Tengo grabado en la memoria cada insulto
Cada humillación
El dolor de mi novela hecha trocitos frente a mí, de una de las primeras.
En mis brazos ya no hay cicatrices, el labio ya no está roto y mis ojos ya no están hinchados.
Pero sigo llorando, sigo sufriendo, sigo sintiéndome una mierda. Sin embargo, el estercolero eres tú.
Me han contado que ya no tenéis tanta suerte, eso lo digo por todos vosotros.
Alberto me han contado que tuviste que abandonar tu carrera, cambiaste por otra más sencilla y también la dejaste. Ahora no tienes estudios, no sabes como guiar tu vida. tú me decías que yo nunca llegaría a nada, sin embargo tengo un titulo enmarcado en mi habitación
Antonio… una mole de dos metros que tenía brazos como piernas de grande. Musculoso, atlético y sin seso bajo el cráneo. Me golpeabas hasta quedar tranquilo, me escupías y llamaste a mi madre puta como lo hace un cobarde… de lejos y corriendo. Ibas para profesional del atletismo, pero ahora simplemente eres un tuercas cualquiera.
Y tú, no diré tu nombre, pero de los veinte que me hicieron daño eras el peor. Me quemaste el pelo, me golpeaste, me insultaste, me escupiste, me tiraste prácticamente por las escaleras… hace dos años, en verano como ahora, te capturó la policía y has dado con tus huesos en la cárcel. Según sé asaltabas pisos y chalet, robabas los coches y los incendiabas. Te compadezco, sé que tu madre te golpeaba y tu padrastro era un desgraciado. Pero nadie te dio derecho a joderme mi infancia.
Estos son tres de los casos de los que me hundieron. Tres de tantos que me quisieron muerto. Aquellos que me acorralaban en el baño mientras me limpiaba las lágrimas, esos que me escupían y me hacían correr aquella empinada cuesta hacia casa.
¿Recordáis cuando os golpeé con aquellas ramas de alcornoque?
¿Rememoráis en vuestra mente cuando tumbé a uno de vosotros y dejé su cara como un cromo?
¿Añoráis el momento aquel que os expulsaron del instituto tras una pelea conmigo? Sí, vinisteis entre varios y vosotros quedasteis peor que yo. Sin embargo, lo mío fue considerado defensa, lo vuestro pura violencia.
No perdonaré que me robarais uno de mis libros favoritos, aquel que no he vuelto a encontrar ejemplar.
Tampoco que me rompierais poemas, que lo plagiarais y sobretodo que dijerais en clase que eran vuestros.
No os odio, porque si os odiara tendría algún sentimiento hacia vosotros. No siento nada cuando os encuentro por la calle, quizás sí vosotros hacia mí. Soy el puto amo, me conocen en varios jodidos países por premios de literatura o porque han leído mis poemas con el acento argentino. Tengo huevos para ir con la cabeza bien alta, cosa que vosotros no podéis.
Antes os envidiaba, teníais padres y madres que os querían…además de amigos. Mi padre era un alcohólico que se gastaba todo en putas y drogas… no tenía hermanos, ni amigos, ni dinero para unas zapatillas caras… pero gané algo, orgullo y también aprendí a sobrevivir.
Es la ley del más fuerte.
Recordar cabrones… los hijos de puta no van al cielo, sino al infierno del karma donde se os pasa factura poco a poco de todo lo que habéis hecho. Seguro que yo tengo el mío, que me está dando bien duro y que me apuñala cuando soy feliz. Sin embargo, yo jamás estuve orgulloso de lo malo que he hecho. No lo mostré como trofeo.
Gracias a todos aquellos que fueron llamados paria por sonreírme, por leer mis poemas, por abrazarme cuando lloraba en un rincón de la clase, por aplaudir mis logros… gracias, aunque no sé dónde estáis. Son muchos los nombres, aunque infinitamente menos que aquellos que me hundieron hasta desear suicidarme más de dos jodidas veces.
Gracias a Laura, Leticia, Virginia, Jesús, Miguel, Helena, Vanesa, Jessica…
Unos más, otros menos, pero todos me hicisteis olvidar que era el paria para sentirme gratificado por una sonrisa. Muchos aún tendréis el recuerdo de aquel niño que enflacó hasta casi trasparentarse… ese que estuvo a punto de la anorexia. Si me vierais seguro que no me reconoceríais. Aunque yo os he visto en la calle, no he saludado por vergüenza ya que yo fui quien se alejó de vosotros. Soy así de puto. Antes cuando tomaba cariño me largaba en silencio, sin decir nada.
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