Y renaceré como el cuervo, te encontraré tras la muerte, para atraparte entre mis garras y destrozar tu cuerpo con mi frenético deseo. Regresaré para amarte.

miércoles, 2 de mayo de 2012

El bello París


Mis pasos se movían rápidos a la par que elegantes por las calles engalanadas de París. Los negocios más llamativos y controvertidos parecían llamarme de forma tentadora. Las mujeres más exuberantes con los perfumes más delicados sobre sus escotes, sus miradas llenas de lujuria contenida y esa sonrisa deliciosa parecían tentarme desde el interior de aquellos cabaret. Conocía a varias deliciosas damiselas que habían coqueteado conmigo noches atrás, las perseguía con la malsana intención de adueñarme de su vida en medio del fogoso frenesí del sexo. Sus cálidas pieles se pegaban a mi cuerpo de mármol y sus besos en mi cuello eran deliciosas ofrendas al descaro. Pero por supuesto, existía quienes sólo veían en ellas lo vulgar y el mayor ejemplo de ese tipo de ciegos era Louis. Para él sólo eran putas, rameras cualquiera dispuestas a ofrecerse con facilidad.

-Bonsoir monsieur.-susurró uno de los guardias de la puerta de acceso al fastuoso Molino Rojo.-¿Tiene invitación? Esta noche es especial, dentro sólo pueden estar hombres cuyo prestigio pueda ser puesto en entredicho. Sólo caballeros con cierto poder, ¿comprende?

-Oui.-dije sacando de mi bolsillo una carta aromatizada de una de las chicas.-Poseo invitación.

-¡Lestat!-escuché su estridente voz llena de rabia, una rabia deliciosa aunque le hacía parecer un muchacho molesto porque no lo habían invitado al baile.

-Oui?-susurré girándome con una encantadora sonrisa serena que se convirtió rápidamente en carcajada. Me había tomado por las solapas agitándome como si fuera una maraca. Realmente estaba molesto por mi actitud.-¿Qué deseas? ¿A caso estás molesto porque no te invitaron?

-¡Sabes bien la causa de mi molestia!-gritó aún más molesto que antes.-¿Dónde crees que vas?

-Dentro.-dije colocando mis manos sobre las suyas.-Necesito que me complazcan más allá del vulgar bistec de cada noche, el cual se vuelve correoso si no añado un poco de picante. Y, querido, ellas son el picante.

-¡El picante! ¡Sólo a ti se te ocurriría calificarla con semejante apelativo!-gritaba como mujer molesta porque su esposo le había dejado para ver un partido de fútbol.

-¿Ocurre algo señor? ¿Desea que llame a la seguridad?-preguntó el hombre que estaba a mis espaldas mientras yo me carcajeaba, Louis parecía estar dispuesto a golpearme hasta hacerme perder la conciencia.

-No, para nada. Mi amante parece molesto hoy, tal vez no deba entrar o quizás sí.-dije logrando apartar sus manos de mi caro traje, el cual ya había quedado arruinado.-Maldita sea, Louis.-gruñí ofendido mientras acomodaba mis solapas.-¿Se puede saber en qué piensas?

-¿En qué piensas tú?-dijo sobrecogido, la voz ahora era como hielo quebradizo. Sabía que estaba a punto de romper en llanto.-¿No ves lo que haces? Juegas con mis sentimientos, vas y vienes cuando quieres y yo estoy harto. Estoy planteándome dejarte con tus historias de sexo en cualquier esquina, con cualquier mujerzuela o furcia que te la endurezca mejor que yo. Lo estoy planteando seriamente.-dos escandalosas lágrimas sanguinolentas surgieron de sus ojos en dirección a sus labios fruncidos en un puchero.

-Por el amor de Dios, Louis.-dije hastiado por esa tonta escena de celos que se marcaba frente a mí, la cual era de lo más excitante aunque lo negara.-¿A caso no aprendes? Por mucho que digas nada haces, vienes a mí si chasqueo los dedos y olvidas cualquier roce que halla tenido mi bragueta.-me acerqué a él acariciando sus mejillas, las cuales ardían por la furia. El resto era un muñeco de mármol blanco esperando cobrar vida, salvo por esos ojos de un color verde tan intenso.-¿Quién te hará el amor mejor que yo? Nadie. Nadie sabe lo que tú ansías, porque nadie te comprende salvo yo. Todos estos arrebatos de celos no son otra cosa que llamadas de atención, las cuales puedo llegar a comprender hasta cierto límite.-mis pulgares extendían la sangre roja de sus lágrimas por sus mejillas hasta su mentón.-¿Por qué no gastas mejor tus energías en demostrarme que el sexo contigo aún posee cierto interés y magnetismo?-hundí mi pulgar derecho en sus suaves y jugosos labios, los cuales no dudaron ni un segundo en succionar el dedo mientras me miraba intentando que mi sangre hibiera.

-¿Señor usará su invitación?-aquella molesta voz de aquel inútil seguía interrumpiéndonos.

-No, creo que esta noche me divertiré torturando a un colérico amante.-murmuré riendo bajo.-¿Tan necesitado estás? Sólo hace cinco noches que no te toco.

Aparté mis manos de él, pero las suyas se fueron a mis hombros. Su cabeza quedó apoyada en el centro de mi torso mientras lloraba. Mi traje ya era un amasijo de arrugas y restos de su llanto. Mis manos fueron a sus cabellos negros, tan sedosos como el primer momento en el cual nos cruzamos, aspiré su aroma sonriendo como un maldito canalla. Olía a desesperación, algo que siempre me atraía de él pese al amor que le profesaba en silencio.

-Louis, eres un estúpido.

-Realmente un día vas a perderme, me cansaré de mis miedos y me iré.-respondió aún bastante molesto.

-Mi apreciado amigo y amante.-susurré tomándolo de los hombros para poder contemplarle fijamente a los ojos, deleitándome de esa forma de aquel rostro bañado en lágrimas.-Lo dudo.

No dejaría que así fuera, aunque tenía una pose de malnacido ofreciéndose a ser el rey de los infiernos para él, jamás permitiría que lo hiciera. No tenía seguro que permaneciera a mi lado, sin embargo tenía tácticas que podían hacerle regresar como si su mundo fuera únicamente el mío.

-Vamos, te llevaré a un hotel cercano para que descanses y recapacites tus malos modales.-susurré tomándolo por la cintura, mientras él parecía quedar pensativo.

-En ocasiones pienso que únicamente haces todo esto para molestarme. Parece una necesidad insana de hacerme sufrir sin medida alguna y como únicamente tú sabes hacer.-comentó.

-Oh, no lo sé.-dije encogiéndome de hombros, pues era evidente que mi juego era provocarle para después calmar sus celos con algunas palabras aún más envenenadas.

Nuestros pasos no nos condujeron a un hotel como le había asegurado, ya que nuestra mansión en París estaba al otro lado de la ciudad y no deseaba malgastar mi tiempo llevándolo hasta allá. Quería ahorrar cada segundo y llevar a cabo el plan que empezaba a marchar en mi mente.

-Lestat, no veo ningún hotel.-dijo intentando hallar por aquella estrecha calle algún luminoso que le diera cierta seguridad, sin embargo al hallarse con un puro entorpeciendo su paso tembló y esta vez de miedo hacia mis siguientes acciones.-Es un callejón sin salida, estás jugando conmigo.

-No.-susurré.-Es un hermoso hotel.-dije apoyando su torso contra el muro y dejando que el mío aplastara su espalda.-¿No ves la recepcionista que te sonríe?-dije sacando su cinturón.-Ahí viene el botones.-añadí antes de agarrarlo por las muñecas, puesto que comenzó a sentirse agitado negándose a mis caricias.

-¡Suelta! ¡Aquí sólo hay mugres y como mucho alguna rata muerta!-expresó molesto.

-Y la puta que voy ha tener esta noche, puesto que no me dejas otra elección. Si no puedo tener una tú lo serás, y no te importará el lugar o las condiciones de este. ¿Cuánto me amas Louis? ¿Me amas hasta el extremo de olvidar el pudor y ser eso para mí? Concédeme el deseo.-susurré dejando que mi aliento se pegara a su piel.-Házmelo saber.

-Te amo todo lo que tú no me amas a mí.-susurró lagrimeando otra vez.

Y aunque la primera vez me bastó con burlarme para olvidar la opresión que sentía en el pecho al escucharlo, esta vez no fue así. Me sentí un malnacido por hacerlo llorar con aquella rabia contenida. Sin embargo, desabroché sus pantalones introduciendo mi mano derecha dentro de su ajustada ropa interior.

-No seas idiota Louis.-dije besando su cuello.-Yo sí te amo, pero mi amor es tóxico y cruel.-susurré apoyando mi mentón sobre uno de sus hombros.-Nunca comprenderás hasta que punto lo hago.

No replicó a mis palabras pues la sensibilidad de su cuerpo comenzó a contarme una historia distinta, sus caderas se movían de forma suculenta rozándose de esa forma sus nalgas contra mi bragueta. Mi mano derecha agarraba su miembro ofreciéndole cierta presión sobre el inicio de este, la izquierda acariciaba su torso sobre aquella fina camisa de algodón blanco.

-Louis, no me llores.-murmuré al notar que temblaba nuevamente de rabia, completamente agitado, mientras el placer intentaba anular cualquier resistencia.-Aunque tus lágrimas me excitan.-susurré cerca de su oído izquierdo, lamiendo su cuello y mordiéndolo para enterrar en él mis puntiagudos colmillos.

En un acto salvaje le despojé de todas sus prendas arrebatándolas con fuertes tirones, los cuales prácticamente le hacían perder el equilibrio. Giré su rostro hacia mí, para luego hacerlo con su cuerpo al completo, mientras me recriminaba a mí mismo.

-¿Cómo no voy a llorar?-dijo aferrándose a mis hombros dejándose hacer, ya no tenía fuerzas para apartarme.-El hombre que amo me trata como una colilla y sin embargo no tengo la entereza de irme lejos.

-Ningún lugar será lo suficientemente lejos para que te escondas.-susurré besando su cuello mientras abría sus piernas, acomodándolo en una posición cómoda para ambos. Mis piernas quedaron entre las suyas permitiendo a mi rodilla derecha masajeaba su miembro.

Mi boca atrapó la suya antes de poder soltar algún reproche, permitiendo así a mi lengua enroscarse en la suya hundiéndome entre sus labios como un demente. Con cierta rapidez sobrehumana me deshice de mi cinturón y bajé la cremallera de mi pantalón, permitiendo de esa forma liberar mi miembro de la prisión de tela a la cual estaba sometido.

-Me has obligado tú, recuerda.-susurré cerca de sus labios introduciéndome con violencia en su interior.

Sus lágrimas le hacían parecer un mártir en brazos de un demonio, sin embargo apostaba que su interior se calentaba con cada una de mis arremetidas. En pocos minutos estaba aferrado a mí acariciando mis cabellos y prácticamente tirando de ellos. Enredó sus dedos en mis rizos dorados y su lengua deseaba adueñarse de mi boca. Me había obligado a condenarlo conmigo nuevamente, a provocarlo el placer desde el dolor. Mi miembro perforaba su interior impunemente.

-Lestat...

Comenzó a gemir de forma desatada, como si todo su cuerpo pudiera sentir la invasión que estaba sufriendo su duro trasero. Su aspecto era el de un hombre entregado al desenfreno, o quizás el de un beato amando a su Dios con fervor. Parecía rezar mientras destrozaba sus costados llenándolos de surcos a causa de mis arañazos, mi boca bebía de la suya y mis colmillos acabaron perforando sus labios para beber parte de su sangre. Notaba como sus brazos se aferraban a mi figura hasta que incluso sus manos se agarraron a mis nalgas para tirar de mí, tal vez buscando mayor profundidad de cada una de mis penetraciones.

-Louis, ¿quién es tu Dios?-dije entre jadeos mientras le contemplaba sumergido en el placer.

-Tú, tú eres mi único Dios.-murmuró desvergonzado y deseoso por sentirse completamente mío.

Enterré mi miembro por completo entre sus nalgas vaciándome, a la vez que él llegaba al orgasmo aprisionando mi miembro. Comencé a reír nada más salir de él al verlo tan entregado, aferrado a mi como colegiala de quince años recién descubriendo el amor. Acaricié sus cabellos azabaches y besé su frente perlada por gotas de sudor sanguinolento.

-¿Ves Louis? No hay furcia mejor en esta ciudad que aquella que duerme cada noche en mi lecho, la cual me tiene como su Dios particular y a la vez como su demonio.-susurré antes de besar sus labios, obligándole a perder el escaso aire que estaba acumulando en sus pulmones. Era un reflejo que manteníamos y que era inútil, aunque así lo buscábamos como él me buscaba a mi.



Dedicado a un buen amigo mío, el cual me está ayudando a mantener no-muerto a mi Lestat.

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Safe Creative #0906284062744
muerte por vida
un precio caro
pero habitual
somos animales
somos todos animales
hijos de un dios
hijos de las sombras
hijos de la eternidad
no podemos renegar
no podemos olvidar
incluso lucifer fue engendrado por él
la concepción que él nos ha dado
nos ha hecho ser como somos
por eso matamos
porque está en nuestra naturaleza
¿somos tan terribles?
¿más que un asesino despiadado?
¿más que un dictador?
¿más que un hombre que enseña a su hijo a matar avecillas?

...

no somos monstruos
simplemente sobrevivimos...
con tu sangre
con tu alma
pero es supervivencia.

aqui gana el más fuerte

Sueños - AWR


sueño profundo y doloroso... sueño de sangre y noche
sueño contínuo en lo eterno...
sintiéndote navegar en eter...
un eter que se vuelve fangoso... rojizo... sublime
¡Sangre!... sólo sangre... cálida y fresca... deslumbrante
nube vamporosa con aroma a mujer...
la primera víctima de la noche... la elegida.
tacones lejanos con contoneo de caderas carismático...
para luego escuchar un grito de terror...
y luego...
y luego... NADA

Dama Sombría

Dama de las sombras
mujer de corte oscura
tú vienes a cortar el último hilo de vida
el último aliento..
cruel dama nocturna
cruel mujer...
que viene junto a la muerte, de la mano
señora que sonríe... que se jacta de mi destino
mientras la calavera señala mi destino... un foso... un lugar junto a la tierra y sus gusanos.
hoy yaceré muerto al despuntar alba
hoy... habrá acabado mi andanza por la tierra
hoy descansaran mis huesos, pero no mi alma.
Si bien... cruel aunque hermosa
desfilaras con la muerte, danzarás con ella, y la luz del día disipará tu figura.
tal vez lloren por mí, canten salmos y las campanas repiquen...
como tal vez termine como Paganini... en un carro... esperando sepulcro durante años.
danza y ríete de mi miseria
hija de la noche
mujer que no da tregua...
capa oscura y pesada, fúnebre sombra
que engalana el manto de la muerte.

somos idiotas afortunados

La vida cae... en una persona... el telón cae

cae pero otra empieza

empieza en un mundo rojo.... teñido por la sangre

con el ruido del tañir de las campanas de una muerte que yace en el campo santo del olvido...

un mundo donde los esperanzados son pocos...

y los diablos sin rumbo muchos

somos diablos

pobres almas

desamparados

odiados hombres de paja

que añaden a la historia... a la historia del día a día...

historia que despreciamos y amamos por igual

somos idiotas

que no agradecemos lo que tenemos

que detestamos el suelo que pisamos

pero cuando van a levantar la hoz para que espiremos... gritamos, lloramos y rogamos.

somos afortunados

y no nos damos cuenta

que esos pequeños baches

que esas soledades

y esos silencios sin sustancia

son la savia de algo grande

es la sangre de la mortalidad

y de la inmortalidad en si misma.