viene junto a la muerte, de la mano
señora que sonríe... que se jacta de mi destino
mientras la calavera señala mi destino... un foso... un lugar junto a la tierra y sus gusanos.
hoy yaceré muerto al despuntar alba
hoy... habrá acabado mi andanza por la tierra
hoy descansaran mis huesos, pero no mi alma.
Si bien... cruel aunque hermosa
desfilaras con la muerte, danzarás con ella, y la luz del día disipará tu figura.
tal vez lloren por mí, canten salmos y las campanas repiquen...
como tal vez termine como Paganini... en un carro... esperando sepulcro durante años.
danza y ríete de mi miseria
hija de la noche
mujer que no da tregua...
capa oscura y pesada, fúnebre sombra
que engalana el manto de la muerte.

somos idiotas afortunados

La vida cae... en una persona... el telón cae

cae pero otra empieza

empieza en un mundo rojo.... teñido por la sangre

con el ruido del tañir de las campanas de una muerte que yace en el campo santo del olvido...

un mundo donde los esperanzados son pocos...

y los diablos sin rumbo muchos

somos diablos

pobres almas

desamparados

odiados hombres de paja

que añaden a la historia... a la historia del día a día...

historia que despreciamos y amamos por igual

somos idiotas

que no agradecemos lo que tenemos

que detestamos el suelo que pisamos

pero cuando van a levantar la hoz para que espiremos... gritamos, lloramos y rogamos.

somos afortunados

y no nos damos cuenta

que esos pequeños baches

que esas soledades

y esos silencios sin sustancia

son la savia de algo grande

es la sangre de la mortalidad

y de la inmortalidad en si misma.