Despierto y agonizando de dolor, por la falta de sangre y el entumecimiento, recorre las calles del cementerio cazando pequeños roedores al son de los grillos y la lechuza. Cuando llega a la verja del cementerio sacude la tierra de su capa y coloca mejor su sombrero… traspasa los hierros y desaparece.
Durante una eterna noche busca a su amada, la cual amó tanto en vida como en la muerte, cansado y con los pies doloridos… además de las suelas desgastadas de sus roídos zapatos… regresa a su tumba y llora lágrimas amargas.
Se da cada luna llena, cuando dan las doce en punto… al volver la tierra queda como si jamás hubiera sido movida, pero en el aire se escuchan sus quejidos y lamentos durante dos noches.
Desconoce que su amada murió y fue enterrada en el panteón del cementerio de la ciudad próxima. Fue un castigo, un castigo cruel para ella y para él. Ella hace lo mismo cada luna llena, busca a su amado durante horas y vuelve a la tierra. Ambos creen que han sido olvidados, pero realmente tan sólo es un maleficio que jamás será sellado.
Pero el amor les hace seguir vivos..
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