-No sé que haría sin ti.-eso fue lo que dijo nada más ponernos a salvo.-Ha sido una locura por tu parte.
-Es mi trabajo.-respondo acariciando sus cabellos.
Es el momento oportuno, porque debo hacerle ver que es algo más que un compañero y un buen amigo. Mis labios se resecan, mis manos tiemblan y mi corazón late acelerado. No encuentro las palabras mil veces ensayadas, lo he hecho en el lavabo y frente al retrovisor del coche mientras le espero.
-Eres como un hermano para mí.-murmuró junto cuando iba a susurrar que le amaba.
Las lágrimas surgieron solas, aunque en estos momentos me mantengo sereno. La vista la alzo hacia el cielo estrellado, en busca de alguna fugaz para pedir un deseo. Sólo quiero que me ame de forma distinta, ser algo especial ante sus ojos, pero lo único que logro ver son nubes que se aproximan.
-Siempre me cuidas, me haces sonreír y todo eso no lo hace un escolta.-dijo aquello con tanta dulzura que no dudé en sonreír de forma amarga.-Nunca he tenido un amigo tan importante como tú, porque Kamijo no cuenta.
-¿Por qué no cuenta?-pregunté deseando tener una respuesta lógica, no algo que me doliera más que ese disparo.
-Porque aún me gusta, aunque no como antes.-ríe de forma estúpida.-Han pasado años y aún sigo como cuando lo conocí, soñando imposibles.-se quedó en silencio unos segundos y después rió de nuevo.-¡Soy un chico afortunado!-exclamó antes de abrazarme.-Tengo un enorme gigante que me cuida, al fin un hermano mayor.
-Yo te quiero.-susurró agotado.
-Claro, yo también.
Me aguanté las ganas de besar su boca, de apoderarme de ella y hacerle entender que era de forma distinta. Sin embargo, sigo tirado en el callejón intentando no pensar en mis dos heridas: la herida de bala y la que cruza mi pecho por culpa de su dulzura.
¿Algún día dejaré de ser su mejor amigo? ¿Me verá como hombre y no como hermano? Quererle en silencio duele tanto que, hubiera preferido que la bala diera de lleno en mi corazón.
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