Estaba jodido y aterrado. Golpeaba las paredes en mi oscura y profunda soledad. Aullaba en las noches, hubiera luna llena o no, ya que mi dolor no era el de un lobo herido sino el de un hombre sin destino fijo. Era el lastre del mundo. Me estaba envenenando con el alcohol y ahogaba las penas, cuando estas no se disipaban yo tan sólo bebía un trago más para acallar mis neuronas activas. Llegaba a las tantas de la madrugada y me tiraba en la cama, vomitaba las lágrimas en la almohada y los gritos de mi madre retumbaban en mi cabeza. Estaba siendo como él, me iba a convertir en alguien despreciable y la soledad me ahogaba un poco más.
Encendía la computadora. Me ponía a descifrar los mensajes de una mente aturdida y terminada a concluir. No me gustaba mi vida, tampoco mi futuro. Terminar los estudios para ser oficinista. Al principio suena tentador. Te haces contable o administrativo de una gran compañía, cobras un sueldo medio-alto, consigues una vida digna y al final tienes que pagar todo en facturas. Facturas por la comida, por la ropa, por la casa, por el coche, por el nuevo ordenador… y si te casas con alguien que… al final ni conoces… facturas por la boda y a parte vendría las facturas del divorcio. Sí, porque seamos sinceros yo no era capaz de soportar a alguien más de seis meses. Ya para mí era duro aguantar un mes, aun más un año o dos… tal vez más… imposible.
Un día conecté mis auriculares al ordenador y pulsé play. Era un video que amo, que suele sacarme del trastorno social en el cual me veo inmerso. Mi madre no me conoce, mi familia… no recuerdo bien ni el nombre de mis primos. Yo y mi mundo se reducía a mis escritos, mi música, mis libros y el sonido de las teclas del ordenador.
~Romance~
En una habitación a oscuras, ropa oscura, alma oscura… y un dolor agudo en mi sien por culpa de las copas de más. Celebraba… ya no recuerdo que celebraba. En el grupo de clases yo era el raro, aquel que tenía pintas de golpearte o comerse crudo el corazón de cualquiera… pero que en realidad pasaba de todos y de todos, hasta que llegaba el momento de tirar una mesa y escupirles verdades a todos… a cada cual más hiriente y vengativa.
Una mala situación, una cruel relación, un amor tóxico, el aliento apestando a whisky y ron. Mis dedos tecleaban en busca de ese mágico tema. Quería saber cual era la traducción real, la mejor, y porqué me sentía tan atraído. Intentaba bajar el aliento con caramelos de café, mi madre rondaba despierta y me miró con resignación. Creo que siempre supo de mi problema de sociabilidad, pero jamás dijo nada al respecto de la conducta que tenía desde hacía dos años. Lo reconozco, en mala hora probé el ron o el whisky. Sin embargo, no importa. Ya no importa una mierda.
Como he dicho deambulaba y al final di con un blog. Sonreí al ver cuantas traducciones, un jodido y placentero paraíso. Era el paraíso con grandes letras bordadas en plateado en un fondo oscuro. Sí, era el jardín del edén. Amaba ese grupo, Buck Tick, desde hacía años pero jamás conseguía las traducciones con tan sólo un click. Tenía tantas que comencé a leerlas. Al final apagué el ordenador y me quedé dormido.
Creo que era octubre. Y también creo que recuerdo que celebraba. Volvía a clases.
Días más tardes di gracias por todo. Me olvidé un poco y luego volví a mis búsquedas. Noviembre quizás, tal vez. Entonces di contigo. Ya no eras letras, una persona amable que exponía su trabajo. No. Sino una chica amable que me hacía sonreír.
Ahora no bebo tanto porque tú me mostraste lo ridículo que me veía, no salgo tanto para poder encontrarte en medio de la red de redes, me relaciono algo más con aquellos que una vez me tendieron su mano y… bueno mi familia sigue siendo todo un misterio para mí o tal vez el misterio soy yo para ellos. Soy el único escritor, el único que estudió algo que ahora no le reporta nada y que vive con una ilusión distinta que la de todos ellos… saber más chismes de los demás no es lo que más me agrada.
Pero sigo con el mismo miedo que una vez te confesé: tengo miedo a ser como él, a terminar como él… a ser él.
Dicen que el amor mata
Yo digo que el amor… que eso que llaman amor no se puede definir y mucho menos decir que mata. Porque el amor que tú me has dado ha hecho que mi cuerpo se llene de tu calor.
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