anesthesia by Lesta de la galería que tiene en Deviantart. La admiro ¡es la puta ama!
Los no-olvidados
La noche había empezado como siempre. Conseguí un par de cervezas gratis gracias a Lola. Lola era bastante extraña. No era rara por su pasado, sino por sus gustos. Me gustaba hablar con ella de cine gore, de sucesos extraños o paranormales. Sí, así era Lola. A veces me costaba llamarla por ese nombre y no por el real, Ricardo, pero ella hacía mucho que dejó de ser un hombre. Ella y su hermano gemelo tenían aquel bar de mala muerte, pero un bar que atraía a toda la calaña que amaba el rock y el metal.
-Espero que toqueis lo mejor que sabéis, sino os mando a tomar por culo.-
Comentó ella mientras se guardaba una buena propina en su prominente escote. Yo me reí a carcajadas, parecidas a las metalizadas de los crueles asesinos o monstruos de otros tiempos. Se quedó apoyada en la barra observando fijamente el escenario, donde subí y me apoderé del micro.
-¡Buenas cabrones!-
Todos aullaron y gritaron alzando los brazos, el espectáculo estaba a punto de comenzar.
-¡Red! ¡Red! ¡Red! ¡Red!-
Era lo único que se lograba escuchar entre aquella marabunta de greñudos adolescentes, de almas infames de vidas mutiladas por x o y motivo. Marginados de la sociedad o niños ricos escapados del calor del hogar en busca de algo más, algo que no se puede comprar con el dinero de la cuenta bancaria de sus padres.
-¡Red! ¡Red! ¡Red! ¡Red!-
Rojo, Red en inglés, era el nombre de la banda. Mi antigua banda se había ido por el desagüe, sus integrantes se habían alojado en otras bandas y similares. Aunque yo tenía mi propio local lo dejaba en manos de terceros para disfrutar de los bajos fondos, no muy lejos de mi guarida. Mi guarida era mi bar, un lugar de moda como el de Lola pero más próximo a las llamas del infierno.
-¡Vamos hijos de puta!-
Grité tras el estremecimiento de una de las guitarras. El aspecto de mis nuevos compañeros era similar al mio, si bien cada uno parecía distinto en su concepción. Y como siempre, ante mis fieles, empecé el salmo de cada noche, el tan esperado inicio de la celebración de un pequeño concierto.
-Una vez más...-
Susurré clavando mis ojos de color café de destellos ambarinos contra todos aquellos niñatos.
-¡Una más! ¡Mentiras y calumnias sobre mi persona! ¡Caen truenos de nubes oscuras! ¡Desgracias a mi alrededor! ¡Mil almas difuntas salen a mi encuentro!-
Gritaba, o más bien aullaba, mostrando mis dientes perfectos de color blanco inmaculado. Era un maldito bastardo de proporciones y belleza auténtica, según muchos. Lola decía que parecía cincelado por los propios ángeles porque incluso mi piel parecía perfecta, como de caro mármol. Deslumbraba bajo los focos porque yo tenía una luz propia e intensa, una luz oscura y abrumadora. Así habían llamado a mi alma, una luz cegadora. Todos me amaban, todos coreaban el nombre de Amaury.
-Danzan conmigo mientras río, lloro, canto y festejo.-
Dije en un susurro ronco.
-¡Aquí yace mi alma, en el rincón e los no-olvidados!-
Tras ese alarido todos botaron notando el gemido de otra de las guitarras, parecían rezos que se abrían paso desde el infierno. Como si algún alma se escapara de las ordas del mal para estremecerse junto a mis chicos.
-Cuanto más odio me tengas mejor me alimento... cuanto más me aborrezcas... más crezco.-
Era mi pequeña maldición. Nadie sabía bien su significado pero yo sí, y lo amaba.
-¡Yo soy el dios de la verdad!...¡Soy la plaga! ¡Yo soy la inmortalidad!-
Ese rugido era superior al de cualquier imbécil que empezaba, yo llevaba años cantando para librarme de la soledad.
-Dios oscuro...Dios de la sangre...Dios del rito macabro.-
Jadeé abriendo los brazos quedando en cruz y apunté con una mano al techo y con otra a un punto junto a mis botas, unas new rock nuevecitas.
-Yo soy.-susurré tomando aire.- Amaury William Rose.
Tras ello empezó el sonido de una de las canciones. Amaba mis letras tanto como me amaba a mi mismo. Había sido abandonado por los míos, había aniquilado a los de mi sangre, y me encontraba liberado de cualquier resquemor. Yo era un alma libre que buscaba nuevos retos y creo que ellos vinieron a mi encuentro.
El concierto se hizo corto, aunque fueron dos horas de buena cerveza de barril en mis venas y aullidos hasta destrozar los tímpanos de los presentes. ¡Joder! No recuerdo momentos mejores, salvo el maldito sexo. Pero hacía tiempo que el sexo no era nada, no tenía ese toque especial que te da uno asegurado cada noche. Tras terminar el repertorio varias chicas se acercaron a nosotros, yo elegí a una de ellas y la llevé al baño.
No tuve que hacer demasiado, ella misma se subió al lavabo y abrió sus piernas demostrándome lo fácil que era. No llevaba bragas, ni medias, simplemente aquella minifalda oscura. Me apoderé de su boca succionándola con intensidad, quería que notara como la dominaba. Me apoyé en el espejo con mi mano izquierda, la derecha fue directa a introducirme entre aquella rasurada vagina. Mis dedos ahondaban lentamente en ese delicioso calor que pronto sería mío, me apoderaría de él.
-¿Tienes condones?-
Preguntó ella dejándose morder el cuello.
-No, pero la máquina sí.-
Dije golpeando la máquina de condones y echó una cajetilla con una de esas gomas. Ni loco me metía entre las piernas de una grupie sin protección.
-Amaury fóllame ya.-
Gemía masturbándose ella mientras se desabotonaba la blusa oscura que llevaba, me mostraba sus buenos pechos y su piel caliente que comenzaba a tener una ligera película de sudor. No esperé demasiado, tan sólo colocármelo y meterla con ganas. Ella seguía gritando mi nombre aferrándose a mí como una desesperada.
Después del sexo nos pusimos la ropa y decidimos ir a dar unos tragos de tequila a la barra, pero no sé donde demonios se metió. La busqué por el local y no la encontraba. Había demasiada gentuza allí, apestaba a porros y a sudor además de tabaco. Algo o alguien me miraba desde un rincón, podía notar sus ojos clavados en mi melenuda nuca. No me giré, simplemente caminé hacia la puerta para refrescarme en aquella jodida noche de invierno.
-Es tu hora.-
Alguien me susurró cerca del oído, pero únicamente noté una corriente de aire más cálida que la que me rodeaba en plena madrugada. No sé porqué pero eché a correr calle abajo. Durante casi una hora corría y me escondía, pero esa voz me seguía como también la sensación de ser vigilado. Me sentía un jodido animal a punto de ser sacrificado. ¡Puta mierda! Jamás había tenido tanto miedo.
-Ruega por tu alma aunque no creas en Dios, muchacho.-
La sombra se aproximaba y ni las luces de las farolas le daban alcance. Era algo no humano, lo podía notar, y no era la primera vez que sentía algo así. Me giré y corrí hacia el final de la calle pero escogí la que no tenía salida. Las yemas de mis dedos, que ante habían desquiciado a esa chica, se desquiciaban ahora por intentar encontrar un hueco entre los ladrillos y poder escalar.
-¡No te acerques a mí! ¡Búscate a otro joder! ¡Yo sólo soy un perdedor! ¡Nadie te dará nada por mí!-
No me sentía un perdedor, pero sí era todo cierto lo que decía. Nadie daba un duro por mí, nadie que tuviera conciencia o inteligencia. Sabía que yo podía morir de sobredosis o simplemente quedar desquiciado en una cómoda celda acolchada.
-Eres el apropiado.-
Tras eso sentí que mi cuerpo se desvanecía, además de un dolor intenso en mi cuello. Me aferré a su chaqueta, pude notar que era un gabán de cuero. Mis ojos se entrecerraron aunque quería cerrarlos del todo, hundirme en la paz de aquel abrazo. Mis labios se quedaron resecos, cada vez más sedientos. Mi cabello perfecto estaba empapado de sudor, se enredaba en sus garras. Aquello era un vampiro, podía notar esos dientes como agujas en mi garganta y su lengua deleitándose con mi sangre. También podía percibir su fría piel, pero cada vez era más cálida y la mía más fría. Estaba muriendo a manos de una criatura que admiraba, una criatura de leyenda que yo representaba en mis conciertos. Curioso y jodido.
Me emputaba terminar así, terminar sin acariciar el jodido cielo de la fama y el sexo gratuito en jacuzzis inmensos. Ni mi cara ni mi culo estaría en la revista Rolling, ni en ninguna revista de rock con cierta repercusión mediática. No, a lo sumo acabaría en un diario de sucesos y seguro que miles de padres respirarían tranquilos... ya imaginaba el titular: El yonki de Amaury al final termina tieso tras su último viaje.
Pero no morí. Si hubiera muerto esta historia no hubiera sido contada.
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