Días de sol, días que no volveran hasta que el infierno nevado desaparezca. Tal vez vuelva la primavera, todo volverá a la normalidad menos yo. Yo he cambiado, he empezado algo nuevo desde hace tiempo y me he dado cuenta que es imprescindible. Ya no más llantos, ya no más sufrimiento, aunque viva en una ciudad a tres grados bajo cero.
Camino por las heladas calles dejando que mi aliento haga señales humeantes. Lo hago despacio, con firmeza y con la cabeza llena de trinos de pájaros. La primavera no se ha ido, no se ha escapado, y yo vivo corpóreamente en el invierno más crudo de los últimos cincuenta años.
Cada día llueve, esto parece Londres, y en parte me agrada. Siempre me gustó el frío, la lluvia, las heladas, los truenos y relámpagos mientras observo el horizonte. Sí, siempre ha sido un jodido placer ver a la naturaleza vengarse poco a poco de las construcciones del hombre... de los impedimentos de este y de sus pocos recursos.
Y yo espero la primavera a pesar que me da alergia, quiero que llegue para que cerremos el círculo... para que veamos que estamos de nuevo en el inicio y dispuestos a seguir danzando jugando al amor con dados trucados... porque siempe ganaremos... porque siempre te querré a mi lado.
Me gustan las mañanas frías porque me gusta imaginarme a tu lado, acariciar tus cabellos y tu espalda mientras sonrío. Pero me duele, me sabe amargo, saber que estás lejos y que dentro de unos meses habrá pasado un año. Sin embargo, sigue siendo una luminosa primavera... a pesar que odio el sol cuando me da en la puta cara y me hace cerrar los ojos con cara de idiota... porque en primavera floreció nuestra flor de sakura.
I love you...
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