Me saqué el sombrero y lo dejé en la barra, me senté frente al barman y sonreí de lado. Mi espeso bigote y mis cabellos sobre la cara me daba un aspecto de forajido, incluso podían haberse escuchado mis espuelas. La tipa se acercó y se pegó a mí dejando ver un poco más sus pechos, la verdad es que no importaba que tuviera en la cabeza sino lo que supiera hacer con su boca.
-Eres nuevo.-murmuró apoyando su cabeza en mi hombro.-No te había visto por aquí.
-Vengo de paso.-respondí mirando al camarero a los ojos.-Quiero un trago de whisky.
-Ahora mismo.-dijo dejando un vaso algo sucio sobre la barra para echar un whisky de una marca barata.
No importaba. Estaba lejos de casa, me había marchado y ya no sabía el regreso. Hacía años que no tenía un lugar al que llamar hogar, recorría el país de ciudad en ciudad y de cama en cama... Yo era el tipo que había desvirgado a hijas, había preñado a esposas y corrido con los pantalones bajados cuando me pillaba algún cornudo.
-¿Quieres llevarte un buen recuerdo?-susurró en mi oído agarrándome la entrepierna.
-No gracias, no quiero morir de sífilis a estas aturas del cuento.-respondí sonriendo de lado y apartándola de mí.
Se marchó rápido donde estaban esos dos idiotas y ponto empezaron a meterle mano... ¡como si a mi me importara! ¡Por mí que montaran una porno!
A un lado mía estaba un imbécil dormido y que apestaba a ron y whisky... y otros tantos jugaban al billar. No había nada más... faltaba algo... faltaba algo que echaba en falta y entonces miré con ojos asesinos al camarero.
-¿Dónde cojones está la música? ¿Dónde está el rock?
-El rock ha muerto amigo, hace años que lo enterramos y lloramos.-masculló pasando un trapo por la barra.
-No, el rock sigue vivo... sobretodo en tugurios de mala muerte... YO SOY EL ROCK
No hay comentarios:
Publicar un comentario