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Solo, amargado y solo
Tocando con la yema de los dedos lo que es la agonía de estar solo, del silencio por completo únicamente roto por mis pasos o por mi propia voz. Encerrado en mi habitación con las persianas echadas, la puerta con el cerrojo y la luz apagada. Quería estar solo. Necesitaba esa hiel de raíz amarga, estar jodido por el silencio y ser golpeado por él. Las paredes de mi habitación estaban cargadas de estanterías y estas de libros, además de viejos recuerdos.
Conecté mi reproductor, di a play, me puse los cascos y aquella melodía procedente del infierno-según muchos-retumbó destrozándome los tímpanos y sintiéndome al fin libre. Creo que en ese momento mis alas surgieron de detrás de mi espalda, alas negras y algunas grisáceas. Mis ojos se quedaron fijos en una fecha, mis labios se cerraron con violencia y apreté los puños antes de abrir la boca y soltar un alarido... creo que dolió, sí dolió un huevo sacar la libertad de detrás de las cadenas.
-La música te hace libre, te libera, como la literatura y el arte verdadero. El alma de un autor no se encierra, se deja al libre albedrío-
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