Y renaceré como el cuervo, te encontraré tras la muerte, para atraparte entre mis garras y destrozar tu cuerpo con mi frenético deseo. Regresaré para amarte.

domingo, 28 de junio de 2009

el nuevo peter pan

Los niños perdidos nacemos en épocas decadentes, en barrios marginales, en lugares donde la fantasía escasea y los único que sueñan son los borrachos de nuestros padres. El alcohol ahoga las penas y la impotencia de obreros que se quedan en la más absoluta ruina. No recuerdo ni un día de mi infancia que no estuviera marcado por la crueldad de mi progenitor y la evidente incapacidad de amar, sentir lástima o instinto materno de mi madre. Creo que no fui concedido por amor, sino por simple lujuria carnal de la que ambos se arrepintieron. No se soportaban y a la vez se necesitaban, ponían de excusa el pago de la vivienda y numerosas hipotecas de las cuales yo era la culpa, el causante, cuando únicamente tenía cinco años.

Creo que jamás tuve regalos de Navidad, no se celebraba en mi hogar pues no era un hogar cristiano y mucho menos creado para que yo fuera feliz. Mi madre se chutaba calmantes, era una drogadicta por mucho que dijera que era para tranquilizar sus nervios, también de los somníferos, adicta al tabaco y al alcohol. Incapaz por completo de darme un día bueno en mi estúpida existencia. Muchas veces me pregunté porqué no me tiraron a la cuneta, al crecer y estudiar algo sobre leyes me di cuenta de las ayudas fiscales a los desempleados que tenga a cargo algún bastardo… ahí entro en juego, me lo suponía, era tan sólo para las ayudas estatales y nada más. No tuve regalos en las festividades, tampoco en mi cumpleaños y mucho menos paga. Todo eso eran lujos y yo era un grano en su reverendo y asqueroso coño de matriz seca. No pudo tener más hijos, eso lo sé porque la higiene y la protección era lo menos evidente de mi madre.

Mi padre era un alcohólico, un bastardo cojo que no sabía vivir sin golpearme o humillarme. Con cinco años me hacía pis en la cama, lo reconozco, pero era del miedo que me acarreaba ver sus sucias manos tocándome. La primera vez me hizo quedar en shock varios días, tirado en la cama desnudo tal y como él me había dejado tras sus violentas envestidas. Nadie vino en mi ayuda, los vecinos hacían oídos sordos y se metían en sus asuntos, no en las de un mocoso. Sin embargo yo fui a la escuela, la escuela pública ya que era de ley o tendrían que incurrir en cuantiosas sanciones, además de la perdida de mi custodia.

Aprendí a leer con tan sólo cuatro años, era superdotado y ellos me tomaron como conejillos de indias. Me odiaban, me detestaban, sabía que era superior a ellos y eso les quemaba. Les quemaba tanto como sus colillas por mis brazos, zonas que siempre llevaba cubiertas. Mi mirada desde niño era melancolía e ira pura. En el colegio se burlaban de mi ropa, casi siempre iba con la misma ya que no teníamos recursos… para sus vicios sí, para mí nada. Comía poco, dormía menos y con catorce tropecé con mi ángel de la guarda.

Él tenía dieciocho, se llamaba Jorge, y él fue mi primer amor. Jamás se lo dije, me lo guardaba tontamente soñando que era él quien me arrancaba gemidos en mitad de la noche. Mi padre me llamaba puta, zorra, desgraciada rata rabiosa… y decía que se notaba que le había tomado el gusto a ser follado por él. Más bien simplemente pensaba en las manos gélidas de Jorge, un ser que parecía sacado de una obra literaria de las que me prestaba o me narraba. Quería ser profesor de literatura y yo aposté porque así lo sería, quería ser como él, incluso aprendí a tocar la guitarra y componía canciones para llamar su atención. Un día ocurrió algo que revolucionó mis hormonas de crío iluso, un beso cuando ambos estábamos presos del alcohol y de su euforia. Al día siguiente quería hablar con él de aquello, tenía quince años y mis expectativas de ser su pareja eran altas… muy altas. Era un puto enclenque queriendo tocar el paraíso, sin alas, sin permiso y con un billete al infierno. Ese día fue el peor de mi vida, pues me di cuenta porqué no debía soñar. Me presentó a su novia, una chica de pechos turgentes y voz chillona, rubia de bote y de mal gusto. La odié y más lo odié a él. Yo quería ser ella, deseaba ser agarrado por la cintura y que me mirara como a un dios o a un monarca. Yo y no esa maldita perra que solo sabía calentar su bragueta. Yo le amaba, ella se veía que tan sólo deseaba su moto, su coche, su físico y todo lo que puede ser superficial hasta límites vomitivos.

Decidí enamorarme de alguien que si me entendiera, meses después apareció un nuevo profesor y mis ilusiones afloraron. De nuevo en la cama gemía, suplicaba más, me volvía loco y arañaba al apestado que eyaculaba en mi interior. Me contenía de no decir su nombre, simplemente porque no era con él con quien estaba en mi mente. Carlos, mi profesor de literatura, y mi amante por unas horas en medio de una lluvia. Me dijo que si le necesitaba que fuera a verle, tras una gran golpiza aparecí como perro apaleado en medio de su departamento. Una cosa llevó a la otra y por primera vez fui tomado por puro placer. Su miembro entraba en mis entrañas arrebatándome la poca cordura. Quería ser su amante, quería ser su pareja y besar el suelo en el que pisaba…o quizás lamerlo si hacía falta.

Mis amigos mientras no sabían nada de lo que ocurría en casa o en mi mente. Tenía una banda de rock, nos iba bien porque teníamos pequeños conciertos y el dueño del bar donde trabajaba a veces nos dejaba tocar. Ninguno supo todo lo que sufrí durante tantos años, pero sí que mi rostro se dibujaba feliz cuando hablaba de aquel hombre. Durante una semana no parecía ser el mismo. Era alguien completamente nuevo, como un niño y reía. No reía de forma atronadora, sino que era una melodía risueña que aterraba quizás más que la otra. Me fui de casa a vivir con él, dijo que me daría cobijo y no se iría de mi lado. Todo se formó en mi cabeza, una nueva fantasía…él y yo juntos, unidos, para siempre.

Pero todo tiene su mala jugada, todo, aunque se diga que puede tenerse esperanzas. Mi padre se enteró de donde estaba y me juró matar al chulo que me follaba. Pensé en Carlos, en mí, en nuestro futuro y en todas esas ilusiones vacías de pompas de jabón. Entonces en mi mente retorcida por años de golpes, lágrimas y padecimientos elaboré un plan perfecto.

Compré una pistola a un camello, después le volé la tapa de los sesos y jamás podría decir a quién vendió el arma. Además, le robé toda la droga que tenía en su chabola de hojalata. Entré en mi casa y disparé a mi madre con el silenciador y un cartucho cargado, las demás balas fueron a la sien, pecho y testículos de mi padre. El primero fue en las pelotas, no volvería a dañar a nadie si salía vivo, el siguiente en la rodilla y ya el resto en la cabeza y una directa al corazón. Sabía manejar pistolas, tenía una desde hacía años y practicaba con ella a escondidas…pero… no era tan idiota para usar esa en mi asesinato. Después desperdigué la coca por la mesa, saqué las pruebas que realizaba mi padre a diversas empresas y por último agarré mis cosas en una maleta deportiva.

Quedé horas después con Carlos, quería verlo, abrazarlo y decirle que ya era libre de estar entregado a él y a nuestro futuro. Pero él me dijo que me confundía, que no me amaba y que todo fue fruto de la calentura de aquella noche. Que yo era un buen chico y encontraría a alguien. Claro que él nunca supo todo lo que di por él y todo lo que hubiera dado…

Volvimos a casa juntos y durante el camino intentó hacerme entrar en razón, pero de noche no dudé en tomar un cuchillo y abrirle la garganta. Tras tenerlo muerto lo besé durante horas, me toqué y llegué a la excitación más placentera. Su cuerpo se iba enfriando, tomando un color pálido y la sangre ya manchaba todo el colchón. Ambos desnudos, pero uno vivo y otro muerto. Le amaba, se quedaría conmigo y no dejaría que nadie me lo quitara. Sin embargo, días después empezó a oler…saltó la señal de alarma de que ninguno aparecíamos, el crimen de mis padres y todos creían que habíamos sido retenidos. No sé como lo hice pero lo descuarticé llorando, pidiéndole perdón por no poder estar más a su lado. Tras aquello bañé cada parte de su cuerpo, lo envolví en plásticos y lo metí en la misma bolsa de deporte con la que había salido de mi casa. En varios viajes llevé todo al coche y me puse en dirección al lago, allí hundí el vehículo y supongo que allí estará aún pues o quizás tras mi confesión lo habrán recuperado.

Durante varios meses hice mi vida normal, fui investigado por la policía pero nada más. No pensaron que yo era culpable, además lloraba por la perdida de mi novio y mis amigos dijeron que jamás hubiera sido capaz de tomar una pistola en mis manos. Que a pesar de ser del barrio que era, yo era un buen chico. Un alcohólico, un fumador de porros habitual, un adicto al cigarro… pero un buen chico.

Si bien mi deseo de matar era tan alto que necesitaba encontrar ratas y aplastarlas, destrozarles el cráneo con un bate de béisbol o simplemente pisarlas con mis botas. Pero me di cuenta de algo…los animales son más nobles que los propios humanos. Así que maté a un borracho, uno igual que mi padre y cometí un error. Comenzó mi declive y mi destrucción.

Ahora saben todo, pero no soy un asesino vulgar…soy Amaury William Rose… con un coeficiente intelectual de ciento cincuenta, una mente criminal en potencia y traumado desde que tenía conciencia de mi mismo. Me diagnosticaron bipolaridad, tendencias suicidas pues durante esos meses intenté matarme en varias ocasiones y Jorge fue el que me atrapó una noche en el propio balcón de su piso cuando me disponía a saltar al vacío. Añadiendo necrofilia, ninfomanía, sociopatía aguda y drogadicción.

Soy un niño perdido, aquel que una vez soñó con tener todo y solo tuvo retazos de sueños.

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Derechos de Autor y Licencia

Safe Creative #0906284062744
muerte por vida
un precio caro
pero habitual
somos animales
somos todos animales
hijos de un dios
hijos de las sombras
hijos de la eternidad
no podemos renegar
no podemos olvidar
incluso lucifer fue engendrado por él
la concepción que él nos ha dado
nos ha hecho ser como somos
por eso matamos
porque está en nuestra naturaleza
¿somos tan terribles?
¿más que un asesino despiadado?
¿más que un dictador?
¿más que un hombre que enseña a su hijo a matar avecillas?

...

no somos monstruos
simplemente sobrevivimos...
con tu sangre
con tu alma
pero es supervivencia.

aqui gana el más fuerte

Sueños - AWR


sueño profundo y doloroso... sueño de sangre y noche
sueño contínuo en lo eterno...
sintiéndote navegar en eter...
un eter que se vuelve fangoso... rojizo... sublime
¡Sangre!... sólo sangre... cálida y fresca... deslumbrante
nube vamporosa con aroma a mujer...
la primera víctima de la noche... la elegida.
tacones lejanos con contoneo de caderas carismático...
para luego escuchar un grito de terror...
y luego...
y luego... NADA

Dama Sombría

Dama de las sombras
mujer de corte oscura
tú vienes a cortar el último hilo de vida
el último aliento..
cruel dama nocturna
cruel mujer...
que viene junto a la muerte, de la mano
señora que sonríe... que se jacta de mi destino
mientras la calavera señala mi destino... un foso... un lugar junto a la tierra y sus gusanos.
hoy yaceré muerto al despuntar alba
hoy... habrá acabado mi andanza por la tierra
hoy descansaran mis huesos, pero no mi alma.
Si bien... cruel aunque hermosa
desfilaras con la muerte, danzarás con ella, y la luz del día disipará tu figura.
tal vez lloren por mí, canten salmos y las campanas repiquen...
como tal vez termine como Paganini... en un carro... esperando sepulcro durante años.
danza y ríete de mi miseria
hija de la noche
mujer que no da tregua...
capa oscura y pesada, fúnebre sombra
que engalana el manto de la muerte.

somos idiotas afortunados

La vida cae... en una persona... el telón cae

cae pero otra empieza

empieza en un mundo rojo.... teñido por la sangre

con el ruido del tañir de las campanas de una muerte que yace en el campo santo del olvido...

un mundo donde los esperanzados son pocos...

y los diablos sin rumbo muchos

somos diablos

pobres almas

desamparados

odiados hombres de paja

que añaden a la historia... a la historia del día a día...

historia que despreciamos y amamos por igual

somos idiotas

que no agradecemos lo que tenemos

que detestamos el suelo que pisamos

pero cuando van a levantar la hoz para que espiremos... gritamos, lloramos y rogamos.

somos afortunados

y no nos damos cuenta

que esos pequeños baches

que esas soledades

y esos silencios sin sustancia

son la savia de algo grande

es la sangre de la mortalidad

y de la inmortalidad en si misma.