Los recuerdos estaban tatuados en mi piel, como tus arañazos, pero eran más duraderos y peligrosos. Nadie me dijo que jugar al amor podía reportar tanto dolor, a la vez que satisfacciones. Mucho menos que tu sabor me iba a gustar más que el de los cigarrillos o el del buen vino.
Sentado en la playa, en este malecón alejado de la mano de dios, me sentía inseguro y desprotegido. Tal vez fue aquí donde dios quitó las alas a un ángel, y por ello el ser humano recurre a lugares como este para rezar por su alma. Los pecados que soporta la mía son tan pesados que siempre arrastro los pies. He venido durante todo el recorrido por la costa arrastrándolos, sintiendo la arena caliente bajo la planta y las yemas de mis dedos.
En mis labios estaba el último cigarrillo de mi cartón de tabaco. Hoy creo que he fumado más que otros días. Mi maleta está cerrada y arrojada de cualquier forma cerca de la orilla, y yo sobre ella. Dios, deseaba que vieras la paleta de colores que yo estaba viendo. Un sol que muere y da paso a la noche. Sentía el aire salado en mi cara mientras dejaba ir lentamente la nicotina.
Realmente no sé que hacía aquí recordándote.
No sé que vine a buscar a un lugar como este.
¿Absolución? Creía que si tú no pudiste perdonarme, tampoco lo hará ese Dios al que todos rezan en distintas lenguas y con distintos nombres. ¿Haría caso a un pecador que en realidad no se arrepiente del pecado de haberte poseído? ¿Realmente te tuve?
Y entonces… tu llamada…
Todo cambia…
Mi corazón palpitaba y tu voz hacía que dejara de ser una figura en la lejanía, para ser un punto en el infinito.
-Vuelve.-
Eso es lo único que dijiste.
-Regresa.-
Era la confirmación a tus deseos.
-Te amo.-
Mi respuesta más sincera, la primera vez que lo digo en años y es todo para ti.
Has perdonado mi tozudez, me has dejado ser caprichoso y egoísta como cualquier chiquillo, y me has regalado el amor más puro.
Ahora el mar me parece diminuto, hermoso pero minúsculo charco.
-Desearía que estuvieras aquí, princesa.-
Susurraba escuchando únicamente tu respiración.
-No tienes porqué volver, pues yo estoy aqui.-
Escuchaba doble tu voz, para luego notar tu mano sobre mi hombro y tu sonrisa deslumbrándome. Todos mis sueños se han hecho realidad, mis deseos son palpables. ¿Será que Dios también ama a los demonios como yo?
Nos besamos, nos abrazamos y terminamos sentados sobre mi maleta. Noto tu perfume pegarse a mi traje, a mi piel y mi mano se pierde entre los mechones negros de tus cabellos. ¿Esto es lo que Dios sintió cuando creó el mundo?
Pues ahora mismo siento una calma completa y no me importa lo que pueda suceder. Tenemos un extenso futuro… para equivocarnos y volvernos a encontrar. Pero ahora… disfrutemos uno del otro.
¿Realmente te tengo? ¿O es otro espejismo? ¿Tengo que volver a la realidad de mi cama vacía? No, quiero seguir soñando… soñando que tú siempre estás a mi lado y no sólo con tu alma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario